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Moncloa activa un comité de crisis por las notas de Leire Díez

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El Gobierno lleva tiempo tachando semanas infernales del calendario. Una tras otra. Sin respiro, sin descanso. Estos últimos siete días han sido de los más aciagos que se recuerdan en el Palacio de la Moncloa, según coinciden varios dirigentes socialistas y miembros del Gobierno consultados por LA RAZÓN. La sensación de asedio y descomposición se ha instalado en parte del gabinete.

La explosión judicial de las cloacas del PSOE ha sacado a la luz las tropelías de la exmilitante socialista Leire Díez, quien medró a través de la estructura de poder del PSOE procedente de las bases del partido en Cantabria. Su aval fue su determinante apoyo a Pedro Sánchez durante las primarias de 2017 y que, años después, le habría llevado a ejecutar una operación ilegal diseñada en el corazón de Ferraz para neutralizar investigaciones judiciales y policiales que afectan al partido, al Gobierno y al presidente, cuyos intereses se debían salvaguardar a cualquier precio.

El objetivo de Leire Díez era «limpiar» dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de la Justicia. Su abnegada dedicación a la causa sanchista le abrió las puertas de Madrid cuando Sánchez llegó a Moncloa, en 2018. Los investigadores del caso sitúan al exsecretario de organización del PSOE Santos Cerdán al frente de la «trama».

Pero fue el exministro José Luis Ábalos quien la situó en Enusa, como responsable de comunicación. Luego «voló por libre», coinciden las fuentes consultadas. Leire Díez también pasó por Correos y, tras una accidentada salida, habría sido Santos Cerdán quien la puso al servicio de la fontanería del partido.

Moncloa empezó la semana armando un cortafuegos sobre el Gobierno. La explicación oficial a todo cuanto se iba conociendo después de que el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz acordara el levantamiento del sumario era que el culpable de todo cuanto operó en el subsuelo de Ferraz fue responsabilidad de Cerdán, con quien el partido ya había ajustado cuentas.

Pero durante la semana aparecieron las notas manuscritas en los cuadernos de Leire Díez. La crisis escaló. Y el Gobierno empezó a convulsionar, porque en ellos aparecía toda una catarata de alusiones a supuestas citas con miembros del Ejecutivo que negaron haberse visto con ella. El primer bombazo cayó en el Ministerio del Interior, cuyo titular está de nuevo en la cuerda floja.

LaGuardia Civil tiene acreditadas al menos tres reuniones entre Leire Díez y la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. El golpe fue demoledor, porque el ministro, Fernando Grande-Marlaska, negó que su mano derecha en el Instituto Armado se hubiera visto alguna vez con Leire Díez. «Ahí empezó a desbordarse todo», explica una fuente del Ejecutivo. En ese momento se dio la orden de guardar silencio y se empezó a preparar la atención a medios de Sánchez, que tuvo que salir a marcar su propia defensa: negar cualquier conocimiento de la «trama».

Fue justo en ese momento cuando el equipo de personas de confianza del presidente en Moncloa activaron un comité de crisis, con los responsables técnicos y los equipos de comunicación del resto de ministerios, especialmente los aludidos. A todos les llegan las notas manuscritas de Leire Díez y las empiezan a peinar para intentar responder a una ofensiva brutal. En una de las agendas de la exmilitante aparece una supuesta reunión con una persona que responde a las iniciales de P.S.

En el Gobierno empezaron a sudar. «Se estaba apuntando al presidente del Gobierno, había que actuar, porque el presidente nunca se ha visto con esa señora», conceden en Moncloa. Y así fue como el Gobierno salió al quite: «Desmentimos rotundamente cualquier encuentro del presidente Pedro Sánchez con Leire Díez como se está insinuando en algunas informaciones. En línea con lo apuntado por el jefe del Ejecutivo en sus declaraciones a los medios de comunicación, el presidente nunca ha conocido, ni avalado, ni ha sido informado de las andanzas de Díez, que nunca habría tolerado».

El Gobierno sigue continúa analizando la documentación que se ha hecho pública para armar su defensa.

El presidente, que comparecerá el próximo 24 de junio en el Congreso para responder políticamente por la crisis de corrupción, no se esforzó en rebatir los hechos. Su prioridad fue negar haber tenido conocimiento de ellos.

Una diferencia aparentemente sutil, pero decisiva. Porque el debate ya no gira únicamente en torno a lo que ocurrió, sino también a quién sabía qué dentro de la cúpula socialista. Solo Santos Cerdán podría arrojar luz sobre esa incógnita, aunque el exdirigente continúa negando la existencia misma de la operación y el viernes volvió a hacerlo a través de sus abogados. En Moncloa, entretanto, la consigna permanece intacta: Sánchez no sabía nada. Ni antes ni ahora admiten otro relato posible. Pero tanto en el Gobierno como en Moncloa van a lo suyo.

Sánchez, en esta sacudida final apunta bien quién le secunda y quién se hace el loco. En el Consejo de Ministros hay quienes están dejando que sea el presidente quien se coma el marrón. Hace unas semanas que Sánchez ha abierto un examen de lealtades. Es el momento de no retorno del sanchismo. España, mientras, recurre en estos días previos al verano al incienso de las iglesias para camuflar el hedor de las cloacas.




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