Pocos fracasos históricos han estado tan anunciados como el de María Jesús Montero (28 escaños) de este domingo. Eso le da a Pedro Sánchez dos ventajas. La primera, que una gran parte del partido lo tenía asumido. La segunda, que el socialista ha tenido tiempo para planificar la respuesta inmediata y convocar, la semana pasada, un Comité Federal para intentar calmar ánimos hasta entonces (27 de junio). Sin embargo, ambas ventajas no son capaces de neutralizar la gran conclusión que arroja Andalucía: Pedro Sánchez ha perdido su capacidad para conectar con el electorado y, por tanto, de movilización. Y la desmovilización equivale a la pérdida del poder. Hace cuatro años, el desplome de Juan Espadas a 30 escaños llevó al...
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