Mackinac, un verano entre caballos
En un país construido alrededor del automóvil hay un lugar que funciona de manera muy diferente. Se trata de Mackinac, una isla situada en el lago Hurón, en el estado de Míchigan, que lleva más de un siglo sin coches. Quien llega a la isla se desplaza caminando, en bicicleta o en carruajes tirados por caballos, que siguen siendo una pieza fundamental en el día a día de este enclave de los Grandes Lagos.
La isla ocupa apenas 3,8 kilómetros cuadrados y cuenta con una población permanente cercana a los 600 habitantes. Su nombre procede de Michilimackinac, una palabra utilizada por los indígenas anishinaabe para referirse a este territorio, cuya forma asociaban a la silueta de una gran tortuga.
Los británicos construyeron un fuerte defensivo en la isla en 1780 y la rebautizaron con el nombre que conserva en la actualidad. Tras la Guerra de 1812 pasó a manos estadounidenses y continuó desempeñando un papel destacado en la región de los Grandes Lagos. En 1865 fue declarada parque nacional y, tres décadas más tarde, su gestión fue transferida al estado de Míchigan. En la actualidad, cerca del 80 por ciento de la superficie de Mackinac permanece protegida como parque estatal.
Sin embargo, la característica que distingue a esta isla del resto de destinos turísticos de Estados Unidos tiene su origen a finales del siglo XIX. Según recoge la tradición local, en 1898 uno de los primeros automóviles que llegó a Mackinac sufrió una explosión que asustó a los caballos utilizados para el transporte. Las autoridades reaccionaron prohibiendo la circulación de vehículos a motor en el pueblo y, poco después, la medida se extendió al conjunto de la isla. Gracias a aquella prohibición, los caballos continúan siendo imprescindibles para el funcionamiento de la isla. Durante la temporada alta alrededor de 600 ejemplares trabajan en Mackinac. Los animales participan en tareas de todo tipo. Transportan visitantes en carruajes, realizan entregas de mercancías, colaboran en el reparto de correo, intervienen en la recogida de residuos y forman parte de la logística cotidiana de una comunidad que lleva más de un siglo funcionando sin motores.
Cuando llega el invierno, el panorama cambia. El descenso de visitantes y las bajas temperaturas reducen la actividad y únicamente permanecen en la isla entre veinte y treinta caballos, suficientes para garantizar los servicios básicos.
Algunos de estos animales se han convertido incluso en figuras muy conocidas entre quienes visitan la isla. Entre ellos destaca "Zeus", conocido por su imponente tamaño. También son populares "Royce" y "Midnight", considerados entre los caballos más fuertes de Mackinac. A ellos se suma "Chase", el único caballo pinto de la isla, habitual en una de las rutas turísticas más demandadas y que conduce hasta Arch Rock, la formación natural más conocida del lugar.
