Si yo fuese el Papa, que no es el caso, me gustaría viajar sin ruido, sin séquito, sin actos multitudinarios, caminando a pie sobre la tierra con las sandalias del pescador o descalzo sobre la mar, como hizo el mismo Jesucristo. Viajaría con una capa invisible, sin anunciarme. Recorrería palmo a palmo, pueblo por pueblo, esta Raya del Oeste que nos separa de Portugal por la senda del Duero. Bendeciría con mis manos a todos los niños Jesuses que nos habitan, que vienen al mundo en este rincón vaciado. Rezaría para que todos se fuesen desayunados al colegio; para que el día de mañana pudiesen quedarse, no tuviesen que irse lejos a ganarse la vida. Para que pudiesen atarse fuerte...
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