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El alemán que aprendió español para dirigir zarzuelas

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Abc.es 
Christof Loy (Essen, Alemania, 1962) se ha tomado demasiado literalmente esa expresión que se utiliza para desear suerte en el ambiente teatral en su país -y en otros-: «Hals- und Beinbruch!» (¡Rómpete el cuello y una pierna!») y aparece en el Teatro de la Zarzuela en silla de ruedas por culpa de una caída durante un ensayo que le llevó por vez primera al hospital. Pero a pesar de la desgracia no pierde la sonrisa, lo mismo que el director de orquesta José Miguel Pérez-Sierra (Madrid, 1981). Los dos hablan para ABC días antes de que se estrene en la Zarzuela ' El gato montés' , una ópera de Manuel Penella que vio la luz en Valencia el 22 de febrero de 1917 y que estará en cartel en el coliseo de la calle Jovellanos entre el 10 y el 28 de junio. No es frecuente que un director de escena internacional se sumerja en un género netamente español como la zarzuela, aunque hay precedentes: Pier Luigi Pizzi, Giancarlo del Monaco, Graham Vick … Loy se enamoró de ella, confiesa, hace unos años, cuando asistió a una representación de 'La del manojo de rosas'. «Sentí como electricidad», dice en un correctísimo castellano, idioma que empezó a estudiar hace tres años: «Shakespeare aprendió español para leer el 'Quijote'; él para dirigir zarzuela», tercia Pérez-Sierra. Y es que el director alemán quiso «aprender todo sobre la zarzuela: los libretos, la música. Quise proponer a teatros internacionales alguna producción de este género y le pregunté a Daniel Bianco (anterior director del Teatro de la Zarzuela) por algún título que le pareciera más adecuado. Pero él lo que hizo es proponerme una producción aquí en Madrid. '¡No puede ser, si no he dirigido ninguna zarzuela, no puedo empezar aquí. Y hablamos de 'El gato montés', porque al no tener texto hablado me parecía más adecuada. Y surgió el nombre de José Miguel Pérez- Sierra». «El proyecto -interviene el madrileño- nació antes de que yo fuera nombrado director musical del teatro». Pero Loy no pudo esperar y propuso al Theater an der Wien programar una zarzuela, y así surgió ' Benamor ', de Pablo Luna (estrenada en enero de este año); antes, en septiembre de 2025 -aunque el proyecto se gestó el último de los tres- se estrenó en el Theater Basel ' El barberillo de Lavapiés ', de Barbieri -que la Zarzuela ha programado para junio de 2027-. «Me enamoró la mezcla de su contenido dramático y musical -cuenta el director de escena alemán-. Hay óperas como 'Le nozze di Figaro', de Mozart, una de mis favoritas, que ahora veo casi como una zarzuela cantada en italiano … Hay muchas tramas y personajes que podrían estar perfectamente en una zarzuela. Sus títulos presentan análisis políticos, sociales… Se habla de que son obras machistas, pero eso es porque no conocen el género; casi todas las zarzuelas que conozco yo son superfeministas, con mujeres inteligentes… Un poco como en Rossini, que siempre tienen a una mujer que es, al final, la que genera todo lo que ocurre. Claro que hay machismo en la zarzuela, pero lo que hace es denunciarlo. Y me admira también su capacidad de comunicación con el público, es uno de sus grandes atractivos. En el estreno de 'Benamor', por ejemplo, se repitieron todos los números musicales». Christof Loy, perfectamente conocido en el Teatro Real, el Liceo barcelonés o el Palau de Les Arts de Valencia ('Onegin', 'Rusalka', 'Capriccio', 'Werther'), ha creado, con Pérez-Sierra de la mano, una compañía de zarzuela, Los Paladines. «Mi idea -dice- es ayudar a que este género encuentre su merecido lugar en el mundo musical internacional , para dar a conocer la variedad y la calidad de piezas que, por injusticia e ignorancia, se han puesto en una caja a la que no pertenecen». No es el suyo el primer intento de 'internacionalización' de la zarzuela; José Tamayo, por ejemplo, presentó 'Doña Francisquita' en Viena en 1958, y cincuenta años después, en 2008, Emilio Sagi llevó a París 'La generala'. «Christof cuenta las zarzuelas igual que cuenta las óperas -elogia Pérez-Sierra-. Después de ver 'Benamor' o 'El barberillo de Lavapiés', el público de Viena y Basilea no pensaba en la España del calor, del tinto de verano o de Marbella. Si las puestas en escena se asocian demasiado a lo folclórico, el público puede quedar fascinado por el exotismo, pero no dejarán de ser un entretenimiento puntual. Sin embargo, si se cuentan 'El gato montés', 'El barberillo' o 'Benamor', da igual que sean tragedia o comedia, igual que se cuentan 'Oneguin o 'Capriccio'; con la misma sinceridad a la hora de delinear personajes humanos, se convierten en obras universales. Creo que esa es una manera magnífica de exportar la zarzuela, porque se consolida. Es cierto que la asocian más a la opereta, pero en Viena, el país de este género, 'Benamor' se llevó el premio a la Opereta del año. Esta operación de exportación de la Zarzuela que está haciendo Christoph es muy importante en ese sentido». El inconveniente del idioma no tiene por qué ser tal. «La gente -dice Loy- se ha acostumbrado a ver las películas en el cine y a través de las plataformas en su idioma original y con subtítulos. La zarzuela traducida no funciona; por eso hay que hacerla en castellano y con los textos hablados lo menos cortados que se pueda». Y completa Pérez-Sierra: «En Viena el público aplaudió un monólogo larguísimo de Milagros Martín y también otros parlamentos, eso no es muy frecuente en España tampoco. Es verdad que los sobretítulos han eliminado una barrera que hace treinta o cuarenta años sí teníamos». Cree el músico español que Christof Loy aporta al género una «visión objetiva de los personajes, enfocados de manera muy humana, de manera que puedan llegar a gentes de cualquier país. Es además uno de los directores de escena más musicales que conozco; es músico, claro, y el trabajo con él es conjunto. No hay ensayos musicales y ensayos de escena cada uno por su lado; no, construimos a la vez, porque yo necesito saber cómo es su idea teatral para hacer la música , sobre todo en una obra como 'El gato montés', que es una ópera y, por tanto, con mucho recitativo -aunque no me gusta esta palabra, porque parece música menor-, pero yo no soy capaz de concebir el recitativo sin su aspecto teatral, y en este sentido me gusta mucho la manera que tiene Christof de enfocar los personajes; me ayuda mucho a hacer la música». Confiesa Loy que dirigir las partes habladas le causaba cierto temor al principio, pero que ahora se siente muy a gusto en esos momentos porque puede «jugar con el material y hacer la composición a la escena, darle ritmo... Y me sorprende que llevo solo tres años aprendiendo español, pero los cantantes y los actores tienen confianza en mi instinto cuando digo que algo no me suena bien, que no tiene ritmo o verdad en la expresión. Creo que hay algo de español en mí ya», sonríe el alemán. «Tu alma es española, y no te has dado cuenta hasta hace cinco o seis años», le contesta el español. 'El gato montés' no es una obra popular, pero sí lo es su pasodoble , uno de los más interpretados, por ejemplo, en las plazas de toros. «Me gusta pensar que gracias a esa parte folclórica logramos recuperar esta obra -dice Pérez-Sierra-, y que si no se hubiera tocado tanto este fragmento Miguel Roa no se hubiera preguntado en los años sesenta qué había detrás del pasodoble. Manuel Penella murió en México en 1939; se había llevado todo su material allí, y era muy difícil de recuperar. De hecho, se hizo una primera reconstrucción en 1968, en la que ya estaba involucrado Miguel Roa , con lo que se pudo encontrar, aproximadamente la mitad. El resto lo compuso él, intentando respetar el estilo de Penella y ser coherente con él. Hasta los años ochenta no se pudo recuperar el material original que estaba en América, y de ahí nació la idea de llevarlo a la Expo de Sevilla de 1992 y de hacer la magnífica grabación que protagonizó Plácido Domingo ». «Tenemos -sigue el director de orquesta- la idea de que 'El gato montés' es una obra de repertorio, pero ha estado perdida durante casi sesenta años, es una recuperación histórica que posiblemente no hubiera sido posible sin la existencia del pasodoble… Mi tío Miguel -un gran tenor que brilló en los años 60 y 70- me contaba que entonces se sabía que existía una obra de Penella que era 'El gato montés', pero no se conocía más que el pasodoble». Christof Loy confiesa que eligió esta obra porque, al ser ópera, era «un terreno más seguro para mí». «Ésta es -añade- la obra más española que pueda imaginar, con aspectos que hoy, incluso, son políticamente incorrectos -gitanas, toros...- La clave de la esencia de la obra me la ha dado el personaje de Soleá, una mujer que ama a los dos personajes masculinos, Juanillo, el bandolero, y Rafael, el torero. Tiene una psicología interesante y muy especial; por Juanillo siente casi un amor puro y el que siente por Rafael no está claro si está relacionado por la fascinación de una ascensión en la escalera social. El conflicto de Soleá es saber distinguir entre una seducción superficial y un amor más profundo».



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