Alrededor de los 12-14 años , los adolescentes comienzan a pedir salir con los amigos , especialmente durante las vacaciones de verano , lo que para ellos supone el primer gran paso hacia la independencia. Para los padres , en cambio, es uno de los momentos más temidos, pues se trata de un ejercicio de confianza que suele ir acompañado de muchas dudas sobre los límites que deben poner para garantizar lo máximo posible su seguridad sin que se sientan presionados. Por ello, los especialistas recomiendan que esta autonomía se introduzca de forma progresiva. En términos generales, consideran que entre los 11 y los 12 años puede comenzar esta etapa, siempre que el menor haya demostrado suficiente madurez para tomar decisiones seguras y respetar las condiciones establecidas por los adultos. El motivo es que el cerebro adolescente todavía está en pleno desarrollo. Las áreas encargadas de planificar, controlar los impulsos o valorar los riesgos continúan madurando durante varios años, por lo que aprender a gestionar esa libertad requiere acompañamiento y reglas claras. La psicóloga Rocío Ramos-Paúl , conocida popularmente como 'Supernanny', defiende que los padres deben encontrar ese equilibrio entre proteger y permitir que sus hijos ganen autonomía, especialmente durante las vacaciones escolares. La experta explica que los horarios deben adaptarse a las circunstancias, sin perder de vista el sentido común: «En invierno le he dicho hasta las 20.30 o las 21.30 horas. Ahora (en verano) sé que hasta las 00.00 horas en la plaza del pueblo van a estar todos los de su edad. Tampoco le puedo decir que a las nueve esté en casa. No podemos ser rígidos ». No obstante, para que puedan disfrutar de esta flexibilidad, Ramos-Paúl señala que los adolescentes tienen que asumir que sus padres deben tener de forma indiscutible esta información: «Yo tengo que saber siempre dos claves: qué va a hacer y dónde va a estar . Ítems: mandar la ubicación cuando llegues y si cambias de sitio, me avisas». También es importante dejar claros los límites y alertar sobre los riesgos que hay: «No puedes beber . No entres en peleas , o en retos. Si sientes que estás incómodo, sal de ahí. Ojo con peticiones tipo, por ejemplo, fotos íntimas que no quieras hacerte». «Clave fundamental: en cualquiera de estas situaciones que te encuentres, cuando creas que no sabes resolver algo, o simplemente estés incómodo, llámame . Porque hay veces que con esta edad que son impulsivos se encuentran en situaciones que intentan resolver ellos mismos. Es fundamental que sepan que tú vas a ayudarles cuando ellos no puedan resolverlo», añade. Además, la libertad conlleva tener que cumplir con nuestras responsabilidades, como hacer la cama, organizar el material escolar o ir a por el pan. Una premisa que también debe quedar grabada en los menores: «Si tú cumples con tus obligaciones puedes tener estos beneficios que me has pedido». Ese es el equilibrio entre dos frases que resumen la adolescencia: «Quiero ir a mi bola» y «¿A qué hora tengo que llegar?». Y pactar todo esto antes de que empiecen las primeras salidas, según la especialista, es esencial: «Si ponemos las normas antes de que empiecen a salir nos vamos a ahorrar conflictos y, además, le vamos a trasladar a nuestro hijo lo que sí puede hacer».