Cuando el Papa Juan Pablo II vino por primera vez España, los obispos dudaban del éxito de la visita. Desde entonces, por muy precipitada que sea la preparación de un viaje del Papa, todo el mundo sabe que la gente la desborda. Entonces, acababa de ganar el partido socialista en las urnas, la sociedad había cambiado y la Iglesia no había salido aún de las controversias post-Vaticano II. Juan Pablo II levantó tal entusiasmo que, una vez concluido el viaje, los obispos elaboraron el primer Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal. Así nació 'La visita del Papa y el servicio de la fe de nuestro pueblo (1983-1986)'. Desde entonces, cada cuatro años, aproximadamente, elaboran una hoja de ruta que sirve también para planificar los trabajos de la burocrática sede central. Esta semana acaban de colgar en la web el Plan de este nuevo período titulado 'Poneos en camino (Lc 10,3) Líneas pastorales de la Conferencia Episcopal Española (2026-2030)'. Con una indudable factura «Argüellana» estas Líneas, que pudieran ser modificadas por lo que pronto nos diga León XIV, se diferencian de las anteriores por el diagnóstico que presenta, con notable ideas de fondo más propias de un texto profundo análisis cultural. Por ejemplo, su afirmación, desarrollada posteriormente, de que «el progreso está en crisis». Parten del supuesto de que en España se ha pasado la época en la que decíamos: «Soy católico porque he nacido en España». «No podemos dar por supuesta la conversión cristiana; lo que supone, en positivo, una tarea de personalización de la fe». Reconocen que «en la sociedad española secularizada, el desafío de la Iglesia no es tanto el ateísmo, sino el hambre de Dios que se manifiesta de muy diversas maneras. Es importante un esfuerzo de escucha y acogida de esta creciente sed de espiritualidad. Según constatan algunos analistas, Dios y lo católico vuelven a interesar a un sector de nuestra población». Y eso que quienes redactaron el plan no tenían aún las cifras presentadas esta semana por la Fundación SM sobre el sorprendente incremento de jóvenes que se consideran católicos y, por cierto, también de derechas.