Pepa Flores siempre eligió desaparecer antes que convivir otra vez con el ruido. La mujer que durante años fue Marisol, decidió hace décadas levantar un muro infranqueable entre su vida privada y la exposición pública. Y precisamente por eso, cualquier noticia relacionada con su estado de salud genera una enorme preocupación alrededor de una de las figuras más herméticas y queridas de nuestra cultura. Ahora, según reveló 'Semama', la actriz malagueña atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Un ingreso hospitalario sufrido hace cuatro meses habría provocado un importante deterioro físico y una notable pérdida de peso que llevó a sus hijas a reorganizar completamente parte de su vida personal y económica para acompañarla más de cerca. Aunque el entorno transmite calma y asegura que la intérprete se está recuperando poco a poco, la realidad es que el golpe emocional tras la muerte de Massimo Stecchini continúa muy presente. La pérdida de quien fue su compañero de vida durante 35 años marcó un antes y un después en el ánimo de Pepa Flores, que desde entonces atraviesa una etapa especialmente vulnerable tanto física como emocionalmente. La preocupación familiar alrededor de Pepa Flores aumentó especialmente después de ese ingreso hospitalario que, hasta ahora, no había trascendido públicamente. Según explicó Jorge Borrajo, director de dicha revista, en el programa 'El tiempo justo', la pérdida de peso derivada de aquel percance encendió todas las alarmas en su entorno más cercano. «Sus tres hijas se han reunido y han decidido tomar importantes decisiones. Las tres han reorganizado algunos aspectos personales y económicos», aseguraron en el citado espacio de Telecinco sobre la situación actual de la actriz. Actualmente, Pepa Flores reside junto a Celia Flores, la menor de sus hijas, mientras María Esteve y Tamara Esteve permanecen igualmente muy pendientes de su evolución. Las tres nacieron fruto de su matrimonio con Antonio Gades, el legendario bailarín con quien compartió su vida entre 1973 y 1986. Entre las decisiones familiares también habría estado la reorganización de algunas de sus propiedades en Málaga. Además, según el citado medio, la actriz ya habría vendido el ático que poseía en La Malagueta y otra de las medidas más dolorosas habría sido desprenderse de su finca en Moclinejo, el refugio rural donde cuidaba animales y cultivaba su propio huerto lejos completamente del foco mediático. Para entender el estado emocional actual de Pepa Flores, su entorno insiste en mirar inevitablemente hacia septiembre de 2023. Fue entonces cuando murió de manera repentina Massimo Stecchini, el empresario italiano con quien compartió más de tres décadas de vida en Málaga. «Hay que trasladarse al momento en el que muere Massimo para entender qué le ocurre. Y es que pasó de la máxima felicidad a una tristeza profunda y a un estado de ánimo bastante bajo que no termina de levantar», explicaron también en 'El tiempo justo'. Massimo fue mucho más que una pareja para la artista. Representó el equilibrio y la estabilidad emocional que Pepa Flores llevaba décadas buscando lejos de la industria, de la fama y del personaje de Marisol. José Aguilar, biógrafo de la actriz, llegó incluso a explicar que Stecchini «la entiende muy bien, algo que en parte no es fácil por la contradicción en la que vive Pepa: alguien que quiere ser anónimo pero a quien siempre reconocen». La pérdida también afectó profundamente a sus hijas y nietos. Especialmente emotivas fueron las palabras de despedida que Celia Flores publicó tras la muerte del empresario italiano. «Mi nonnito, mi vida entera. En un segundo se paralizó todo, se nos rompió el alma», escribió entonces la cantante. Durante años, Pepa Flores construyó en Málaga una vida completamente alejada de los excesos y muy conectada con hábitos sencillos y cotidianos. Precisamente esa tranquilidad incluía también una alimentación basada en productos frescos, cocina casera y muchos alimentos cultivados por ella misma en su finca de Moclinejo. El huerto que mantenía en la propiedad se convirtió durante mucho tiempo en una de sus grandes rutinas diarias. Allí cultivaba verduras, hortalizas y productos propios ligados a una dieta mediterránea muy básica, alejada de sofisticaciones y vinculada completamente a la vida tranquila que eligió construir tras abandonar definitivamente la vida pública. Personas cercanas a la actriz explican desde hace años que Pepa siempre apostó por comidas ligeras, pescado, verduras frescas y recetas tradicionales andaluzas, manteniendo hábitos muy alejados de cualquier tipo de extravagancia pese a haber sido una de las artistas más famosas del país. Sin embargo, tras el importante desgaste emocional sufrido desde la muerte de Massimo y el posterior ingreso hospitalario, una de las mayores preocupaciones de su entorno ha sido precisamente recuperar peso y fortalecer físicamente a la actriz después del deterioro sufrido en los últimos meses. La historia de Pepa Flores siempre ha estado marcada por el contraste entre la exposición extrema y el deseo absoluto de desaparecer. Convertida en fenómeno social desde niña bajo el nombre de Marisol, terminó asociando aquella etapa de su vida a experiencias profundamente dolorosas que ella misma llegó a denunciar públicamente años después. Por eso su retirada nunca fue un gesto pasajero ni una estrategia temporal. Fue una ruptura radical con todo lo que representaba aquella exposición permanente. Málaga se convirtió entonces en su refugio definitivo, en el lugar donde reconstruir una vida anónima junto a su familia. Ni siquiera acudió personalmente a recoger el Goya de Honor que recibió en 2020. Fiel a la decisión que tomó hace ya más de cuatro décadas, Pepa Flores continúa defendiendo el derecho a vivir lejos del ruido, incluso ahora, en uno de los momentos más delicados y vulnerables de toda su vida.