El grupo de WhatsApp de la posible (o no) condena en el "caso David Sánchez"
Era lógico pensar que nadie iba a tirar de la manta ante el tribunal que enjuicia el presunto "enchufe" del hermano del presidente del Gobierno en la Diputación de Badajoz. Ni los testigos, ni los acusados. Sobre todo, porque, o bien, muchos de ellos siguen trabajando en el ente provincial, o bien, han sido ascendidos. También, en parte, porque otros tantos comparten la rama ideológica ya no solo del socialismo, sino del "sanchismo", aunque algún letrado se esforzó en demostrar lo contrario con la crisis del PSOE y el "susanismo". Pero lo que, desde luego, era inimaginable es que los acusados ejecutaran una defensa de David Sánchez (con quien comparten banquillo) completamente medida y estudiada en sus respectivos interrogatorios.
Claro que, según pudo conocer este periódico, cada asunto, cada estrategia o cada táctica se desmenuzaba en un grupo de WhatsApp compartido por todos los letrados de las defensas. El que llevaba la batuta no podía ser otro que el abogado de David Sánchez, Emilio Cortés. Sobre todo, porque de entre el resto, era el único penalista y quien daba instrucciones sobre cómo proceder o, al menos, ideas de una planificación para salvar de la imputación a cada cliente. El planteamiento fue básico: si mi cliente (David Sánchez) sale inocente, el resto por ende también. La cuestión ahora es si, tras ese intento (sin éxito) de mostrar un bloque compacto y sin fisuras, se intercambiarán también mensajes en aquel grupo de WhatsApp para hablar de la posible y futura ( o no) condena de todos los implicados en el "caso David Sánchez".
Porque, desde luego, que el juicio arrancaba con una imagen dubitativa de qué pasará y cómo será el devenir de las cosas al pie de las testificales que bajaron el suflé contra el hermano de Sánchez. Pero, conforme pasaban las sesiones de horas incansables, la posible condena parecía acercarse. Incluso, las propias defensas con el letrado de David Sánchez dirigiendo el cotarro preguntaban a los periodistas que cómo lo veían ellos.
Ni siquiera (aunque todavía es pronto para decirlo) tuvo efecto la defensa conjunta de casi todos los acusados (por no decir todos), que optaron para sus respuestas ante la sala judicial de Badajoz por tres vías. La primera, asegurar que "no conocían de nada" al hermano de Pedro Sánchez cuando se le creó a dedo (o no) la plaza como coordinador de los conservatorios superiores del ente provincial.
La segunda, encumbrar al "hermanísimo" para presentarlo como una eminencia del mundo musical. Tanto que, dieron a entender que de no haber sido por él, Badajoz no conocería lo que es una ópera. "Solo la idea del proyecto ya fue un éxito"; "Visto desde hoy, le hubiera subido el sueldo"; "Era un proyecto que crecía, era un proyecto exitoso"; "era el mejor"; "presentó el proyecto más interesante de todos", fueron algunas de las frases que se escucharon en sus comparecencias ante el presidente del tribunal José Antonio Patrocinio.
Y, la tercera vía fue la de atacar las conclusiones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil por su "desconocimiento en el funcionamiento de la Administración Local" (como llegaron a pronunciar algunos letrados). Claro que, los agentes ratificaron lo que la instructora del caso, la magistrada Biedma, también avaló: que había muchos indicios que evidenciaban que la contratación de David Sánchez no siguió los cauces legales establecidos, sino una corriente «superior» con capacidad de influencia política. Y todo ello lo pronunciaron en el mismo momento en que se conocía la existencia de unas "cloacas" socialistas que trataron de desprestigiar las decisiones de la jueza.
Eso sí, las defensas de los acusados no fueron las únicas que quisieron mermar la credibilidad de los agentes y, en concreto, del teniente coronel de la unidad Antonio Balas. La fiscal del caso hizo apenas determinadas intervenciones contadas, que iban encaminadas o a tratar de buscar una contradicción en el relato del investigador de la corrupción, o encaminadas a salvar al expresidente extremeño Miguel Ángel Gallardo de la condena.
El objetivo de la representante del Ministerio Público parecía ser convencer al tribunal de la absolución de los miembros del banquillo. O, al menos, eso fue lo que se respiraba en el ambiente y con un detalle cuanto menos novedoso: estaba sentada junto a los letrados de los acusados y no de las acusaciones como suele ser lo propio. Porque la misión del Ministerio público no es otra que promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad y salvaguardar los intereses del Estado.
En definitiva, en una causa nacida bajo la sospecha de favoritismo, los acusados optaron por construir una defensa común basada en la misma idea: que la trayectoria de David Sánchez en la Diputación de Badajoz respondió a méritos profesionales y no a vínculos familiares. Y todo ello ideado en un grupo de WhatsApp que, seguro, seguirá siendo alimentado de mensajes para debatir la estrategia final a la espera del veredicto del tribunal.
