«El teatro es una forma romántica de arruinarse». Lo decía Antonio Banderas hace siete años, cuando presentaba, junto a Lluís Pasqual, su entonces balbuciente proyecto: el Teatro del Soho CaixaBank , nacido después de que el actor malagueño atravesara el complicado trance del infarto de miocardio que sufrió en Londres y que le hizo replantearse su carrera y su vida. Banderas, una persona especialmente locuaz y extrovertido, ha explicado de todas las maneras posibles el porqué y el cómo de un proyecto que ha contribuido notablemente a revitalizar una zona de Málaga muy deteriorada en el pasado y a reforzar el auge cultural de la ciudad con un teatro que, junto al Cervantes y el Echegaray especialmente, brindan una oferta escénica de altura que completa la espectacular oferta museística malagueña. «El teatro es una forma romántica de arruinarse». Ha tenido que salir Antonio Banderas al paso de informaciones que han asegurado que el Teatro del Soho Caixabank pierde unos 2,5 millones de euros anuales. Banderas lo niega: «No, amigos, no estoy arruinado, ¡estoy a tope! ¡Y soy amenazantemente feliz!» Y es que al actor, que no necesita en absoluto meterse en estos berenjenales, se le supone el romanticismo, pero no la idiotez o la locura que sería perder cada año esa cifra (aunque un poco loco sí que debe de estar, pero por el teatro, porque solo así se explica el empeño en poner en pie proyectos como los que lleva a cabo). Cuando anunció su alianza con Andrew Lloyd Webber , Antonio Banderas me confesaba que su mayor desafío era presentar sus espectáculos con la calidad suficiente. El malagueño ha apostado por el teatro musical, sin duda el género que requiere mayor inversión económica y personal. Desde su nacimiento, el Teatro del Soho Caixabank, que da trabajo a una plantilla de 35 personas, ha presentado 'A Chorus line', 'Company', 'Godspell', 'Tocando nuestra canción' y 'Gypsy' -además de otros proyectos de teatro de texto-. Este último espectáculo contaba con una compañía de 150 personas entre artistas, técnicos y administrativos. Pero solo hay que ver la ilusión que se vive en el patio de butacas del teatro en cada uno de sus estrenos para comprender que el proyecto tiene sentido. Banderas, con mayor o menor acierto, con más o menos errores -eso ya es una cuestión subjetiva-, presenta sus producciones de una manera impecable, con los músicos, el elenco y los medios que necesitan las obras -aunque pareciera de perogrullo que así fuera, no siempre sucede-. «El Teatro del Soho Caixabank -ha dicho en su comunicado- es un proyecto donde solo me planteo un objetivo: hacer las cosas como creo que se deben hacer y tratar de buscar la excelencia en nuestras producciones, más allá del déficit económico que estos acarreen y que, gracias a Dios, puedo asumir sin problema. Ese es el pacto con mi pasión por el teatro, por mi ciudad y conmigo mismo». Seguro que lo que gana Antonio Banderas cada vez que se levanta el telón -y Málaga con él- le llena más que lo que pueda perder (o dejar de ganar, que no es lo mismo) económicamente. Y eso, como en el anuncio, no tiene precio.