Cuando alguien busca portátil barato, lo primero que hace es mirar el precio. Lo segundo, buscar el número más grande de RAM posible. Lo tercero, llevarse el que tenga la pantalla más grande. Y así acaba con un equipo que pesa dos kilos y medio, consume la batería en cuatro horas y tiene un chip que nunca va a llegar a sus límites porque la mayoría del trabajo es Chrome, Word y videollamadas.
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