Un Congreso crispado para dar la bienvenida al Papa
Este lunes, León XIV se subirá a la Tribuna del Congreso y pronunciará un discurso ante los diputados y senadores, además de otros invitados y representantes del Estado. Nunca antes en la historia había sucedido que un Papa se dirija al Parlamento español, y la expectación campa por las cotas más altas. Aunque Robert Prevost no tiene la espontaneidad y el don para meterse en líos de su antecesor, Francisco I, lo que va trasluciendo de su pontificado apunta a que tampoco guarda reparos a la hora de hablar sobre política, y sobre política hablará en el Congreso.
Lo hará, eso sí, ante un Parlamento profundamente dividido, paralizado ante su labor legislativa, con una crispación que también tiene escasos precedentes y en el que su mensaje, que ahora mismo es como una moneda lanzada al aire y habrá que ver de qué lado cae, se usará como arma arrojadiza por unos y otros. La estampa será como la de una película de Paolo Sorrentino, con lo divino y lo mundano chocando entre sí.
El primer interesado en que la visita del Papa acapare todo el foco mediático y social es el Gobierno. León XIV llega en un momento en el que al Ejecutivo de Pedro Sánchez se le acumulan los escándalos de corrupción y para Moncloa supone un respiro que, durante casi una semana, los telediarios arranquen con la visita de su santidad y no con imágenes recurso de la UCO entrando en la sede del PSOE, en la calle Ferraz.
Además, en Moncloa ha crecido repentinamente el ánimo vaticanista del Gobierno, fruto de la idea de que el discurso que pronunciará León XIV irá muy en línea con algunos de los mensajes que defiende Sánchez sobre asuntos como, por ejemplo, la inmigración o el no a la guerra. Ya tras su reciente visita al Vaticano los servicios de prensa del Ejecutivo se fajaron para subrayar la "sintonía" entre ambos mandatarios y la visión compartida sobre los asuntos de trascendencia global.
En el PP ya han detectado que Sánchez podrá acabar adueñándose del mensaje y le piden que "no patrimonialice la visita del Papa", según dijo el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. El regidor calificó de "oportunidad única" el que pueda dirigirse a las Cortes Generales y recomendó aprovecharla "para fortalecernos como sociedad". La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, fue algo más lejos y, sin seguir los consejos de su compañero de partido, aseguró en una entrevista con este diario que el presidente es "un farsante que busca rentabilidad y blanqueo con la visita del Papa".
Pero el conflicto entre el Gobierno y la oposición no es la única reyerta política que sobrevuela la visita de este lunes. También han contribuido a calentar los ánimos algunos socios del Ejecutivo. Por un lado, tanto Podemos como BNG han anunciado que plantarán al pontífice porque le consideran un "cómplice" de los abusos de la Iglesia católica en España. Son los únicos partidos que no acudirán a la Cámara Baja. Junts y ERC sí que asistirán al acto, pero también han estado presionando al Papa (por carta) para pedirle que hable en catalán durante la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, en Barcelona.
Tampoco Vox pasa ahora mismo por su mejor momento en cuanto a sus relaciones con la Iglesia. En el centro de la disputa está el asunto migratorio, un pináculo para el discurso de los de Santiago Abascal y cuyas posturas han sido duramente criticadas por la Conferencia Episcopal Española. Los religiosos se han llegado a pronunciar en contra del concepto de "prioridad nacional" que Vox está incluyendo en sus acuerdos autonómicos con el PP y Abascal llegó a acusarles de "hacer negocio" con la inmigración.
Hay que recordar que el propio León XIV se pronunció, el pasado mes de abril y en español, defendiendo que los Estados tienen derecho a poner reglas para traspasar sus fronteras pero que, una vez que los migrantes llegan a un país, "hay que tratarlos como seres humanos, no como animales". Cualquier guiño en esta dirección en su discurso no será bien recibido por Vox.
Pero ante la visita del Papa la formación de Santiago Abascal sí ha procurado hacer algunos gestos en las últimas semanas para aligerar su relación con la Iglesia. El más notable de ellos sucedió el pasado 12 de mayo cuando el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, acudió a un acto del secretario general de la Conferencia Episcopal para escenificar la distensión. Se llevó algún dardo en contra de la prioridad nacional, pero ahí quedó el gesto. Habrá que ver si para Vox es un estado de ánimo pasajero o si tiene recorrido a largo plazo.
Todas estas cuitas, sin embargo, sucederán por debajo de la piel. En la superficie, el Congreso se engalonará y recibirá al Papa como se recibe a los altos mandatarios extranjeros, pero con la particularidad de que en esta ocasión, además de jefe de Estado del Vaticano, es el líder de la Iglesia católica.
El acto arrancará a las 10:30 de la mañana, cuando el pontífice será recibido en la Carrera de San Jerónimo por la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y el del Senado, Pedro Rollán. Acto seguido entrará en el Patio de Floridablanca, donde le esperarán Pedro Sánchez; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, y la presidenta del Tribunal Supremo, Isabel Perelló. Después, accederán al Salón de los Pasos Perdidos, donde León XIV saludará a Alberto Núñez Feijóo y al resto de portavoces parlamentarios, firmará en el Libro de Honor y le darán dos regalos, uno por parte del Congreso y otro por parte del Senado. Posteriormente, entrará en el Hemiciclo para dirigirse a la Cámara.
Además de los diputados y senadores, atenderán a sus palabras otras autoridades. Ahora mismo, entre los confirmados destacan los expresidentes del Gobierno Mariano Rajoy y José María Aznar (Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero han rehusado acudir) y los presidentes autonómicos Salvador Illa, Adrián Barbón, Fernando López Miras y Jorge Azcón.
