De tanto en tanto ocurre que desde fuera nos descubren autores que pasan inadvertidos para la crítica literaria patria. Pasó con Eva Baltasar . De repente, el Booker la incluyó entre sus nominados y descubrimos que había una autora española con eco internacional. Se publican demasiadas novedades –27 títulos nuevos al día, nos dicen– pero estos fenómenos no dejan de ser un síntoma de que hay cierta previsibilidad en la elección de los libros que se reseñan. Ocurrió también con Benjamín Labatut (Rotterdam, 1980). Cuando Anagrama publicó en 2020 'Un verdor terrible' , el libro pasó casi de puntillas. Y era una propuesta singular. El autor articuló en forma de relatos varios viajes hacia la mente de grandes científicos con una forma desconcertante que iba de la no ficción a la imaginación. Labatut era un tipo de escritor que no habíamos leído, pero la novedad manda y pasó a un doble fondo, pese a haber conseguido un buen puñado de traducciones. Tuvo que llegar la edición en inglés y su nominación al Booker para, ya sí, poner los libros de Labatut siempre a la vista. Después llegaron más reconocimientos, y 'The New York Times' lo incluyó entre los mejores libros del siglo XXI. 'MANIAC' (2023) sí que fue recibido como se merecía. Pero Labatut parece que se resiste a entrar en esa rueda de publicar por publicar, y esto obliga a volver a sus libros anteriores. Ahora le toca a 'La Antártica empieza aquí' , su debut, que el autor ha reescrito de una manera «violenta». Haya más o menos cirugía, en esta versión de 'La Antártica' asoma ese escritor que luego despuntó en 'Un verdor terrible'. Labatut siempre fue un autor al que no habíamos leído antes. Los seis relatos del libro nos muestran a un plumilla capaz de transitar el desorden de la mente humana con una lógica imprevisible. «No lograba ver, no podía metérmelo en la cabeza, y solo ahora, que dicen que estoy loco, entiendo», escribe. Labatut ha pasado por el «vacío» y él ha conseguido traducirlo en literatura. El relato que da título al libro lo protagoniza un periodista con aspiraciones literarias, un trasunto del autor. «Dónde quedaba el famoso abismo y qué hacer si uno lograba llegar hasta ahí eran cosas que aún no sabía», escribe. «La literatura exigía un sacrificio. Para escribir, algo tenías que perder». En otro relato habla de la noche verdadera –«que no empieza con la puesta de sol, sino mucho después»– como ese lugar en el que «todos duermen salvo los caimanes y el jaguar». Y en otro dice: «¿Cuándo te desenamoraste? ¿A qué edad perdiste la cabeza? ¿Qué día tocaste fondo? Las cosas suceden de golpe». Estos cuentos no son tan maduros como los que años después le dieron el reconocimiento y los cierres están menos logrados, pero hay destellos que permiten vislumbrar el autor en el que se ha convertido hoy. Con su talento, no es un argumento menor. Labatut se ha ganado el derecho a que vayamos leyendo todo lo que sale de su pluma.