El voto, como la bandera, se respeta
Hoy 7 de junio recordamos la inmolación de compatriotas en la batalla de Arica. Este año coincide con la jornada en que también los peruanos ejercerán su derecho a ser pieza fundamental de la construcción de una nación que, desde mucho antes de la guerra del Pacífico a finales del siglo XIV, intentamos, como sociedad tan diversa, construir.
El historiador Jorge Basadre decía que el Perú llegó a 1880 con “héroes dispuestos al sacrificio” y con instituciones, que ya desde entonces, eran profundamente frágiles.
En una lectura posterior, la historiadora Carmen McEvoy explicaba que después del desastre que sobrevino en el país tras la guerra perdida, la nación se sostuvo, sobre todo, en símbolos. En ese sentido, “El último cartucho”, “la bandera de don Alfonso Ugarte”, “la respuesta de don Francisco Bolognesi” son solo algunos de los relatos que mantuvieron, y siguen manteniendo, unida la idea de un Perú, a pesar de los embates que, por ejemplo, una guerra puede dejar.
Este trabajo de memoria en un día como hoy, en el que los peruanos deciden a su próximo mandatario o mandataria, debería darnos perspectiva como sociedad. Son, sin duda, tiempos de desafíos democráticos que, con la sola elección, no encontrarán solución inmediata a todos los problemas que tiene sobre sí este proyecto de país.
Llegamos a estos comicios con una alta desconfianza interpersonal, una de las más altas de la región, y no solo hacia los políticos, sino también hacia el que piensa distinto. Y esto último es medular. Precisamente por eso el sufragio, como la bandera, es un pacto mínimo que sostiene al país. Se respetan ambos porque, al final del día, debieran confirmar que cabemos todos en una misma patria.
En Arica, los peruanos cumplieron con su deber ante un Estado naciente. Miles de ellos murieron, olvidados y dejados a la deriva por las autoridades de entonces. Sin embargo, nadie podría decir con justicia que su sacrificio fue en vano. Fue gracias a ese acto heroico, basado en la confianza entre distintos y sufridos, que el Perú pudo reconstruirse, no gracias a las mezquindades que siempre aparecen en la historia.
Sostener esta idea de peruanidad implica asumir también que el deber ciudadano pasa por respetar cada voto. El del norte y el del sur. El de la costa, la sierra y la Amazonía. El que coincide con uno y también con el que piensa distinto.
Se cuenta que la bandera que Ugarte salvó de las manos del ejército invasor se tejió con trocitos distintos. Esa misma conjunción de distintos, que es la república que también hoy anhelamos, necesita a todos. Y ello solo se logra respetando la voluntad popular, hoy observada por garantes internacionales y los peruanos que son parte de esta fiesta democrática. Recordemos pues que el voto, como la bandera, se respetan. Y eso es tarea de todos.
