Un Papa consolidado
Poco más de un año después de su elección León XIV es hoy un Papa con una autoridad consolidado; la encíclica “Magnifica Humanitas” ha expuesto las líneas maestras de su magisterio y la apenas concluida celebración del segundo Consistorio Extraordinario ha reclamado un cierre de filas en torno a su persona.
En la historia de la Iglesia la palabra consistorio ha sido acompañada con diversos adjetivos; antes de la reforma del Código de Derecho Canónico podía ser privado, semipúblico o público; en la actualidad se divide en ordinario y extraordinario.
El ayer clausurado ha sido extraordinario en el sentido más pleno de la palabra porque el Pontífice no ha reunido al colegio cardenalicio, como se hacía antes, para aprobar algunas canonizaciones o nombrar nuevos purpurados sino con un objetivo mucho más importante: convertirlo en un órgano de consulta permanente para el gobierno de la Iglesia universal. En ese sentido les ha pedio un “apoyo fuerte, explícito y público. Necesito sentirme apoyado por vosotros como hermanos”.
Francisco creó en su día el llamado Consejo Cardenalicio para con el apoyo de nueve cardenales representantes de los cinco continentes tomar importantes decisiones. Prevost ha dado un paso más decisivo: cuenta con todos ellos para que le ayuden a “discernir lo que el Espíritu está diciendo a la Iglesia hoy”..
Más que de una estructura jurídica se trata, como quería Berroglio, de una Iglesia abierta a la escucha , “una Iglesia sinodal en la que todos cooperan en la misma misión, cada uno según su propio carisma y ministerio”. Se acabaron los cabildeos, las críticas, la fragmentación y el crecimiento de intereses particulares. La Iglesia tiene hoy un líder que se ampara en la sinodalidad y la colegialidad a través de las que actúa el Espíritu Santo.
