La casa madre de Lucía Freitas no es una de esas en las que el compromiso del chef con el territorio puede más que sus guisos. En A Tafona se escucha el relato, pero hay mucho plato. A la cocinera gallega que defiende el producto local, a la militante de la visibilidad femenina en la gastronomía, no se le va la fuerza por la boca. De su cabeza sale una cocina tan personal como sólida, una sucesión de platos refinados y sabrosos que son hijos de una preocupación por la memoria, pero que han crecido y caminan más allá de Galicia, hacia ese territorio imaginario donde solo reina el placer de la mesa. Su menú largo, Alba de Gloria, parte...
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