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Koji Suzuki, el terror se escribe con J

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Fue a finales de los años noventa del pasado siglo. El cine de terror que venía de Hollywood parecía atascado en unos cuantos tópicos, del thriller con infinitos psicópatas súper-inteligentes y eruditos al nuevo slasher juvenil posmodernista teñido de humor referencial. Pese algunos títulos memorables carecía en general de casi cualquier propiedad genuinamente terrorífica, más allá del susto ocasional. Lo sobrenatural brillaba prácticamente por su ausencia, y cuando hacía aparición era poco menos que meramente accesorio, falto de convicción. Como ocurriera en los cuarenta, cuando los monstruos de la Universal ("Drácula", "Frankenstein", "La Momia", el "Hombre Lobo"…) perdieran su capacidad asustante para transformarse en parodia de sí mismos, el cine de horror noventero había perdido su "mojo", como dicen los músicos de blues.

Entonces ocurrió el milagro. Una relativamente oscura película japonesa, “The Ring (El Círculo)”, estrenada en 1998 —remake de un telefilm del mismo título emitido en Japón tres años antes—, nos devolvió el exquisito placer masoquista del genuino escalofrío de pavor. Sólo una escena: del interior de un televisor donde se reproduce una maldita (literalmente) cinta de vídeo surge un espectro femenino esquelético, retorcido y de rostro invisible, cubierto por una larga mata de cabello oscuro y lacio sobre frente y rostro, que se dirige reptiliana, espasmódica pero implacablemente hacia el espectador con toda la malignidad acumulada de un odio sobrenatural y vengativo insondable.

Acaba de nacer Sadako, un monstruo para el siglo XXI. Un nuevo mito fantástico que no solo asusta con sus repentinas apariciones y aspecto exótico, tan poco familiar para el espectador occidental, sino que con su mezcla de terror psicológico y sobrenatural, tecnológico y tradicional, de cuento de fantasmas, ciencia ficción ciberpunk y thriller paranormal, nos metió el miedo en cuerpo y mente, revolucionando el panorama del género y más allá. Nacía también así el J-Horror: el nuevo terror japonés del milenio. Pero su verdadero padre no era el director de la película, Hideo Nakata, que seguiría ofreciendo nuevas, interesantes e irregulares incursiones en el terror en general y en la saga de Sadako en particular, sino el escritor Koji Suzuki, fallecido el pasado ocho de mayo, con 68 años.

Tecnológico y parapsicológico

Al igual que todo escritor de terror con éxito internacional que se precie, a Koji Suzuki le cayó pronto el sambenito de ser etiquetado como “el Stephen King” de su país. Y como ocurre casi siempre en estos casos, nada más lejos de la realidad. El mundo de Suzuki poco tiene que ver con el del Rey del Terror. De hecho, la novela original de “The Ring”, publicada en 1991 y editada por Mondadori en nuestro país en 2004, ofrece más que suficientes características singulares, que hacen completamente inoperantes tales comparaciones.

Tanto en ella como en sus secuelas, cuatro novelas más y un libro de relatos, Suzuki combina elementos fantásticos y tecnológicos, parapsicológicos y científicos, aproximando el universo de los espectros tradicionales japoneses (obake o yurei) y de sus cuentos clásicos de fantasmas (kaidan eiga) al de las modernas leyendas urbanas y la especulación científica, con resultados únicos. Por supuesto, el cine no siempre ha hecho justicia a estas ambiciosas ideas, derivando dos líneas diferentes de secuelas de la original “The Ring”: una que sigue con cierta fidelidad las novelas de Suzuki, y otra que se aleja de estas para explotar el personaje de Sadako, además de otra americana a partir del remake realizado por Gore Verbinski en 2002, con Naomi Watts como protagonista. Pero en todas ellas, al igual que en muchas películas, novelas y mangas (cómic japonés) que surgieron gracias a su éxito, se hace siempre presente el profético elemento tecnológico “embrujado” o “maldito”, convertido hoy en tópico del género.

Grandes y pequeños ejemplos del J-Horror como “St. Johns Wort” (videojuegos), “Pulse” (ordenadores e Internet), “Suicide Club” (redes sociales), “Llamada perdida” y sus secuelas (teléfonos móviles), “Shiryôha” (televisión), “Reincarnation” (cámara de cine), “Chain: Rensa jusatsu” (mensajes en cadena por e-mail), “Den-Sen” (DVD maldito), “Hitori kakurenbo” y sus secuelas (videojuego online), “Keitei kareshi” (juego para móvil), “Abatâ” (redes sociales), “Death Blog” (un blog maldito), “Kataribe” (un programa de televisión), “Le secret de la chambre noir” (fotografía)… Entre otros, tienen un débito imperecedero no solo con “The Ring”, sino con Suzuki.

Aguas oscuras

No contento con revolucionar así el terror japonés y mundial, pues las principales películas basadas en sus libros serían todas objeto de nuevas versiones en Hollywood además de en otros países asiáticos y europeos, Suzuki volvió a pulsar las teclas del miedo más profundo con su relato “Dark Water”, incluido en la antología de cuentos de terror del mismo título, de 1996, publicada en España en 2015 por la prestigiosa editorial Satori, especializada en literatura japonesa.

El elemento líquido, ya sean las aguas oscuras y amenazadoras del mar o las putrefactas y estancadas de un edificio abandonado, es fundamental tanto en el mundo sobrenatural japonés como en las historias de Koji Suzuki, que navegan siempre en un océano de horror y angustia, entre lo fantástico y lo real. “Dark Water” sería convertido en película de éxito, de nuevo dirigida por Nakata, con su correspondiente versión hollywoodiense firmada por Walter Salles y protagonizada por Jennifer Connelly. Otro de los relatos del libro, “A la deriva”, daría lugar a dos adaptaciones estadounidenses, incluyendo un episodio de la serie “Masters of Horror” dirigido por su creador, Mick Garris.

En Japón, Koji Suzuki recibió el premio a mejor novela de fantasía por “Paradise” en 1990 y el premio Eiji Yoshikawa para nuevos escritores por “Spiral” en 1996, continuación de “The Ring” también llevada al cine; además de prestigiosos galardones internacionales como el Shirley Jackson a mejor novela por “Edge” en 2012 y en 2021 el muy merecido premio Bram Stoker a los logros de toda una vida. Su obra y el impacto que causó en el cine, el manga, las series de televisión y los videojuegos, además de a través de remakes e imitaciones occidentales, cambió para siempre la cultura del siglo XXI.

Durante algunas décadas, el terror japonés hizo temblar pero también reflexionar a generaciones de espectadores y lectores que creían que ya era imposible pasar miedo. Aunque ahora los fantasmas estilo Sadako, los vídeos malditos y los estilemas formales del J-Horror sean también tópicos, objeto de parodia en “Scary Movie” o en “Sadako vs. Kayako”, forman parte del gran legado universal de Koji Suzuki, que ha influido en directores como Sam Raimi, Guillermo Del Toro, Andy Muschietti, Robert Eggers, Nicolas Pesce, Daniel Stamm o los españoles J. A. Bayona y Paco Plaza, entre otros. Lo que verdaderamente asusta es que solo dos de sus libros hayan sido publicados en España, pese a su calidad e importancia. Ojalá que pronto el espectro de Suzuki comience a acosar los móviles y tablets de nuestros quizá demasiado tímidos editores y lectores. Que Sadako les coja confesados.




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