Limp Bizkit, para romperlo todo en Madrid
Hacía 14 años que Fred Durst no pisaba la capital (Sam Rivers, recordamos, falleció hace ocho meses tras una terrible lucha contra el cáncer a los 48 años) y la expectación era enorme en el Movistar Arena de Madrid. Tras agotar todos los abonos a la venta para su actuación en el Resurrection Fest de Viveiro (Lugo), los organizadores del evento pensaron en un regalo para los fans de la capital que se habían quedado sin entradas para ver al combo de "nu metal" que hizo historia en los 90. Así, que, llegada la noche, una cuenta atrás, con grandes dígitos en rojo anunciaba puntuales a la banda de Florida mientras el público coreaba su regresión como si se tratase del lanzamiento del un cohete o de la llegada del año nuevo. En parte, se parecía a lo primero: la energía acumulada tras P. O. D., los teloneros, era inmensa.
Aunque una intro instrumental bajaba las emociones antes de la salida de la banda (habría sido brutal la aparición del grupo en ese momento), las luces se apagaron y la banda aparecía para tocar "Stuck", uno de los temas de la primera época con la actitud desafiante de los estadounidenses, con la que hicieron historia a finales de los 90. Bastaron los primeros minutos para ver bebidas volando por el aire y sudorosos pogos poniendo en riesgo más tobillos y rodillas que en un partido de ACB en la cancha madrileña. Los círculos del mosh pit se abrían aquí y allá constantemente abriendo claros en las luces de los móviles de los más imprudentes seguidores, ignorantes ante el riesgo de que su terminal volase por los aires, o, más bien, conocedores del momento en que la música y las rimas ascienden como una marejada y es el momento de guardar el Samsung en el bolsillo.
El grupo, además, tuvo la cortesía de imprimir, en cuerpo generoso en su pantalla trasera, las letras de los temas para facilitar las consignas colectivas. Y ahí llegaba "Just like this", tema que llama a la revuelta o que más bien sueña con ella. Los scratches de DJ Lethal protagonizaron un interludio mientras Fred Durst (gorra, gafas de sol y chaqueta bomber) arrancaba "9 Teen 90 Nine" y Wes Borland lanzaba guitarrazos de mil toneladas. "Bring it on" llegó sin solución de continuidad y la audiencia tomó posiciones hasta en las gradas para cabecear con la tremenda "Break Stuff", el gran clásico de la banda de Florida. ¿Quizá demasiado pronto? Ya se vería. La batería de John Otto marcaba el compás acumulando la tensión. Richie Buxton destrozaba las cuerdas del bajo. Fred Durst amenazaba con romper algo o romperlo todo. ¿Dónde está todo este descontento social en Estados Unidos? ¿Por qué parece imposible que se canalice a través de ninguna alternativa política con capacidad de cambio? Son preguntas sin respuesta o, más bien, con una descorazonadora: el sistema es invencible. Lo es allí y probablemente lo sea en el resto del mundo desde la perspectiva de 2026. Habría que romperlo todo, como claman Limp Bizkit, pero eso parece improbable, aunque sucedió una vez, en Woodstock '99 y allí estaban Limp Bizkit. Fue tocando, precisamente, "Break Stuff" cuando se jodió aquello. Quién sabe cuándo será la próxima.
Y... entonces, la banda se retiró unos segundos y puede que no se lo crean, pero sonó ¡El "Aserejé"! de Las Ketchup. Si algo caracteriza a Durst y los suyos es el sentido del humor y un gusto musical que les ha llevado a versionar temazos como "Faith", de George Michael, en las aparentes antípodas de su gusto (¿para cuando una de "Aserejé", suplicamos?). Fue una versión reducida la de "Faith" pero muy apreciada para quitarle hierro a una noche que empezaba a calentarse. Durst anunció "Hot Dog", un tema que volvía al realismo social, al descontento que en el país "yankee" se lee, por desgracia, desde el individualismo, que ha sido absorbido y proyectado por el extremismo de Trump ante la ausencia de una conciencia de clase. La guerra fría se hizo muy muy larga en el país de las barras y las estrellas.
Mientras la batería de Otto marcaba el tiempo, los claros del pogo se abrían como Moisés lo hizo con las aguas del Mar Rojo. Y un nuevo interludio musical traía a A-Ha justo antes de la descarga brutal de "My Generation". Durst se había quitado las gafas invitando a recibir el desprecio y olvido que sufría (y sufre) su generación. Y las siguientes, claro, que por eso sigue vigente la canción como hace 20 años. "Fuck you... ¿fuck me?", preguntó a su gente. "¿Sabéis que estar en un concierto de Limp Bizkit hoy os convierte en personas que no están bien de la cabeza?", preguntó antes de invitar a su parroquia a volar. Y volaron.
Después llegó "Livin' It Up", y una proyección desconcertante de un bailaor flamenco taconeando como una ametralladora y girando como un derviche durante un par de largos minutos. Los fieles de los Bizkit no entendían nada. Llegó "Eat You Alive" y ahí volvía otro cañonazo: "My Way". ¿Más temazos? Ahí quedaba en la recámara, "para la gente española", "Rollin'", como una inmensa roca rodando por una ladera. Cayó "Nookie", y, después, "Full Nelson", cuando inmensos claros anunciaban el mejor mosh pit de la noche en la pista. La temperatura subía y, con ella, ascendían al escenario dos aficionados de la banda para cantar unos cuantos "fucks" tremendamente liberadores. La lírica desquiciada de "Boiler" sumía al Movistar Arena en un momento de mar de fondo: quedaba el remate final. Porque si mencionábamos antes el selecto gusto por las versiones de Durst y los suyos, quedaba la mejor de todas: "Behind Blue Eyes" de The Who, santo sacramento, amansó a las fieras con mensaje de recuerdo incluido para Sam Rivers, "Para siempre".
"Vamos a celebrarle", dijo antes de que el bajo de Richie Buxton puntease las notas de "Take a Look Around", un tema extraordinario por infrecuente: una canción política que fue banda sonora de un blockbuster como "Mission Imposible:2", una especie de trampa camuflada en la gran industria del entretenimiento. Perdurará cien años más que la inane cinta de Tom Cuise. Se iban. Pero encendieron las luces para verse las caritas. Y quedaba "Break Stuff", de nuevo. Qué ganas de romperlo todo...
