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Sánchez se refugia en Cataluña y Euskadi tras hundir al PSOE andaluz: más cesiones a ERC y Junts para resistir

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El resultado andaluz ha dejado una fotografía muy difícil de maquillar para Ferraz. Juanma Moreno ganó con 53 escaños, se queda a dos de la mayoría absoluta y dependerá de Vox; pero el PSOE de María Jesús Montero cayó a 28 diputados y firmó su peor resultado histórico en la comunidad que durante décadas fue el gran bastión socialista.

El problema para Sánchez es que Andalucía confirma que el miedo a Vox ya no moviliza al electorado socialista donde antes funcionaba como última barrera: el PP ha conseguido otro resultado histórico, aunque haya perdido la absoluta, Vox vuelve a ser decisivo y, aun así, el PSOE no recoge ningún beneficio, sino que baja de 30 a 28 escaños. La izquierda que ha crecido no es la del Gobierno, sino Adelante Andalucía, que pasa de 2 a 8 diputados. De todos estos datos sale un mensaje demoledor para Moncloa: ni la amenaza de Vox ni la implicación directa de Sánchez han servido para reconstruir al PSOE andaluz.

Por eso en Moncloa hay movimientos que se concretarán en próximas decisiones estratégicas. "Se vienen novedades". La salida política pasa ahora por volcarse todavía más en los territorios donde el sanchismo aún conserva utilidad electoral y parlamentaria para los intereses del presidente del Gobierno: Cataluña y Euskadi. En las generales de 2023, Cataluña aportó al bloque de Sánchez una base decisiva: el PSC logró 19 diputados; Sumar-En Comú, 7; ERC, 7 y Junts, otros 7. En total, 40 escaños catalanes quedaron en manos de fuerzas necesarias o potencialmente útiles para la investidura y la gobernabilidad del PSOE. El PSC fue, además, la primera fuerza en Cataluña con el 34,49% y más de 1,2 millones de votos.

En Euskadi, la aritmética también fue clave. El PSE obtuvo 5 diputados, EH Bildu otros 5 y el PNV, 5 más. Es decir, 15 de los 18 escaños vascos quedaron en manos de fuerzas que, por acción directa o por negociación, han sido esenciales para sostener a Sánchez frente al bloque PP-Vox. El PP solo logró 2 diputados y Vox ninguno. Estos datos explican por qué Moncloa volverá a jugar ahí la baza del miedo a la derecha. En Cataluña y Euskadi Vox no tiene capacidad real de crecimiento institucional equivalente a la de Andalucía, pero su presencia como amenaza política sigue funcionando como pegamento del bloque progresista y nacionalista.

La operación tiene además una derivada inmediata: los Presupuestos catalanes. Tras el golpe andaluz, Sánchez necesita reactivar la agenda de la negociación con ERC, Junts, PNV y Bildu para intentar sustituir el relato de derrota territorial por el de estabilidad parlamentaria. En Cataluña, ERC ya está elevando el precio de cualquier acuerdo: financiación, Agencia Tributaria catalana, consorcio de inversiones y mayor control sobre estructuras económicas del Estado en la comunidad. El Govern y ERC ya han pactado una inversión de 527 millones para reforzar la Agencia Tributaria de Cataluña entre 2026 y 2029, dentro del objetivo de prepararla para asumir más competencias fiscales. El miércoles llegarán desde Madrid más novedades de las nuevas cesiones a Cataluña.

La negociación catalana es determinante. El Govern ha reservado 800 millones para intentar cerrar los Presupuestos de 2026 con ERC y los Comunes, mientras ERC presiona también para modificar la gobernanza del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y aumentar el peso de la Generalitat y el Ayuntamiento frente al Estado. Todo forma parte del mismo tablero: Sánchez necesita que Cataluña vuelva a ser su dique político frente al avance del PP y Vox, aunque el precio sea aceptar nuevas concesiones en financiación, fiscalidad e infraestructuras.

En este contexto, la lectura nacional es clara. Después de Andalucía, Sánchez no puede vender remontada territorial. pero sí resistencia parlamentaria. El PSOE ha perdido suelo en su antiguo bastión del sur y ahora buscará compensarlo reforzando el eje Cataluña-Euskadi, los dos territorios donde el discurso contra Vox aún resulta más rentable y donde los socios nacionalistas siguen teniendo capacidad para decidir el futuro de la Legislatura. En la mente de Sánchez está resistir hasta julio del 27.

La paradoja es que el plan de supervivencia de Sánchez vuelve a ser el mismo que le permitió llegar a La Moncloa tras el 23-J: concentrar toda la energía política en los territorios donde PP y Vox tienen más difícil construir una mayoría social. Pero el resultado andaluz introduce una advertencia nueva: el miedo a Vox ya no basta por sí solo. En Andalucía no frenó, en ningún caso, el hundimiento socialista.




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