El crepúsculo de Duse, la diosa
Hay figuras cuya leyenda se construye sobre los aplausos y otras cuyo verdadero interés surge cuando el telón comienza a caer. Eleonora Duse pertenece a esta segunda categoría. Considerada una de las mayores actrices de la historia del teatro, admirada en vida en Europa y Estados Unidos, la italiana pasó sus últimos años contemplando cómo el mundo que había conocido se desmoronaba a su alrededor. Es precisamente ese instante de incertidumbre, más que los años de gloria, el que ha fascinado al cineasta Pietro Marcello, que así lo refleja en «Eleonora Duse, la divina». Lejos de los códigos habituales del biopic, el director de «Martin Eden» construye una aproximación libre a la actriz, interpretada por la bella Valeria Bruni Tedeschi, centrada en los años finales de una mujer que ya no termina de reconocerse en la nueva realidad surgida tras la Primera Guerra Mundial.
¿Cómplice del fascismo?
«Me interesaba contar estos últimos años de su vida porque eran los más difíciles, no me interesa mucho contar el tema de los éxitos», explica Marcello. Para el cineasta, aquel periodo permitía mostrar tanto la madurez de la artista como un tiempo histórico marcado por profundas transformaciones. «Duse ya no se reconoce con lo que había ante y está en este nuevo mundo, un mundo que está por venir», añade.
La película establece además un diálogo entre aquella época convulsa y el presente. Marcello reconoce sentirse identificado con esa sensación de transición permanente. «Lo que está aconteciendo hoy en día nos ha asombrado, la historia asombra. Y creo que ese momento histórico no ha sido muy diferente», sostiene.
Más allá del retrato histórico, el director reivindica la excepcionalidad de una mujer capaz de abrirse camino en un entorno profundamente masculino. «El arte nos cura, nos hace mejores, y Duse era un talento extraordinario», afirma. Su capacidad para dirigir una compañía teatral de éxito y convertirse en una referencia internacional la convierten, a sus ojos, en una figura única dentro de su tiempo.
Por ello, Marcello rehúye la reconstrucción académica de una vida y asegura que «he decidido hacer algo que se saliera del biopic», asegura. La elección de Valeria Bruni Tedeschi, físicamente distinta a la verdadera Duse, responde precisamente a esa voluntad de reinterpretación.
La cinta también se asoma a las controversias políticas que acompañaron a la actriz, especialmente por su relación sentimental con el propagandista del fascismo Gabriele D’Annunzio. Sin embargo, el director prefiere alejarse de lecturas partidistas: «Tanto la izquierda como la derecha quiere llevarse el ascua a su sardina, es decir, apropiarse del mito. Lo que me interesaba realmente de esta figura era poder desnudar a la persona y analizar la relación entre lo humano y lo divino», concluye. Una búsqueda que convierte a Duse en algo más que un personaje histórico: en el reflejo de quien intenta encontrar su lugar en un mundo que ya no comprende.
