La tradicional estampa que cada año dibujan los caballos criados en la marisma en su recorrido hasta Almonte volvió a renovarse en la mañana de este viernes, con El Rocío como punto clave para la contemplación colectiva de un rito cargado de belleza, espíritu salvaje y cultura ancestral. Unas 1.500 cabezas de equinos , entre yeguas, potros y sementales, guiados por los yegüerizos, fueron pasando por la puerta del santuario de la Virgen del Rocío repartidos en siete tropas tras recorrer varias calles de la aldea. Finamente fueron bendecidos animales y personas que hacen posible la pervivencia de una tradición con cinco siglos de regulación y al menos el doble de actividad. Durante dos intensas horas, cada oleada de caballos...
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