En el décimo aniversario de la campaña
#NoSeasHooligan, comprobamos que, lamentablemente, estamos normalizando los incidentes violentos, que se han convertido en una parte más de la actividad deportiva de nuestros hijos e hijas. Insultar al árbitro o a los rivales, dar instrucciones desde la grada o recriminar los errores a los jugadores del propio equipo son, por desgracia, comportamientos cada vez más habituales. Los casos más graves acaparan los titulares de los medios. Sin embargo, en el día a día estamos tolerando situaciones que, aunque resulten menos llamativas,
son tremendamente dañinas para los niños y niñas.
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