El califa y la odalisca
Se lo dijo un fervoroso votante del PP durante un mitin en Córdoba: «Juanma, tú eres ya el Califa de Andalucía». A lo que el candidato a la presidencia de la Junta autonómica le contestó con una sonrisa: «Olé, pero sin dogmas, hablando con todo el mundo». La anécdota la cuentan en el equipo de campaña de Juan Manuel Moreno Bonilla, flamante ganador de estas elecciones, y refleja muy bien el perfil y carácter del líder andaluz. Un hombre con mando en plaza indiscutido e indiscutible, tras unas durísimas semanas en las que ha perdido cinco kilos y se ha dejado la piel. Frente a su mensaje moderado, sin líos, ruido ni broncas, hubo de soportar una cascada de juego sucio, como esas insultantes llamadas bajo la falsa identidad de un médico asustando al ciudadano sobre el retraso de su cita clínica. Una bajeza del PSOE, desautorizada por la propia Junta Electoral. Finalmente las urnas han hablado y la victoria de Juanma va mucho más allá del Guadalquivir y Despeñaperros, ese espectacular desfiladero al norte de la provincia de Jaén que atraviesa el corazón de Sierra Morena, cuna de la historia y leyendas de Andalucía. Como un veterano socialista con mucha sorna ha dicho este resultado es ya «El Despeñapedro».
Les guste o no a los adoctrinados voceros de La Moncloa y Ferraz el batacazo de los socialistas es un sonoro bofetón a Pedro Sánchez y su nefasta candidata, María Jesús Montero. Si Juanma Moreno queda ya entronizado como el Califa de Andalucía, símil de su figura como máxima autoridad política de la tierra, la locuaz y metepatas «Marichús» aparece como una odalisca de manual. Es decir, una servil escudera a los pies del sultán Sánchez, quien no dudó en llevarla al sacrificio y que ahora la dejará tirada en el abismo. «Si te he visto no me acuerdo», ironiza un dirigente andaluz del sector crítico al definir la actitud del presidente del Gobierno hacia su candidata fracasada. Tal como hizo con Miguel Ángel Gallardo en Extremadura y Pilar Alegría en Aragón, el gran sultán «sanchista» mirará para otro lado y ubicará a su odalisca sacrificada en el averno. Anoche la consigna monclovita era insistente: estas elecciones no afectan al presidente, que sigue su hoja de ruta, y no son para nada extrapolables a nivel nacional. Un discurso falaz que amenaza con tumbarse en los próximos días: «Estamos hartos de perder elecciones». Este es el comentario lapidario en muchas federaciones del partido.
Es también el cuarto batacazo electoral que se pega el «sanchismo» y sus candidatos protegidos, ministros abrasados entre ellos. Con el agravante de que Andalucía no es una comunidad más. Es la tercera economía de España, la que aporta mayor número de diputados al Congreso, exactamente 61, y sin la que es imposible llegar a La Moncloa. Algo que tuvieron muy claro todos los presidentes de la democracia y que propició la victoria absoluta de Felipe González en el año 82. Por ello, este fracaso no es baladí, por mucho que las terminales políticas y mediáticas de la izquierda difundan lo contrario. Juan Manuel Moreno Bonilla es la prueba de un líder transversal, que ha ganado votos de uno y otro lado, sin sectarismo, con honradez, después de cuatro décadas de dominio socialista. Ahora, frente a «María Jesús del Gran Poder», la que habló en tercera persona como Julio César. La que como mujer más poderosa de la democracia se avino en contra de su voluntad a rescatar a sus pobres paisanos. La que arrastra una mochila vacía de Presupuestos como la peor ministra de Hacienda que se recuerda. Sectaria, lenguaraz y fiel escudera del más puro y rastrero «sanchismo».Digan lo que digan los voceros de Moncloa y Ferraz, la victoria incuestionable de Juanma Moreno es la puerta del cambio a nivel nacional y un espaldarazo para Alberto Núñez Feijóo. El tortazo de «Marichús» Montero lo es también para Pedro Sánchez. A tener en cuenta un aviso importante para Vox por sus bloqueos en las últimas elecciones autonómicas y la política errática de Santiago Abascal en su cruzada contra el PP. Otro castigo para Antonio Maíllo, una ensalada de Izquierda Unida, Podemos y Sumar que han sido aliados de Pedro Sánchez. Y subida de la extrema izquierda precisamente en esa fuerza, Adelante Andalucía, la única totalmente alejada del «sanchismo». Si alguien en el PSOE no toma nota de esta debacle en el Sur es que muchos de sus dirigentes habrán perdido el Norte.
