Juan Manuel Rojas fundó en 2002 en Sevilla, junto a Laura Domínguez, el estudio Hombre de Piedra Arquitectos, pionero en Andalucía de la arquitectura industrializada. El estudio de este arquitecto sevillano con más de 25 años de experiencia ha recibido el Premio Andalucía Inmobiliaria al mejor proyecto innovador por la Terminal de Cruceros del Puerto de Sevilla, y el Premio Rebuild Advanced Architecture a la mejor obra industrializada por la Casa Escondida. Rojas, que da clases de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, sostiene que hacen falta un millón de albañiles en España para poder hacer las viviendas que se necesitan y esa falta de mano de obra sería otra razón más, según él, para construir las viviendas en las fábricas y no en los sitios de obra. ¿Cómo definiría la cualificación actual de los profesionales del sector de la construcción en España? -El oficio de la albañilería ha cambiado mucho. Antiguamente a un maestro de albañil le tenías muy poco que decir porque él sabía perfectamente cómo debía labrar el muro. Y sabía cómo debía hacerlo casi todo mejor que tú. Actualmente no te puedes fiar de nadie y es un peligro lo que ocurre en las obras, porque no hay cualificación. Si yo tuviese los albañiles que hicieron la Plaza de España, yo diseñaría la Plaza de España, pero desgraciadamente no tengo esos albañiles. -¿No cree que eso está pasando también con otros muchos oficios y profesiones? Se está perdiendo la excelencia... -El que se quiere dedicar ahora a las profesiones manuales, las profesiones consideradas de bajo nivel en el sentido que te pagan mal, es porque no le queda otra cosa. Antes existía un orgullo de trabajador, de albañil, un orgullo de hacer bien las cosas, porque había un oficio, el maestro albañil, que además lo era porque el padre lo fue; y ese tipo de de saber hacer, de orgullo del artesano, se ha perdido. El orgullo artesanal se ha perdido y el valor de lo manual. -Es una pena. -En una sociedad avanzada se puede mantener un nivel de artesanía que esté rayando en el arte. Y se paga a otro precio diferente. Pero también es cierto que tú no puedes basar realmente el bienestar de una sociedad en el trabajo artesano. Desde la revolución industrial casi todos los objetos que nos rodean, los ha fabricado la industria. Y la gente los puede tener porque esa fabricación industrial ha permitido que se bajara el precio. Por mucho que critiquemos que se ha perdido lo artesanal -que yo me voy a cualquier pueblo y veo como hacen ciertas cosas de barro y me parece alucinante- Pero eso no es lo que he mantenido nuestra sociedad del bienestar, lo que la ha mantenido es una capacidad de producción muy alta de productos a bajo precio. - ¿No podrían convivir lo artesanal y lo industrial, ser complementarios? -Sí. Pero trabajar con las manos, como hace un alfarero, es actualmente un lujo y se debe pagar a un precio de lujo. Un buen artesano es un artista. Pero volviendo al tema de la vivienda, no se puede resolver el problema de la vivienda con artistas. Se necesita una producción masiva y económica, es decir, industrializada. -¿Cuál es el nivel de los arquitectos andaluces? -El nivel de los arquitectos andaluces y españoles es bastante grande, de hecho es el más uno de los más elevados de Europa porque se los considera con una gran capacidad técnica. Mi afán es que esa capacidad técnica se ponga al servicio de la construcción industrializada. Los arquitectos españoles hemos conseguido ser los arquitectos que más responsabilidad tienen sobre la construcción de todos los arquitectos europeos y ser a la vez los que menos cobran por honorarios, junto a Bulgaria y Rumanía. Esto es algo curioso y digno de estudio. Esa distorsión también afecta a la capacidad de producir viviendas. -Con la crisis de 2008, muchos arquitectos tuvieron que reinventarse o emigrar fuera de España. ¿Han regresado algunos? -A muchos de los que se fueron les ha ido bien. Pero es triste que se aprovechen otros países de la inversión que la sociedad española hizo en su formación. Ese talento es algo que deberíamos retener, incluso recuperar. Y yo creo que se puede hacer con la arquitectura industrializada, que establece una nueva regla para que los arquitectos vuelvan. Podría ser una oportunidad estupenda porque necesitamos realmente a todos pensando en cómo hacer esta nueva viviendas.