La División Roja
Gabriel Rufián da el paso de liderar, otra vez, un frente de izquierdas en las próximas elecciones generales que nadie sabe exactamente cuándo serán. Maldita incógnita, bendita paciencia nuestra que se traga lo que haga falta. Después de sus lloriqueos del miércoles, el hombre que dejó un empleo precario en el corazón del capitalismo se pone ahora firme, frente al viento de PP y VOX, para frenar al fascismo. Fascinante personaje, rellenito por toda la monserga neoprogre que disfruta de todas los beneficios de la casta y la pasta fácil de la política. No le pongo ningún pero a eso, a mejorar en la vida, pero convertir la lucha de clases en la herramienta infalible para llevar trajes de Zara y salir en programas molones cortocircuita mi conciencia, ¡ja!, sobre la coherencia, el compromiso y el ejemplo. A Rufián, como a muchos de esta generación de sanguijuelas de medio pelo, hay que traducirlos para que la gente de la calle, su público objetivo, lo entienda. Miren, Rufián viene a decir, el hombre, que muchos españoles no quieren votar al PSOE aún siendo de izquierdas y que si él se presenta como líder de una coalición lo votarán. ”Llega la División Roja, todos a las barricadas”. También, resalta el tipo, que las “izquierdas soberanistas arrastran e inspiran a las izquierdas españolas”, que por llevar ese adjetivo son torpes y poco resultonas. “Hombre, dónde va a parar”. Todos asumimos que los españoles, desde la óptica de un catalán como Rufián, sólo somos un trozo de carne con ojos que deambula en una realidad bamboleada por la necedad y la avaricia hasta que el "seny" nos coloca en nuestro sitio. Que no es otro que de rodillas ante estos genios con barretina para desasnar la tozudez hispana. Lamentablemente, para el voluntario catalán, en el resto de España le tenemos tomada la medida a estas chuminadas de media tarde, sabemos que detrás de esa fachada de papel maché se esconde el oportunismo, la insolidaridad y la mentira habitual de ERC.
