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Clos Lucé, el castillo del valle del Loira que enamoró a Leonardo Da Vinci

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Abc.es 
Leonardo da Vinci , hijo ilegítimo de un notario y de una campesina, hombre iletrado como él mismo se definió, fue un genio entre los genios. Son muchas las personas que viajan a Italia, su país natal, a las ciudades de Anchiano, Florencia, Milán, Venecia y Roma, para conocer su apasionante vida y fascinante obra. Pero existe otro destino, por muchos olvidado, en el que podemos descubrir la polimatía en arte y ciencias del que es considerado 'homo universalis', el 'Hombre del Renacimiento'. Está en Francia, en el corazón del Valle de Loira, en Amboise . Es el castillo Clos Lucé, en el que Leonardo da Vinci vivió y trabajó los   últimos tres años de su vida, hasta su muerte, y en el que el viajero no solo conocerá su vida cotidiana, sus talleres y estudios, sino, además, los inventos que diseñó y creó el artista en una exposición diferente a todas formada por más de 50 maquetas y modelos manipulables a tamaño real. Fue el monarca Francisco I -según las crónicas asesorado por su hermana Margarita de Navarra-, el que tras ser coronado rey invitó a Leonardo da Vinci a vivir en Francia. El genio y visionario italiano no lo dudó y dejó Italia en un momento convulso: tras la muerte de su protector Giuliano de Medici, cuando ya no contaba con el favor de Roma, ni con el reconocimiento -desprestigiado por no terminar sus trabajos- y en pleno ostracismo ante el auge de los ilustres Rafael y Miguel Ángel. Tras un viaje de tres meses, el 16 de mayo de 1516, Leonardo llegó al país galo y se instaló en el castillo Clos Lucé, una mansión construida por Carlos VIII para su esposa Ana de Bretaña sobre una antigua fortaleza y el lugar de recreo de los reyes franceses. Nombrado primer pintor, primer ingeniero y primer arquitecto del rey, comenzó a trabajar en exclusiva para el monarca francés quien le dio total libertad para hacer lo que quisiera. Y aquí, durante tres años, a pesar de su parcial movilidad debido a un ictus, siguió inventando y pintando hasta que falleció el 2 de mayo de 1519. Un tiempo en el que, además de poner en orden sus manuscritos, diseñó nuevos sistemas hidráulicos , los planos de un castillo modelo para el rey en Romorantin, la escalera de doble hélice de Chambord, y organizó recreaciones teatrales, destacando la conmemoración de la batalla de Marignano -escenificando el asedio y toma en el castillo de Amboise, con bombardas disparadas por globos-, o la Fiesta del Paraíso, que ya hizo en Milán para Ludovico, para la que creó un artefacto mecánico, un orbe, que se abría y mostraba el paraíso. Nada más entrar al renacentista palacete -de ladrillo rosa y piedra toba, desde hace dos siglos propiedad de la familia Saint Bris-, se accede a dos galerías en las que, a través de dos espectáculos inmersivos, se muestran las grandes obras de Leonardo. Es el comienzo de una visita que recorre ocho salas, tres ubicadas en la primera planta, cuatro en la planta baja y una más en los sótanos. Discurre primero por los salones y sala del concejo -de grandes tapices, sillones italianos y mesas de nogal-, en los que Leonardo recibió a distinguidos invitados -entre ellos el Cardenal de Aragón, cuyo secretario vio el cuadro de La Gioconda, y hoy se recrea con hologramas , o a su amigo el artista Domenique de Cortone 'el Boccador'-, y donde se fraguó la gran amistad con Francisco I. Después, tras bajar la escalera principal, continúa por el Oratorio de Ana de Bretaña -la pequeña capilla a la que acudía a rezar la reina, en la que destacan los frescos realizados por los discípulos de Leonardo, entre ellos el de la Virgen de la Luz- y por la Cocina, con la gran chimenea donde la célebre cocinera Mathurine preparaba a Leonardo su comida vegetariana. Y más tarde, por los dormitorios privados, de ladrillo rojo y piedra, amueblados con baúles de madera de nogal y escritorios, con camas de baldaquinos, tanto de Margarita de Navarra, como el de Leonardo da Vinci, donde firmó su testamento -legando toda su obra a su discípulo Franceso Melzi, y desde cuya ventana se ve el real castillo de Amboise. Tras recorrer las estancias principales se visitan las galerías subterráneas, los talleres en los que trabajó Leonardo junto a sus discípulos, donde encontraremos estanterías y mesas con sus dibujos, planos y manuscritos dedicados a botánica, fauna, óptica, geología, anatomía, medicina, astronomía, ingeniería, arquitectura y escultura, así como herramientas , los caballetes y pinceles que utilizó para pintar con la revolucionaria técnica del 'sfumato' y la perspectiva área. Estudios en los que se hallan los tres cuadros que trajo de Italia; el de 'La Virgen y el Niño con Santa Ana', el de 'San Juan Bautista' y el de 'La Gioconda', que llegó a estar colgado sobre su cama. Salas y pasadizos subterráneos en los que se toma conciencia de la obra polifacética de Leonardo gracias a 40 maquetas y modelos a escala de sus diseños de ingeniería y arquitectura civil, mecánica, hidráulica, marítima, urbanística y militar que han hecho que sea considerado el precursor de la ciencia moderna . Tras recorrer el castillo, la visita termina en el Parque de Leonardo . Un jardín de siete hectáreas, por las que discurre el río Amasse , afluente del Loira, que el mismo Leonardo da Vinci recorrió durante sus últimos años de vida. Donde se reencontró con aquel niño que al ser bastardo, y no poder acceder a la escuela, basó su aprendizaje en la observación de la naturaleza. Senderos arbolados en los se hallan 40 grandes lienzos, con los dibujos botánicos que realizó, y otras obras como el 'Hombre de Vitruvio' . Y lo más fascinante, donde se hallan 20 de sus inventos a tamaño real realizados con materiales de época. Una exposición de artefactos, producida por la empresa IBM, en la que, además de admirar los detalles de cada máquina y así comprender mejor su funcionamiento, podremos jugar con ellos ; subirnos al carro de combate -el tanque giratorio con forma de tortuga con aperturas y más de 30 cañones-, recorrer el puente móvil giratorio, poner en funcionamiento el odómetro -prototipo del cuentakilómetros, una carretilla que en cada giro de rueda soltaba una piedra midiendo así la distancia y velocidad-, tocar el tambor mecánico -diseñado para desfiles callejeros y militares-, la catapulta -otra de las máquinas de guerra-, la hélice voladora, las norias y esclusas o montar en las barcas de hélices, entre otros. Así que, amigo lector, si tiene la posibilidad de viajar a Francia, no dude en poner rumbo al Valle de Loira y visitar un lugar histórico y parque cultural , el castillo Clos Lucé. No solo conocerá el lugar donde vivió, trabajó y murió Leonardo -su tumba se halla en la capilla de Saint-Hubert , en los jardines del cercano castillo de Amboise-, sino que hará un viaje en el tiempo e iniciático por el universo da Vinci, en el que además de su obra, descubrirá sus dos grandes secretos; la curiosidad y la observación, ya que lo importante no es lo que ves, sino cómo lo ves.



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