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¿Engordamos por los genes?

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La obesidad, ¿nace o se hace? Una nueva investigación publicada esta semana vuelve a poner el foco en una vieja polémica científica que aún está sin resolver. ¿Cuál es la verdadera importancia de la dotación genética en el desarrollo de la obesidad? Dicho de otro modo: ¿qué peso tienen los genes en el sobrepeso?

En las últimas décadas, los índices de obesidad en el mundo no han dejado de crecer. En España, en 1987 el 7,3% de la población era obesa. Hoy la prevalencia ronda el 17. Un 50% de la población adulta y un 33% de la infantil presenta algún tipo de sobrepeso (no necesariamente obesidad) en nuestro país.

Lo datos epidemiológicos globales arrojan, además, un detalle sorprendente: la ratio de obesidad extrema está creciendo a mayor velocidad que los casos de sobrepeso moderado o de exceso de Índice de Masa Corporal.

Esta información sugiere que debe de haber una tipología de individuo que es más propensa a padecer obesidad. Puede que algunas personas estén dotadas de un ADN que les hace más susceptibles de ganar peso cuando se exponen a determinados factores ambientales tales como la falta de ejercicio o el consumo de alimentos procesados. ¿Será verdad que con la misma dieta y las mismas costumbres dos personas diferentes engordan de modo distinto por culpa de los genes?

Científicos del University College de Londres se han hecho esta misma pregunta y han diseñado un modelo de investigación para encontrar la respuesta. Para ello han comparado el Índice de Masa Corporal y la presencia o ausencia de determinados genes en cuatro cohortes de población en el Reino Unido nacida antes y después del repunte de los casos de obesidad en las últimas décadas. El estudio ha incluido datos de ciudadanos nacidos en 1946, 1958, 1970 y 2001.

Tras cruzar todos los datos disponibles se ha descubierto que los dos grupos más recientes (1970 y 2001) presentan una tendencia mucho mayor a sufrir aumento de peso que el resto.

Pero este dato por sí solo no denota ninguna relación genética que explique la predisposición al sobrepeso. Los autores del trabajo han incorporado otra variable: el Índice Poligénico (PGI). Se trata de una medida que resume la probabilidad de que una persona herede un rasgo o una enfermedad basándose en millones de variantes genéticas distribuidas en su genoma. Para ello es necesario contar con miles de datos de diferentes individuos –lo que se denomina Genome-Wide Association Study (GWAS)– que analizan variantes de genes concretos. A cada variante se le atribuye un peso en un rasgo determinado: en esta caso, la obesidad. Tras realizar esa asignación, los datos se cruzan con factores ambientales tales como la dieta, hábitos tóxicos, actividad física o nivel socioeconómico.

Parece complicado pero, gracias a la potencia de cálculo de los nuevos ordenadores y a los algoritmos de la inteligencia artificial, el resultado de estos cruces de datos es sorprendentemente preciso. En este caso se ha demostrado que existe una clara relación entre determinadas variantes genéticas y el riesgo de obesidad.

Otros hallazgos llaman más la atención y, en algunos casos, no tienen una explicación clara.

Por ejemplo, parece demostrarse que esa predisposición genética es más grande en las poblaciones más recientes que en las anteriores. Esto podría sugerir que hay factores epigenéticos que activan o inactivan la conexión meramente genética que heredamos de nuestros padres. Es muy sorprendente que la unión genes-obesidad parece más potente en individuos en edad infantil o en las etapas más maduras de la adultez y menos en la juventud y en la edad mediana. Para este último hallazgo, los expertos carecen de explicación. Una posible causa podría ser que, a medida que aumenta el consumo de comida rápida, alimentos procesados y dieta menos sana, la expresión genética de las variantes relacionadas con un mayor metabolismo de las calorías también se altera y produce un aumento del Índice de Masa Corporal. Pero los autores del estudio reconocen que sería necesaria una investigación más amplia.

El trabajo propone una consideración final: «La explosión de la epidemia de obesidad ha sucedido en todo el mundo independientemente de la herencia genética pero afecta significativamente con más impacto a algunos grupos de población que comparten peculiaridades en su ADN».

Es decir, con la obesidad no se nace, pero ciertas personas sí que nacen con una mayor tendencia a adquirirla en determinadas circunstancias ambientales.




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