Добавить новость
ru24.net
World News
Июнь
2026
1 2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30

Flores comestibles, abejas premiadas y mujeres que transformaron una huerta en sustento: la otra cara de Reserva Conchal

0

Presentado por: Reserva Conchal

El desayuno llegó decorado con flores. Pequeñas, delicadas, perfectamente puestas sobre el plato. Al principio nos parecían un detalle estético, de esos que la hotelería de alto nivel sabe cuidar muy bien.

Solo después, durante el recorrido por la Huerta Najui, ese gesto tomó otro sentido: aquellas flores no venían de un proveedor externo. Las habían cosechado Filenia, Claudia y Carolina, tres mujeres de comunidades vecinas a cargo de la huerta de Reserva Conchal.

Ahí, entre camas de cultivo, hierbas aromáticas, vegetales y flores comestibles, se entiende una parte de la operación que normalmente no ve quien llega a esta propiedad buscando playa, descanso o lujo. La huerta no pretende abastecer todo el volumen de una operación hotelera de esa escala. Su papel es responder con rapidez cuando una cocina necesita un ingrediente fresco.

Las plantas parecen pequeñas cuando se observan por primera vez, pero de una sola mata pueden cosechar más de cien flores en una jornada. Esa capacidad de respuesta es parte del valor de la Huerta Najui dentro del sistema.

“Cuando en la cocina les hace falta algo y lo requieren rápido, nos lo piden y nosotras respondemos. Somos el plan de contingencia”, dice Carolina Canales, de la Huerta Najui.

Lo dice con orgullo. Y tiene razón. Ser la respuesta rápida, confiable y agroecológica dentro de una operación turística de ese tamaño no es un rol menor.

La Huerta Najui nació en 2019 como una iniciativa social y hoy sus tres operarias forman parte de la nómina de Desarrollos Hoteleros. El nombre lo eligieron ellas: Najui significa “mujer” en chorotega, lengua indígena de Guanacaste. Y aunque la huerta está dentro de Reserva Conchal, pertenece a otra lógica. No a la del turismo de lujo que la rodea, sino a la del trabajo comunitario, la autonomía económica y la posibilidad de que tres jefas de familia encuentren en la tierra una forma estable de empleo.

Un ciclo que empieza donde otros ven basura

Para entender de dónde sale el abono que alimenta la huerta, hay que ir al Centro de Valorización de Residuos. Jorge Moreno, su Jefe, explica el proceso con la convicción de alguien que ha aprendido a mirar los desechos de otra manera. Mientras habla, al fondo se escucha el golpe de botellas de vidrio: un camión las recoge para darles un segundo uso.

La escena ayuda a dimensionar el modelo. Ese día, al llegar, el camión municipal de basura terminaba su ronda semanal. El contenedor que se llevó era sorprendentemente pequeño para una operación como Reserva Conchal. La razón es sencilla: casi nada llega hasta ahí. Menos del 4% de los residuos generados termina en el relleno sanitario.

El resto se separa, se clasifica y se valoriza. Vidrio, plástico, metales, baterías de vehículos eléctricos, aspersores, luces LED y vajillas rotas tienen rutas distintas y aliados específicos. Holcim recibe materiales para coprocesamiento; Pedregal recupera otros; la Municipalidad de Santa Cruz colabora en procesos de recolección y monetización. Y los residuos orgánicos se convierten en compost que regresa a la tierra: al vivero y a la huerta.

Moreno insiste en una idea que resume bien la filosofía del lugar: “Ni siquiera le llamo área de residuos. Para mí esto es el centro de valorización de un negocio: le da valor a lo que ya no tiene valor”.

El sistema funciona porque cada colaborador de Reserva Conchal conoce el proceso. La clasificación empieza en la fuente —en cada cocina, habitación u oficina—. Si los residuos no llegan bien separados al Centro, el ciclo se rompe. Por eso la educación interna no es opcional. Es la base de una tasa de valorización que ronda el 96,57%.

Gabriela Meza, Gerente de Sostenibilidad de Reserva Conchal, explica por qué este modelo no es un programa aparte sino la columna vertebral del negocio:

“Nos enfocamos en la sostenibilidad como un sistema que integra todas las iniciativas bajo una misma sombrilla, porque nos permite interconectarnos con las comunidades donde operamos, con la naturaleza, con la biodiversidad. No es algo que se hace paralelo a nuestra estrategia de negocio: la sostenibilidad es parte integral desde el inicio y la base del desarrollo de nuestro negocio en la hospitalidad.”

— Gabriela Meza, Gerente de Sostenibilidad, Reserva Conchal.

La abeja reina

En el apiario, el guía baja un poco la voz antes de señalar uno de los paneles de la colmena. Ahí está la abeja reina. Verla durante una inspección no siempre ocurre; puede pasar una visita completa sin que aparezca. Esta vez sí apareció, y por unos segundos todos miran con una mezcla de curiosidad y respeto.

El Apiario Reserva Conchal nació en 2020 en alianza con Blue Zones y Mieles Nicoyanas. Hoy cuenta con 50 colmenas. Alexander Duarte, de Mieles Nicoyanas, lo pone en perspectiva con una cifra contundente: “Tenemos 2,5 millones de abejas colonizando 70 hectáreas de Reserva Conchal”.

Esas abejas polinizan cientos de hectáreas de bosque seco de la propiedad. La miel que producen ganó en 2025 el Premio Platino en los London Honey Awards, entre más de 250 muestras de todo el mundo. Fue la única miel costarricense en alcanzar ese reconocimiento ese año. Parte de su identidad viene del entorno: el manglar le da un perfil de sabor que los catadores notaron de inmediato.

“Es una miel dulce, a la vez saladita. Por eso fue el gusto de los catadores”, explica Duarte.

Cabe destacar que el 20 de mayo de 2026, con motivo del Día Mundial de las Abejas, Reserva Conchal anunció además el desarrollo de un plan piloto de laboratorio genético orientado a fortalecer las poblaciones de Apis mellifera mediante la selección de zánganos con características deseables. El objetivo es promover colonias más resistentes y adaptadas al entorno.

Y hablando de abejas, en Reserva cuentan con un meliponario -las abejas sin aguijón- el cual funciona como aula. Bajo un programa denominado Simbiosis, recibe estudiantes de escuelas locales para explicarles cómo se organiza una colmena y por qué proteger a las abejas es proteger mucho más que una especie.

Durante las visitas, los niños recorren el meliponario —que alberga cuatro especies de abejas nativas— y aprenden sobre su papel en la polinización local. También conocen de cerca los pasos de fauna, el manejo de los manglares y la importancia de la reforestación.

Es aprendizaje en contexto real, en el mismo ecosistema del que se habla. La idea es que los hábitos sostenibles se construyan desde la infancia, en el territorio donde esos niños van a crecer.

El aula que huele a cocina

En el Westin Reserva Conchal, un grupo de jóvenes sirve el almuerzo. A simple vista podría parecer una experiencia gastronómica más dentro del hotel. Pero quienes preparan, explican y presentan cada tiempo son estudiantes del Programa de Educación Dual que Reserva Conchal desarrolla desde 2014 en alianza con el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Ese día, el menú fue de varios tiempos, con maridaje incluido. Antes de sentarnos a la mesa, pasamos por la cocina. Ahí, los estudiantes explicaron la elaboración de los platillos, las técnicas utilizadas y las razones detrás de cada maridaje. Durante el servicio, presentaron cada tiempo en español e inglés.

El profesor Jairo Salazar, encargado del módulo de bebidas, resume el propósito del programa con una frase directa: “No venimos a hacer magia. Venimos a darle herramientas a muchachos que tienen ganas de cumplir sueños y metas, y que la comunidad vea desarrollarse en su vida”.

La lógica es aprender en contexto. No se trata de simular lo que ocurre en un hotel, sino de vivirlo. Los estudiantes cumplen horarios, protocolos y exigencias similares a los colaboradores. Las áreas de formación son Alimentos y Bebidas, y Cocina, con cursos piloto más recientes en mantenimiento para alojamiento temporal y estética de manos y pies. En 2024 se sumó un curso de inteligencia artificial con la Universidad Cenfotec.

Gabriela Meza, gerente de sostenibilidad de Reserva Conchal, quien lidera la iniciativa desde sus inicios, habla de las graduaciones con una emoción que doce años no han desgastado.

“Si hay un evento que me marca en estos doce años, son las graduaciones. Llegar y ver a esos papás, a esa familia, verlos graduarse con las mismas condiciones de una universidad privada... y que las familias puedan ver que ya hay un segundo aporte económico dentro del hogar”.

Desde 2014, el programa ha graduado a más de 400 personas. Más del 85% de sus egresados consiguió empleo y más del 70% inició su carrera dentro de Reserva Conchal. En 2025 se graduaron 47 estudiantes.

El vivero y el refugio: lo que sostiene el paisaje

El recorrido continúa en el Vivero Reserva Conchal, una pieza menos visible pero esencial para la operación. Tiene capacidad para más de 50.000 plantas en distintas etapas de crecimiento y más de 100 especies en producción. Sus sistemas de riego funcionan con energía solar y el sustrato incorpora compost producido en el Centro de Valorización. En 2025 entregó mas de 24 mil plantas para proyectos internos y de conservación.

El vivero permite sostener jardines, reforestar áreas estratégicas y reducir la necesidad de comprar plantas externas. También cierra un ciclo: lo orgánico se transforma en compost, el compost alimenta nuevas plantas y esas plantas regresan al paisaje.

Dentro de la propiedad también existe el Refugio Nacional de Vida Silvestre Mixto Conchal, fundado en 2009. Son aproximadamente 39,75 hectáreas de bosque seco tropical costero y manglar, integradas al Corredor Biológico Marino Costero Baulas-Conchal. Ahí habitan monos congo, pizotes, venados cola blanca, aves y otras especies que encuentran refugio en un entorno donde turismo y conservación conviven todos los días.

No es un parque temático. Es un área protegida real, con programas de monitoreo, restauración y educación ambiental.

Fabíán Fernández, Director Inmobiliario de FIFCO, resume en pocas palabras lo que une a todos estos proyectos:

“La hospitalidad es una forma de conectar a las personas con el entorno que nos rodea. No se trata solo de tener amenidades de clase mundial ni de ofrecer un servicio excelente, sino también de poder crear experiencias únicas que permitan a las personas conectar con la naturaleza y con la comunidad. Para nosotros la sostenibilidad no es solo un requisito: es una forma de vida y está en nuestro ADN.”

— Fabián Fernández, Director Inmobiliario, FIFCO

La otra cara del turismo

Al final de la gira queda una pregunta inevitable: ¿cuántos desarrollos turísticos del país podrían contar una historia parecida? Reserva Conchal es conocido por sus hoteles, su campo de golf, sus residencias y su playa. Pero detrás de esa imagen hay otra estructura menos visible, hecha de huertas, abejas, residuos que vuelven a tener valor, jóvenes que aprenden un oficio y un bosque que sigue en pie.

Esa es, quizás, la parte más interesante del recorrido. La sostenibilidad deja de ser una palabra puesta en un informe y se vuelve algo concreto: una flor comestible sobre un plato, una botella que no llegó al relleno sanitario, una colmena reubicada, un estudiante explicando en inglés el maridaje de un postre, una planta que vuelve al paisaje después de nacer en el vivero.

Costa Rica ha construido buena parte de su identidad turística alrededor de la naturaleza; por eso, el reto no es solo atraer visitantes, es demostrar que el desarrollo puede generar oportunidades para las comunidades, cuidar el entorno y dejar algo más que una buena experiencia de viaje.

Para

BRAND VOICE es la unidad de generación de ideas y contenidos de GRUPO NACIÓN para las marcas con distribución en sus plataformas digitales y redes sociales. Este contenido fue producido para un anunciante y publicado por Brand Voice.




Moscow.media
Частные объявления сегодня





Rss.plus
















Музыкальные новости




























Спорт в России и мире

Новости спорта


Новости тенниса