Santos Cerdán: el hombre fuerte de Sánchez que quiso saber demasiado con "malas artes"
La mayor amenaza para Pedro Sánchez no es que la investigación de las cloacas del PSOE, que dirige el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, termine encontrando una prueba que le vincule directamente con la trama atribuida a Santos Cerdán.
Es otra mucho más sencilla y, quizá, más difícil de combatir políticamente: que cada nueva revelación haga menos verosímil que el colaborador en el que más confió durante los últimos años actuara sin que él supiera absolutamente nada.
Santos Cerdán fue durante casi un lustro el superhéroe del sanchismo. Otro caído en presuntas corruptelas, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, le bautizó como «súper Santos». Era el hombre que resolvía las crisis internas, disciplinaba al partido, negociaba con los socios más difíciles y ejecutaba los encargos más delicados del presidente.
Ningún dirigente socialista acumuló tanto poder sin ocupar una cartera ministerial. Pero su caída no solo destruyó su carrera política. También ha abierto una pregunta incómoda para Sánchez: cómo pudo depositar tanta confianza en alguien que hoy aparece en el centro de la mayor amenaza para su supervivencia política. Y, sobre todo, cómo pudo desarrollarse una estructura que trabajaba en beneficio político del presidente sin que el presidente supiera nada.
Nadie ha acreditado hasta ahora que Sánchez conociera las actividades que investiga la Audiencia Nacional. Él mismo ha negado haberlas conocido o amparado, consciente de su total ilegalidad.Solo Santos Cerdán podría arrojar luz al respecto, pero él sigue negándolo todo y victimizándose.
Ahora bien, la coincidencia entre los objetivos que perseguía presuntamente la trama y el discurso político que el presidente empezó a construir tras sus cinco días de reflexión, en abril de 2024, se ha convertido en uno de los elementos más incómodos para Moncloa.
Hasta el momento, la investigación deja una incógnita que sigue sin resolverse: cómo se conectaban, si es que se conectaban, los movimientos de la trama, de la que era brazo ejecutor la exmilitante socialista Leire Díez, con el núcleo de poder de Moncloa.
En ese punto emerge una figura: Antonio Hernando. El actual secretario de Estado de Telecomunicaciones participó, según reconoció él mismo, en la reunión celebrada en Ferraz a finales de abril de 2024, cuando Pedro Sánchez anunció su intención de retirarse a reflexionar si le compensaba continuar presidiendo el Gobierno tras la apertura de diligencias contra su esposa y que los investigadores sitúan en el origen de la operación urdida en el corazón del número 70 de la calle de Ferraz.
La presencia de Hernando no prueba por sí misma ninguna coordinación con el presidente, pero sí le convierte en el eslabón institucional más próximo a la Moncloa que aparece en aquel encuentro. La relevancia de Hernando no deriva únicamente de su asistencia a esa reunión.
También lo hace de su posición en la estructura de poder del Gobierno. En aquel momento, dependía orgánicamente del Gabinete de la Presidencia y formaba parte del reducido elenco de estrechos colaboradores que mantenían interlocución permanente con Sánchez.
Cerdán tuvo asiento durante un tiempo en ese mismo núcleo que gravita alrededor del presidente semanalmente. Era frecuente verle por Moncloa compartiendo desayunos con él. Su sumisión al «one» le llevaba, incluso, a quedarse con hambre.
–¿Qué quiere para desayunar?
– Yo, lo mismo que tome el presidente.
La dieta de Sánchez, meticulosamente seleccionada para que ingiera un equilibrio perfecto entre proteínas, grasas y carbohidratos saludables, no era suficiente para Santos, que cuando salía del Palacio se iba a comer unas porras a un bar de toda la vida. Aunque también degustó alguna que otra cena con Sánchez y su esposa en Moncloa. El superhéroe Santos terminó siendo mortal.
Sánchez cortó la cabeza de Cerdán, pero se puede librar de ella
El presidente le cortó la cabeza cuando la UCO le atribuyó, hace ahora un año, otro papel de villano: el de líder de otra trama de enriquecimiento ilícito a través del amaño de contratos de obra pública. Santos Cerdán quiso saber demasiado. Y parece que se pasó de listo. La tesis de los investigadores es que la trama de las cloacas no actuaba, en absoluto, de forma improvisada.
Según la UCO, existía una estructura estable, apoyada en empresarios, abogados, ex cargos públicos y colaboradores políticos, cuyo objetivo era recopilar información comprometida sobre jueces, fiscales, agentes de la Guardia Civil y otros actores relevantes para las investigaciones que afectaban al PSOE.
Los agentes sostienen que Cerdán proporcionaba respaldo político, cobertura y recursos a esa red, mientras que Leire Díez desempeñaba funciones operativas y de coordinación. Toda una demostración de las «malas artes» que, precisamente, atribuye el presidente a la oposición para derribarlo.
El juez Pedraz también investiga si parte de la actividad de la trama fue financiada o con recursos vinculados al PSOE. Aunque todo parece indicar que así fue. Pedraz ha indagado en pagos, contratos, desplazamientos y servicios profesionales que, según la hipótesis judicial, podrían haber servido para sostener la actividad de la presunta organización criminal.
La historia entre Pedro Sánchez y Santos Cerdán no comenzó cuando el navarro alcanzó la secretaría de organización del PSOE en el verano de 2021. Para entonces, la confianza entre ambos estaba más que consolidada. Había sido construida durante los años más difíciles de la carrera política del presidente.
Tras la traumática defenestración de Sánchez en el comité federal del 1 de octubre de 2016, cuando gran parte del aparato socialista le dio por amortizado, Cerdán formó parte del reducido grupo de dirigentes que apostó por él contra casi todo el partido. Mientras muchos daban por concluida su trayectoria política, el dirigente navarro trabajó en la sombra para hacer posible su regreso.
Fue uno de los hombres que participaron en la reconstrucción del sanchismo desde la oposición interna. Integró el núcleo que organizó las primarias de 2017 y desempeñó un papel clave en la recogida de avales que permitió a Sánchez derrotar a Susana Díaz y recuperar la Secretaría General del PSOE.
Aquella campaña forjó vínculos que sobrevivieron a gobiernos, congresos y crisis internas. En los despachos improvisados desde los que se diseñó el retorno del líder socialista coincidían dirigentes que después ocuparían posiciones clave en el partido y en el Gobierno, pero pocos conservarían una influencia tan duradera como la de Cerdán hasta aquella fría mirada que le echó Sánchez en el Congreso.
Cuando el presidente acometió en julio de 2021 la gran remodelación de su Gobierno y prescindió de figuras tan determinantes como Carmen Calvo, José Luis Ábalos o Iván Redondo, el ascenso de Cerdán terminó de consumarse.
El navarro se convirtió en número tres y, desde ese momento, comenzó a concentrar una cuota de poder extraordinaria. La caída del hombre que durante años actuó como gran coordinador del sanchismo reforzó una tendencia que llevaba tiempo fraguándose: la concentración de las decisiones en un núcleo cada vez más reducido y la desconfianza hacia quienes no forman parte de él. La conclusión que extrajo Sánchez fue tan sencilla como contundente: cuanto menor es el círculo, menor es el riesgo de una decepción.
