Trump viaja a China escoltado por los gigantes de Wall Street y Silicon Valley y el pulso por las tierras raras
China afronta la reunión de esta semana entre Xi Jinping y Donald Trump con un repertorio de cartas negociadoras que combina viejas bazas, como las tierras raras, su enorme mercado interno o las compras de productos estadounidenses, con nuevos ases en la manga como su influencia sobre Irán. El viaje del republicano, que estará en Pekín desde mañana, miércoles, hasta el viernes, llega tras la tregua comercial pactada por ambos en octubre en la ciudad surcoreana de Busan, tras meses de tensiones arancelarias que equivalieron prácticamente a un embargo entre las dos mayores economías del mundo.
Antes de la llegada de Trump a China, el viceprimer ministro chino He Lifeng y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, mantendrán este miércoles en Seúl negociaciones comerciales, después de una ronda en marzo en París que Washington calificó de "constructiva". La crisis de Ormuz ha dado a Pekín una carta negociadora adicional antes de la reunión, pues China es el mayor socio comercial y principal comprador de petróleo de Teherán.
Irán es el asunto con mayores posibilidades de producir resultados "positivos y concretos" en la reunión, ya que EE.UU. busca reabrir el estrecho y lograr un alto el fuego que es "imposible sin apoyo chino", afirmó a EFE un profesor de la Universidad China de Hong Kong, Wing Lok Hung. Mientras, entre los inversores estadounidenses hay pocas esperanzas de que, en su viaje a Pekín, Trump logre la ayuda de China para desbloquear Ormuz, un sentir que les ha llevado a acuñar la socarrona expresión "NACHO", siglas en inglés de "Not a Chance Hormuz opens" ("Ormuz no va a abrir ni en sueños" o "No hay ninguna posibilidad de que Ormuz reabra").
Tierras raras y minerales críticos
Desde el inicio de la guerra comercial, China sometió a licencia la exportación de varios tipos de tierras raras, una medida que obligó a empresas estadounidenses y de todo el mundo a pedir autorización china para acceder a insumos clave para sectores como la automoción, los semiconductores o la defensa, antes de que la tregua incluyera una flexibilización parcial de esas restricciones.
Las tierras raras siguen siendo una de las bazas de Pekín, aunque algunos expertos matizan su peso actual: Hung afirma a EFE que esos recursos "pueden no ser tan significativos" como antes, porque Washington está "encontrando nuevas vías" para reducir su dependencia de minerales críticos chinos. Sin embargo, Ali Wyne, del International Crisis Group, señala que Washington aún requiere suministros de galio, metal cuyo suministro controla China, para "reponer su arsenal de interceptores de misiles" en Oriente Medio.
Las compras chinas de bienes estadounidenses ya figuraron en la reunión económica celebrada en marzo en París, donde Washington planteó paliar su déficit con China mediante más adquisiciones de productos del país norteamericano. Wu Xinbo, director del estudios internacionales de la Universidad de Fudan, afirmó en declaraciones a medios que Trump "sigue centrado en hacer negocios" y que espera que China compre bienes agrícolas, asunto clave por su relación con las elecciones legislativas en Estados Unidos.
Tras la tregua de octubre, China cumplió el compromiso inicial de comprar 12 millones de toneladas de soja, pero las adquisiciones se estancaron después, pese a que el acuerdo prevé importaciones anuales de 25 millones de toneladas durante tres años.
El mercado chino
El tamaño de su mercado sigue siendo otro as en la manga para Pekín, especialmente allí donde las grandes empresas estadounidenses mantienen intereses directos: Trump viajará acompañado de 16 ejecutivos, entre ellos Elon Musk, de Tesla; Tim Cook, de Apple; Larry Fink, de BlackRock; o Kelly Ortberg, de Boeing. La delegación, que incluye también a responsables de Blackstone, Mastercard, Meta y Visa, refleja el peso de sectores como tecnología, finanzas, aviación y pagos en la relación bilateral.
Apple ejemplifica esa dependencia: ha trasladado parte de su producción a la India por la guerra arancelaria, pero sigue fabricando en China la mayoría de sus iPhones, lo que la convierte en una de las multinacionales estadounidenses más expuestas a los vaivenes de la relación comercial entre ambos países. Boeing también figura en la negociación, después de que el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, dijera recientemente que Washington quiere "vender aviones a China" tras años de compras paralizadas.
Según informó The Wall Street Journal, Washington y Pekín sopesan tratar la inteligencia artificial (IA) en la cumbre, con posibles conversaciones sobre modelos que actúen inesperadamente, sistemas militares o ataques de entidades no estatales. La posibilidad de aceptar un diálogo con Washington para limitar riesgos en este sector podría servir a Pekín como una baza adicional en la agenda de la cumbre, si bien Patricia M. Kim, del Instituto Brookings, considera que "está por ver" si ambas partes avanzarán hacia una cooperación sustanciosa.
