Mircea Cărtărescu: «Me temo que nunca seré Stephen King»
Mircea Cărtărescu da impresión equivocada. Habla con una serenidad que nos induce a pensar en un hombre de pensamiento correcto, pero sus ideas son como su literatura: rompe las costuras acostumbradas y tiende a abrir nuevas perspectivas. Autor permanentemente citado para el Premio Nobel de Literatura y escritor inclasificable, Cărtărescu, que ha reunido un sinfín de seguidores en su paso por la [[LINK:TAG|||tag|||633614495c059a26e23f7863|||Feria del Libro ]]de Madrid alrededor de su último libro [[LINK:EXTERNO|||https://www.casadellibro.com/libro-theodoros/9788419581655/16166243?campaignid=16502813214&gad_source=1&gad_campaignid=16515120899&gbraid=0AAAAAD_iqzfS-S0_VUDe1wdp4dBrWJ1RX&gclid=EAIaIQobChMIpKzj8Kn6lAMVEYODBx2LFjg9EAQYASABEgKWDPD_BwE|||«Theodoros]]» (Impedimenta), reflexiona sobre su ejercicio literario.
¿Cuántos años convive con una historia? Con «Theodoros» estuvo dos años.
Lo escribí en dos años, pero conviví con esta historia durante cuarenta. Ha sido la gestación más larga de todos los libros que he escrito. Ha sido el sueño de una vida. Ha necesitado ese tiempo para poder prepararlo y llegar a una madurez. Encontré el núcleo de este libro cuando era asistente universitario y leí a un autor olvidado y polvoriento que casi no era considerado escritor. En una página suya encontré el tema de mi novela. Este autor fue amigo de la infancia de Theodoros. Él era aristócrata y Theodoros, hijo de un sirviente, estaba convencido de que se iba a convertir en emperador. Se quedó sorprendido cuando, siendo embajador de Rumanía en Londres, encontró la correspondencia de la reina Victoria con el emperador de Etiopía y descubrió que las cartas parecían estar escritas en rumano. Por eso estaba seguro de que su amigo de la infancia había cumplido su sueño imposible. Al leer esa página sentí que ahí había una novela todavía no escrita que estaba esperando a su escritor. Era un tema digno de Gabriel García Márquez.
«Todas las páginas de mi último libro contienen el antídoto de la novela histórica»
Mircea Cărtărescu
¿Cómo ha evolucionado?
Tengo muchos temas personales, pero el principal de todos es explorar mis laberintos interiores. Llegué a la apoteosis de este tema en «Solenoide». Pero siempre he deseado expresar mi lado más oriental. Los rumanos tenemos un ojo dirigido hacia el oeste y otro hacia el este. Cuando leemos las grandes obras de la sabiduría de Oriente, nos sentimos en casa. Así que fue muy importante para mí poder seguir explorando este mundo imaginario oriental. Pero «Theodoros» no es una novela histórica, sino una novela de la imaginación. Mi mayor esfuerzo ha sido eliminar esa idea de que he escrito un libro sobre una época histórica. Todas las páginas de este libro contienen el antídoto de la novela histórica.
Siempre aspira a romper las costuras de la literatura.
Claro que sí, pero yo no soy el primero. Ese fue Flaubert, que escribió «Salambó», la primera novela antihistórica. En ese libro, el deseo no era hacer una excursión histórica, sino una obra de arte. Ha sido uno de mis modelos. Lo que yo he tratado de hacer es asombrar a mi lector en todas las páginas y darle alimento a su alma. Para lograrlo he tenido que recurrir a toda mi experiencia como novelista. Los críticos literarios siempre me recuerdan que no soy novelista, sino poeta. He querido demostrar que puedo escribir verdaderas novelas. Desarrollar una historia narrativa sólida que se mantenga por sí misma en pie.
«En "Theodoros" he empujado mi poder de invención hasta el límite»
Mircea Cărtărescu
Pero de una manera particular.
Hoy en día hay que escribir antinovelas. Hay que conseguir nuevas maneras de narrar y nuevas historias. Todo lo que se escribe hoy en novela es «antinovela». Ya no es posible escribir novelas, salvo en la literatura comercial, de consumo. La novela artística es antinovela o seudonovela, porque la propia institución de la novela ya está sobrepasada. No escribimos novelas; escribimos novelas sobre novelas. El deber del escritor de hoy es inventar permanentemente y, en «Theodoros», he empujado mi poder de invención hasta el límite.
¿Y ha tomado riesgos?
Riesgos esenciales. Fundamentales. El primero, escribir la novela; el siguiente, emplear la segunda persona del singular. Esto podría haber matado la novela. Puede ser insoportable para un lector, sobre todo si son seiscientas páginas, pero he tenido la ambición de hacerlo.
«Yo no cambio nada, no rompo páginas, no tacho nada. Soy lo contrario al escritor que trabaja muchísimo en su texto»
Mircea Cărtărescu
¿Y la estructura?
Es una construcción de relojero. Todos los mundos que existen en la novela son como las ruedecillas de un reloj: engranajes que tienen que estar perfectamente sincronizados para que el reloj pueda funcionar y dar bien la hora. Es dificilísimo de hacer para un escritor.
¿Le cuesta escribir?
Lo más difícil es escribir de forma simple y lo más simple es escribir de forma complicada. Acepto que soy un autor especial, con una fórmula especial. Yo no cambio nada, no rompo páginas, no tacho nada. Soy lo contrario al escritor que trabaja muchísimo en su texto. Todos mis libros están escritos de una vez, de principio a fin. Esto se debe a que la literatura, para mí, es una cuestión de fe total en mi capacidad para escribir libros y en lo que los escritores antiguos llamaban «inspiración». Así que no soy responsable de mis páginas más complejas. Están escritas por otra persona. Han sido dictadas. Por eso las escribo con facilidad.
¿Cómo es eso?
Escribo para imaginar, para inspirarme. Cuando quiero escribir sin la inspiración de mi propia mente, me resulta difícil. Otra rareza es que nunca parto de un plan inicial. Yo no hago la estructura, no construyo el libro, sino que el libro construye su propia estructura. Mis libros son orgánicos y se desarrollan como un embrión. Yo no hago nada más que estar a su lado y esperar. Nunca sé lo que voy a escribir en la siguiente página. La página se cuida a sí misma. Así he escrito mi trilogía «Cegador».
«Escribo como vivo. Escribo como respiro. Y me da igual que se me vea como un autor raro»
Mircea Cărtărescu
Es usted un valiente.
(Risas). El éxito no es algo que esté entre mis deseos. No pienso mi literatura en función del éxito. Escribo para mí. Si me gusta lo que escribo, sigo escribiendo y, si no, lo dejo. No me interesa tener cientos de miles de lectores, sino unos cuantos aficionados que piensen como yo y vean el mundo a través de mis ojos. Lo importante es que me guste a mí lo que escribo. Esto me da independencia, valentía y deseo de autoperfeccionarme. Escribo como vivo. Escribo como respiro. Y no podría vivir sin escribir. Por eso me da igual que se me vea como un autor más bien raro, una rareza...
¿De dónde nace o se alimenta su imaginación?
Antes que escritor soy lector. Siempre he leído todo lo que he podido. No solo literatura; la literatura es apenas una cuarta parte de lo que leo. Leo todo lo que puedo sobre el mundo. Mi deseo es explorar todos los aspectos de la vida: la científica, la filosófica, la teológica, la metafísica. No me quiero perder nada de este espectáculo tan impresionante que es nuestra existencia y deseo explorarlo desde sus dimensiones científica, filosófica, teológica y metafísica.
Comenzó con la poesía. ¿Su literatura ha ido de lo particular a lo universal?
Todo lo que sé sobre la prosa proviene de la poesía. Mi prosa de hoy se la debo al poeta que fui en la juventud. Durante diez años escribí poesía. Hacia los treinta años la abandoné. Era consciente de que la poesía es el arte de la juventud. No me gustan mucho los poetas que ya tienen cierta edad y treinta volúmenes a sus espaldas, y que no hacen más que repetir lo que ya han escrito antes. Cumplí mi palabra durante treinta años. Pero en 2021 publiqué un nuevo poemario (risas). Reculé. No pude más. Estoy muy orgulloso de él. Pero la prosa es algo que me encanta y me llena.
«En Rumanía hemos sufrido la agresión rusa a lo largo de nuestra historia moderna»
Mircea Cărtărescu
Su vivencia juvenil estuvo marcada por la URSS. Ese Oriente vuelve otra vez sobre Europa.
No es casualidad que en «Theodoros» haya descrito a un tirano que, además, tiene muchos de los rasgos de Putin. Es el arquetipo del tirano. Ciertamente, la guerra de Ucrania está a nuestras puertas. Tenemos una frontera con Ucrania en Rumanía. Y somos perfectamente conscientes de que, si Ucrania hubiera caído, nosotros habríamos sido los siguientes. Es el motivo por el que apreciamos tantísimo al pueblo ucraniano y al héroe que dirige este país. Les estamos tremendamente agradecidos. No solo en estos últimos años, sino durante toda nuestra historia, Rusia ha sido nuestro adversario. Hemos sufrido la agresión rusa a lo largo de nuestra historia moderna. El tema de la historia es muy importante y, aunque mi novela sea más bien estética, tiene este lado épico que denuncia la tiranía, el sufrimiento y la crueldad.
¿Qué está escribiendo ahora?
Acabo de publicar un libro que es muy importante para mí. Es un libro de aforismos sobre literatura y escritura. Los he ido recogiendo de mi diario personal y de los artículos que he escrito durante toda mi vida. Son la quintaesencia de mis ideas sobre la escritura. Pero yo sigo con mis planes de prosa. Con una idea un poco extraña. Sueño muchas veces que tengo novelas ya escritas y que están en el mundo del sueño, en unas estanterías, formando una especie de biblioteca. En muchos sueños voy a esa biblioteca y repaso esas novelas que no he escrito y que están allí. Ahora lo que estoy haciendo es traer a este lado del espejo uno de esos libros. Está escrito con una escritura muy extraña; es algo que nunca he hecho hasta ahora. Otra gran apuesta. Habrá a quien le guste y a quien no. Lo asumo, porque lo que estoy escribiendo me gusta mucho y me satisface.
Le gusta arriesgar.
Es que me aburro con bastante facilidad. No me gusta escribir muchos libros del mismo estilo. Yo soy el primer lector de mis propios libros y quiero que me satisfagan como lector. Si después de «Solenoide» hubiera escrito «Solenoide 2», me habría aburrido. No quiero escribir más «solenoides» ni más «Theodoros». Así que prefiero escribir algo que quizá no tenga tan buena acogida, pero que sea nuevo y que me satisfaga.
«No existe una frontera entre la literatura de consumo y la alta literatura. De su matrimonio han salido obras muy buenas»
Mircea Cărtărescu
La literatura comercial...
En mi opinión, la literatura comercial es muy importante. Satisface a cierta categoría de lectores que constituyen su público objetivo. Es una literatura que produce bienes de consumo a gran escala, como si fueran neveras, microondas o coches. Es necesaria, porque la gente necesita eso también. La gente trabaja mucho durante el día y por la noche quiere relajarse. Es muy difícil relajarse con el «Ulises» de James Joyce. Es más fácil hacerlo con un autor como Stephen King. Yo mismo, de hecho, leo mucha literatura comercial. Sobre todo ciencia ficción, que es el género que he amado desde que era niño. Pero también novelas policíacas. Estos géneros también tienen sus obras de arte.
¿No le ha tentado nunca este tipo de literatura?
A veces he pensado en dar el paso y escribir un libro comercial, pero no me sale (risas). No podría escribir ni diez líneas de un libro que fuera verdaderamente comercial. Así que lo he dejado. He abandonado todos esos sueños de gloria. Me temo que no voy a ser nunca Stephen King (risas). Tengo que conformarme con mis decenas de miles de lectores en lugar de unos millones...
¿Pero...?
No existe una frontera entre la literatura de consumo y la alta literatura. De su matrimonio salen obras que son muy buenas. Porque, en definitiva, si lo pensamos, ¿qué son las grandes novelas de Gabriel García Márquez sino melodramas? «Crimen y castigo», al final, si te das cuenta, es una novela policiaca. Y «El nombre de la rosa», de Umberto Eco, también. La literatura popular o la comercial le da fuerza y vigor a la alta literatura. Así que está bien que exista también esa literatura o esos libros, en principio, sin literatura, porque el edificio de la literatura está compuesto de llenos y de vacíos. Pensemos en una catedral con su interior lleno de piedra, por ejemplo. No podríamos entrar en ella. No podríamos ni siquiera llegar a su altar. Necesitamos que existan vacíos. Esa es la función que siempre ha tenido la literatura comercial. La literatura popular es el terciopelo negro sobre el que se pulen los diamantes. Además, Si no existiera ese tipo de libros, no podríamos después saber qué es la gran literatura.
