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Май
2026

La noche en que Ed Sheeran ‘frenó’ la lluvia para su concierto en Costa Rica: ‘¡Son un país maravilloso!’

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Ni la lluvia ni el frío lograron apagar la chispa de Ed Sheeran, quien convirtió un aguacero en un telón de fondo durante su esperado reencuentro con el público costarricense, la noche de este sábado 30 de mayo en el Estadio Nacional.

Aunque su salida se retrasó 30 minutos, la espera se llevó con calma porque, cuando apareció, lo hizo con la cercanía que lo define: desde el corazón del estadio, en un escenario secundario que lo colocó en medio de su gente.

Como si también llevara el ritmo del clima, Sheeran pareció domar la lluvia. Gota a gota, el aguacero cedió hasta desvanecerse, como si la noche entendiera que era momento de escuchar.

Minutos antes, el dúo Honahlei había encendido al público bajo una lluvia inclemente sobre la tarima principal, sin techo que los protegiera. Fue un inicio valiente, casi simbólico, de lo que vendría después.

A sus 35 años, el británico salió al encuentro de miles de seguidores envueltos en capas, sombrillas y ropa empapada, pero con la emoción intacta. Bastaron los primeros acordes de You Need Me, I Don’t Need You para que el estadio comenzara a latir por su energía.

Con la naturalidad de quien conoce cada rincón del escenario, se trasladó sigilosamente hasta la escenario principal para regalar más sorpresas. “Gracias por estar aquí, Costa Rica. Lamento la demora, pero ya estamos listos para disfrutar y cantar”, dijo desatando una ovación cálida.

El viaje musical continuó con Sapphire, una fusión que respira influencias de la India, y alcanzó uno de sus primeros picos con Castle on the Hill, coreada, saltada y celebrada entre fuego, luces y visuales que pintaban el aire.

Antes de interpretar Shivers, Sheeran abrió una ventana a su proceso creativo: explicó que todo el concierto es completamente en vivo. Con su guitarra y un controlador de loops bajo sus pies, construye cada canción en tiempo real, capa por capa. Es ahí donde el nombre de la gira cobra sentido: un bucle que se repite, pero nunca suena igual.

Además de su virtuosismo, el artista no dejó de elogiar a Costa Rica. “Son un país maravilloso”, expresó, con una sonrisa que parecía sincera y constante.

Entonces corrió de vuelta al escenario secundario para acercarse aún más al público. Luego, con Eyes Closed, lo invitó a acompañarlo con palmas y coros. Como respuesta, miles de luces de celulares se encendieron, convirtiendo el estadio en un cielo de luciérnagas que respiraban al compás de la música.

La noche avanzó hacia su lado más íntimo. Con Lego House, las parejas se abrazaron, y con Happier, el romance se sintió en el aire, casi tangible.

Más adelante, interpretó Give Me Love y dio paso a un bloque con tintes más folk y country. “Esta la escribí hace 10 años”, comentó antes de arrancar con Galway Girl, celebrada con saltos y gritos por sus seguidores más fieles. Le siguieron I Don’t Care y Old Phone, convertidas en un coro colectivo.

El escenario llegó a teñirse de rojo mientras imágenes recorrían las pantallas durante Photograph, una de sus composiciones más emblemáticas, capaz de detener el tiempo por unos minutos.

Fiel a su historia como compositor, Sheeran también rindió homenaje a canciones que escribió para otros artistas, como Eastside, Cold Water y Love Yourself, interpretándolas con la autoridad de quien conoce el origen de cada palabra.

Entonces llegó uno de los momentos más esperados: Thinking Out Loud. Las luces de los celulares volvieron a encenderse, flotando como estrellas cercanas, mientras el estadio cantaba al unísono una canción que ha marcado generaciones y romances.

La emoción continuó con Perfect, interpretada con una sensibilidad que parecía susurrada al oído de cada asistente.

Y cuando parecía que ya lo había dado todo, sorprendió con I See Fire, tema de El Hobbit: La desolación de Smaug, desatando la euforia de los fanáticos de la saga.

El cierre fue una explosión de ritmo con Shape of You, Azizam y Bad Habits, las cuales cantó vistiendo una camisa de Costa Rica.

Lo que comenzó como una noche húmeda terminó ardiendo en energía, no solo por la música, sino por el intercambio de cariño entre Sheeran y el público costarricense.

Más que un concierto, su paso por San José fue un recordatorio de su esencia: un artista que pasó de tocar en iglesias y bares pequeños a conquistar estadios alrededor del mundo, sin perder la cercanía. Ed Sheeran no solo canta historias; las construye en vivo, las comparte y las deja vibrando como un eco que se niega a desaparecer.




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