No es una sorpresa. Desde hace semanas que
Fernando Alonso sabe que, cada vez que acude a un circuito, le tocará salir a pista con el peor coche y sin opciones, más aún en
Austria, donde el penúltimo equipo,
Cadillac, llevó evoluciones. Lleva avisando meses que todas las carreras serían así hasta que llegue el gran paquete evolutivo que
Aston Martin prepara para antes del verano. Y en Austria, le tocaba volver a enfrentarse a preguntas casi calcadas a todos los Grandes Premios.
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