Hay imágenes que se quedan fijas para siempre, como aquella primera tarde de toros a la que mi padre me llevó en La Caprichosa de Talavera de la Reina. Fue la primera plaza que pisé en mi vida, y todavía ayer, cuando crucé la puerta del tendido 7, volvía a recordar aquella mano grande y callosa que me apretaba la mía para que no me asustara con el toro. El viaje a esa tarde, en realidad, comenzó mucho antes de pisar el albero. Empezó en un tren de media distancia que une Madrid con Sevilla, nueve horas de recorrido pausado que hace parada en Talavera de la Reina. Un trayecto donde se ven los campos pasar despacio por la ventanilla,...
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