A los veinte minutos de colocarse uno, «un intenso sarpullido cubrió el cuello, brazos y pecho» de una joven de Durango que se brindó a probar uno de los llamados 'collares de la muerte' en el verano de 1972. El experimento , del que se hizo eco la agencia de noticias Cifra, acabó bien. Aunque «se llevó un gran susto», en cuanto la chica se desprendió del adorno, la erupción cutánea desapareció. Y en eso, en un gran susto, quedó afortunadamente la alarma internacional que desataron estos exóticos colgantes de semillas . Adquiridos en viajes como inocentes 'souvenirs' o recibidos como regalos, se convirtieron de la noche a la mañana en las 'joyas' de las que todo el mundo hablaba,...
Ver Más