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Los libros de la semana: de los poemas de juventud de Ida Vitale a la asfixia narrativa de Stig Dagerman

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"La serpiente", de Stig Dagerman: una obra dura y asfixiante sobre el terror constante a la muerte

9/10

Por Diego Gándara

El sueco Stig Dagerman (Älvkarleby, 1923 - Enebyberg, 1954) es uno de esos escritores de culto por haber escrito algunas novelas que se convirtieron en esenciales y por haber muerto muy joven, a los treinta y un años, producto de un suicidio. Autor melancólico, brillante y sentimental, según los cimientos sobre los que se sustenta el mito de escritor de culto, Stig Dagerman, su obra, trasciende el mito y ofrece uno de los retratos más duros y desgarradores de la vida en Europa en tiempos de guerra. «La serpiente», su primera novela, publicada en 1945 y recuperada ahora en castellano por Nórdica Libros, es una muestra ejemplar de la característica de su producción: una obra de corte antibelicista que se adentra en el corazón del ser humano para descubrir que allí sólo hay vacío. Aunque no se trata de cualquier vacío: es uno que se sostiene en medio de una atmósfera insoportable.

La trama de «La serpiente» se ordena bajo la figura de ese animal que se arrastra sin aparente solución de continuidad y que representa el mal y que en la novela es una suerte de símbolo, de impulso de todo lo que en ella se cuenta: el miedo, la incertidumbre, la alerta perpetua, incluso en países como Suecia, que permanecieron neutrales en la Segunda Guerra Mundial. Es que los personajes de «La serpiente», como una mujer que trabajaba en un destacamento militar y gente que pertenece al ámbito castrense, reclutas, soldados y funcionarios varios, a través de sus recuerdos, de sus vivencias, de sus recuerdos y memorias, reflejan un miedo personal que es la expresión de uno colectivo: el miedo constante a la muerte, al fracaso, a la soledad y a la propia existencia. Una novela dura, asfixiante, que ofrece un resquicio de luz en el que la palabra miedo expresa su silencio.

  • Lo mejor: Dagerman se adentra en una historia de tono opresivo como quien lo hace en la oscuridad, pero con los ojos abiertos
  • Lo peor: el estilo del narrador por momentos se vuelve muy realista, atento a los detalles pero, también, a la descripción

"Poemas de juventud", de Ida Vitale: esos primeros poemas que ya vaticinaban su maestría

9/10

Por Jesús Ferrer

Los primeros poemas de renombrados autores ofrecen una variada gama cualitativa. Hasta 1997 permanecieron inéditos los «Cuadernos de Temuco», de Pablo Neruda, las iniciales tentativas líricas del gran poeta chileno, quien se mostraba ahí muy lejos de su excelencia. Y en 1919 Lorca publicaba en Prensa «Granada: elegía humilde», donde se intuía claramente su característico duende expresivo. Con criterio recuperador se publica «Poemas de juventud (1943-1946)», de Ida Vitale (Montevideo, 1923). Galardonada con el premio Cervantes, su obra se inscribe en la tradición vanguardista hispanoamericana, aunque sin desdeñar los avatares de la cotidianidad, la emotividad de los sentimientos, la valoración reivindicativa de la condición femenina y el paso del tiempo.

La recopilación que ve la luz preludia estas características y demuestra la temprana solidez de una estética forjada en el profundo conocimiento de los poetas españoles de la Edad de Oro, la decisiva influencia inicial del Modernismo y admiraciones como a Juan Ramón Jiménez, que llegó a conocer. Escritos con veintipocos años, estos poemas reflejan la sensibilidad de la autora, su dominio de la técnica poética y un mundo propio de insólita madurez: «Tanto he pensado en ti, oh, muerte mía, / con alterno llamado y mudo miedo / y tanto en mí transitas, que no puedo / ya huir de tan prevista compañía». Sin olvidar el sesgo surreal y visionario: «Sueño quebrarse el tiempo en la noche de los relojes. / Nace el silencio en la magnitud suma de los ruidos. / Mi voz flota en niebla de crepúsculos por la sangre / y los retratos se hunden en paisajes espejos». Estos recuperados textos resultan fundamentales para la valoración y disfrute de tan esencial poeta.

  • Lo mejor: la exquisita sensibilidad, maestría técnica y madurez expresiva que muestran estos textos que se publican ahora
  • Lo peor: nada que objetar a este conjunto de poemas que hacen presagiar a la excelente poeta en que se convertirá su autora

"La bailarina", de Patrick Modiano: bailando con Patrick Modiano al son de una onírica serenidad

9/10

Por Ángeles López

Modiano regresa a su mundo crepuscular, al territorio ético y sensorial que constituye su patria literaria: París, como cartografía afectiva, y a los humanos como espectros acariciados por el verbo. La nouvelle hipnótica y fragmentaria tiene su origen en un reencuentro fortuito con Serge Verzini, uno de esos personajes ambiguos que pueblan el universo modianesco, para recomponer la figura de una bailarina de ballet y de su hijo Pierre. Pero, como siempre en Modiano, el argumento importa menos que la atmósfera que nos legan los recuerdos incompletos. Se sirve de flashazos en estaciones de metro, cafés sin clientela, calles nocturnas, nombres repetidos como ensalmos, para condensar sus grandes temas, como las identidades borrosas, las vidas en suspenso, las amistades ambiguas, la mochila de un pasado que pesa demasiado…

Pero «La bailarina» contiene una sorpresa: la danza como disciplina espiritual. El maestro Boris Kniaseff insiste en que el ballet «permite sobrevivir», y ese mantra termina actuando como una suerte de lírica secreta a lo largo del texto. Frente al extravío de unas vidas sin rumbo, la bailarina encarna una tentativa de ligereza, tenacidad y control. Su anatomía persigue sortear la gravedad de la existencia, igual que la pluma de Modiano intenta desvestirse de la carga psicológica o de la intriga al uso. Hay algo profundamente onírico en esta novela de corto aliento, pero también una serenidad inaugurada por el narrador, que ya no parece crear para desenmarañar el pasado, sino por el placer de escuchar el eco que dejan las almas perdidas cuando la memoria ya no se ocupa de ellas. Una novela porosa, en definitiva, de una delicadeza fantasmagórica, abordada con la transparencia engañosa que solo poseen los grandes estilistas.

  • Lo mejor: el autor combina la memoria, la danza y la melancolía parisina en una novela hipnótica y, a la vez, de gran levedad emocional
  • Lo peor: su extrema sutileza narrativa puede resultar extraña a los lectores ajenos al universo modianesco contemporáneo

"La forense", de S. K. Tremayne: entre maldiciones familiares, fantasmas y una guía de viajes

8/10

Por Lluís Fernández

Es una evidencia que al autor de «La forense», nacido en el condado de Devon, le apasiona la costa de Cornualles, con sus esplendorosos acantilados y hermosas calas. Y se nota en exceso porque compagina esta novela de misterio con una guía turística que haría las delicias de los muchos turistas que visitan esa zona Luego, entrelazado con la descripción de las agrestes costas, donde las familias poderosas de la zona hundían los barcos, pasaban a cuchillo a los marineros y les robaban sus valiosas cargas, se abre paso una trama de misterio que recuerda en exceso a «Otra vuelta de tuerca», de Henry James.

La obra acaba centrándose en la mansión victoriana de Baldhu, perteneciente a la familia Tyack, que pasa de una casa desvencijada y poco habitable a un lugar embrujado, típico de la novela gótica de fantasmas con historias familiares trágicas. La psicóloga forense trata de encontrar un equilibrio entre su especialidad y la ciencia paranormal que explique de forma racional los espectros que acosan a esta familia y a ella, que va cayendo en su embrujo.

El autor de «La forense» escribe muy bien. Se pierde en la descripción de la costa y tarda en entrar en el misterio de la mansión de Baldhu. Pero una vez metido, S. K. Tremayne (principal seudónimo utilizado por Sean Thomas) se concentra en la aparición de figuras aterradoras y en los líos de los grandes clanes de Cornualles. La mansión de Baldhu sufre una maldición que se manifiesta con las formas de una mujer que es «un vacío de oscuridad siniestra». La idea de escribir una novela gótica de misterio con fantasmas cuestionada desde la ciencia es tan original como utilizar a una psicóloga forense para desentrañar un crimen pasional que la sociedad intenta ocultar. «La forense» es una muy buena novela de misterio gótico.

  • Lo mejor: la posibilidad que brinda el autor de revivir la novela gótica de fantasmas apelando a la ciencia y también a la psicología
  • Lo peor: que el confesado amor que siente por Cornualles y su geografía en realidad lo que hace es lastrar la obra



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