Todo empezó con una pequeña herida en una pierna, secuela de un accidente de camino al colegio. No tenía importancia, salvo por un detalle: no cerraba. Ningún especialista sabía por qué. Hicieron falta quince años, ir «de hospital en hospital, de médico en médico» y, al fin, una biopsia para ponerle nombre: déficit de prolidasa, una de las enfermedades más raras que existen. Aquella niña es hoy Alba Farrapeira Domínguez, vecina de Salceda de Caselas (Pontevedra), que ha convertido su historia en un libro: 'El cielo tiene nubes, pero no llueve'. El déficit de prolidasa es un trastorno genético que afecta a una o dos personas por cada millón y que provoca heridas abiertas y crónicas en la piel, sobre...
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