El Sevilla tiene un hilo de vida. O una cuerda, según se mire. La vital victoria ante la Real Sociedad ha devuelto la esperanza a una grada que vivió la noche de los fuegos de la Feria (derrota en Pamplona) como si fuese una despedida a un cuarto de siglo de sueños cumplidos, para, posteriormente, levantar la mirada, pintarse con pinturas de guerra y enfrentar a pecho descubierto esa realidad aplastante de ver cómo tu equipo camina directo hacia el infierno de Segunda sin que nadie ponga remedio a ese suplicio. ¿Nadie? Quien más tiene que perder es el último que deja de creer. A falta de recursos dentro del club, el aliento de la gente es lo único a...
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