Hay herencias que llegan como capital y otras como epitafio contable. Durante décadas, la imagen convencional de la transmisión familiar de patrimonio ha descansado en una idea sencilla: los padres acumulan, los hijos reciben y ese flujo privado corrige, al menos en parte, las dificultades del arranque adulto. Pero el envejecimiento ha alterado silenciosamente ese contrato. La herencia llega cada vez más tarde. Y cuando llega tarde, sirve menos para comprar una vivienda, montar una empresa o asumir riesgos productivos. Un estudio reciente de J. Ignacio Conde-Ruiz y Francisco García-Rodríguez, publicado por Fedea, pone cifras a esta mutación patrimonial. Con microdatos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España entre 2002 y 2022, los autores muestran que...
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