Estudian en Sevilla, pero desde ya se postulan para enarbolar la bandera de la solidaridad por todo el mundo. La misma que izarán en pleno desierto de Marruecos cuando octubre marque la fecha exacta. Será sobre el 20 de dicho mes cuando arranquen el motor. Se llaman Miguel Ángel y Gonzalo y son dos jóvenes universitarios que están dispuestos a realizar la aventura de sus vidas, que no es otra cosa que participar en Uniraid, lo que se conoce como el Dakar de los estudiantes, durante más de una semana por el Sáhara en un coche de baja cilindrada y con más de veinte años de antigüedad, a fin de prestar ayuda humanitaria a quienes más la necesitan tras el seísmo de 2023. ¿Qué podría salir mal? «No se trata de ganar, sino de ser solidarios», explica entusiasmado este equipo, que está inscrito como 'Mate on road', y que busca nuevos inversores tras lograr atar ya a cinco, entre los que se encuentran de momento, inmobiliarias, autoescuelas y otras empresas. Dos compañeros en medio del desierto sin más ayuda que un campamento improvisado bajo las estrellas, un mapa, un road book y una brújula en una carretera repleta de montaña, pistas, arena y dunas. Nada de GPS profesional ni de tener a mano Google Maps , por más que tengan que recorrer Tánger como punto de partida e ir parando en distintos enclaves de la Cordillera del Atlas entregando material escolar, dando por finalizada su andadura ocho días más tarde en la ciudad de Marrakech. «Llevamos el coche mañana a un mecánico que nos va a echar un cable, y de paso nos patrocinará», relata a este periódico Miguel Ángel, estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad de Loyola. Su copiloto, Gonzalo, está a punto de acabar ADE. En Uniraid no está permitido el uso de automóviles de tecnología punta, por lo que han tomado el camino más corto a la fiabilidad, sabiendo que el modelo que van a escoger no debe fallarles en medio de la nada. Los dos recorrerán este espacio desértico, todo un imán de vicisitudes, con un modestísimo Ford Focus 1.9 TDCi del año 2006. «Es uno de nuestros patrocinadores, que al ver nuestro proyecto ha decidido apoyarnos, por eso iremos este mismo martes a probar las llantas y a medir el cubre cártel, que convertiremos de acero», sostiene. Ellos no se ponen límite alguno, y saben que pese a que en esta suerte de Dakar de perfil joven haya entre 150-200 equipos dispuestos a competir, lo que les mueve a ellos es poder ayudar a quienes allí anden reconstruyendo sus vidas. Así que llenarán el coche con cuantas cosas haga falta y modificarán ese Ford Focus en aras de que pueda resistir tanto peso en una conducción de horas, muchas de ellas nocturnas. El coche no puede tener tracción a las cuatro ruedas y debe pasar todos los permisos. «El objetivo no es otro que llevar material humanitario del norte al sur de Marruecos», insiste Miguel Ángel. «Estamos esperando a que se acerque la fecha porque queremos tener cerrada la inscripción antes de ponernos a recoger material, para no tener guardado en casa ahora más de 40 kilos», establece. Tanto Miguel Ángel como Gonzalo prosiguen con sus cursos académicos a la espera de que llegue el gran día. Hay tiempo aún para que se suban al Dakar solidario de los estudiantes tanto patrocinadores como quienes quieran aportar dándoles difusión en medios y redes sociales . Todo es poco para quienes llevarán esperanza a los confines del país marroquí, que fue devastado en 2023 por aquel terrible terremoto, y que necesita que sus comunidades sean ayudadas con iniciativas de este tipo. En ediciones anteriores, componentes de Uniraid han equipado aulas informáticas por lares de El Hajeb, Aoufous, Merdani, Merzoug o Nkob, antes de estacionar en Marrakech. No sin atravesar previamente las dunas de Erg Chebbi. «Los 40 kilos que exige la organización nos parecen pocos, así que pensamos llenar hasta el último rincón del coche». Esta aventura con acento sevillano no ha hecho más que comenzar.