Albarada, cocina mediterránea desde las alturas de Barcelona
Uno ya parece que lo ha descubierto todo, que lo ha visto todo, sobre todo si vive en un lugar cosmopolita, en especial en el ámbito hotelero-gastronómico, y de repente, aparece una suerte de milagro. Como quien dice, al lado de casa, a un rato en coche hacia la parte alta de Barcelona, y además en un rincón celebérrimo como el Tibidabo, surge de repente algo que llevaba mucho tiempo allí y que deslumbrará al más exigente de los comensales.
Estamos hablando del increíble Albarada, el restaurante del hotel METT, que realmente lo tiene todo: exquisita cocina contemporánea, vistas panorámicas ꟷmuy probablemente las mejores de la ciudadꟷ y una cuidada hospitalidad que no puede entenderse sin el escenario que la acoge: el histórico edificio del antiguo Gran Hotel La Florida, uno de los grandes símbolos de la transformación del Tibidabo en destino de ocio y contemplación para la Barcelona del siglo XX.
Situado a casi 500 metros de altitud sobre la urbe, en las laderas de la sierra de Collserola, el edificio domina una de las panorámicas más amplias de Barcelona. Desde sus terrazas, la mirada puede recorrer el entramado urbano hasta perderse en el Mediterráneo. En los días más claros, la línea de la costa parece prolongarse hacia el horizonte. Pero la singularidad del lugar no reside únicamente en las vistas. El entorno inmediato forma parte de uno de los paisajes históricos más reconocibles de la ciudad: como decíamos, el Parque de Atracciones del Tibidabo, el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, el Observatorio Fabra y los bosques que integran el mayor pulmón verde de Barcelona.
Comer en la historia barcelonesa
La historia del inmueble se remonta a 1924, cuando abrió sus puertas el Gran Hotel La Florida. Su construcción formó parte del ambicioso proyecto impulsado por el doctor Salvador Andreu, empresario y mecenas que soñó con convertir el Tibidabo en un gran espacio de recreo y descanso para la burguesía barcelonesa. Y es que, a comienzos del siglo XX, cuando las grandes capitales europeas levantaban hoteles panorámicos en las montañas que dominaban sus paisajes urbanos, Barcelona encontró en La Florida su propia versión de aquella idea. Durante décadas, el hotel fue testigo de la evolución de la ciudad, de sus visitantes ilustres y de las transformaciones de un entorno que ha conservado hasta hoy una personalidad distinta al resto de Barcelona.
La reciente transformación del edificio en METT Barcelona ha buscado precisamente mantener ese legado. El hotel, declarado monumento y sometido a una profunda rehabilitación, conserva el carácter histórico de su arquitectura mientras incorpora una visión contemporánea de la hospitalidad. Sus 70 habitaciones y suites, las piscinas interior y exterior, el área de bienestar, el spa, los espacios para eventos y sus diferentes propuestas gastronómicas forman parte de un modelo que pretende abrir el hotel tanto al viajero como al residente local.
En ese contexto nace Albarada, cuyo nombre procede de la palabra «albor», la luz que anuncia el amanecer, una referencia especialmente significativa en un lugar donde la relación con el paisaje resulta inseparable de la experiencia. No en vano, la primera luz del día sobre Barcelona, el cambio de colores del cielo al atardecer y la iluminación nocturna de la ciudad forman parte del espectáculo cotidiano que acompaña cada servicio.
Excelsa cocina mediterránea
El restaurante se presenta como una reinterpretación contemporánea de la cocina mediterránea. Al frente de la cocina se encuentra el chef Rubén Briones, cuya filosofía se apoya en la sencillez, la precisión técnica y el respeto por la materia prima para dar como resultado una carta memorable. Entre los entrantes aparecen propuestas como el steak tartare elaborado con filete de ternera cortado a mano y acompañado de tuétano asado; el carpaccio de cigala incorpora aceitunas Gordal picantes, mayonesa elaborada con la propia cigala y caviar, mientras que la presa ibérica se sirve con semillas de tomate y aceite de oliva.
¿Quieren más ejemplos que suenan tan bien como saben? También destacan las almejas en salsa verde, una elaboración clásica que encuentra aquí una ejecución refinada, y una selección de jamón ibérico que reivindica uno de los grandes productos de la gastronomía española. La vertiente vegetal de la carta, asimismo, tiene igualmente un papel relevante. La berenjena a la parrilla con especias mediterráneas, granada y queso feta ofrece una lectura contemporánea de ingredientes profundamente arraigados en las cocinas del sur de Europa, mientras que la ensalada de raíces incorpora chips de boniato y un aliño de remolacha y jerez que aporta profundidad sin ocultar la frescura del conjunto.
Los platos principales son una fiesta gastronómica del más alto nivel. La lubina salvaje con sofrito y salsa de puerros y perejil representa una de las mejores síntesis del proyecto gastronómico de Albarada, pues el pescado mantiene todo el protagonismo mientras los acompañamientos aportan matices sin invadir el sabor principal. Algo similar ocurre con el cordero cocinado a baja temperatura acompañado de alubias y mojo de menta, donde las largas cocciones permiten obtener una textura delicada y una notable concentración de sabor. La carta incluye además una chuleta de cerdo servida con puré de manzana y pimientos de Padrón, una chuleta de vaca a la brasa pensada para compartir y una selección de mariscos entre los que destacan las gambas rojas con mantequilla de ajo y perejil. Sin embargo, uno de los platos llamados a convertirse en emblema de la casa es el arroz con bogavante elaborado con arroz bomba y bogavante nacional a la parrilla, lo que conecta directamente con la tradición mediterránea de los grandes arroces festivos.
Un olivo en la sala como símbolo
Los postres mantienen el mismo equilibrio entre tradición y reinterpretación. La tarta de queso aromatizada con cítricos convive con una crema catalana que reivindica uno de los grandes clásicos de la repostería local. El tiramisú incorpora texturas de pera, mientras que el flan de chocolate acompañado de pan crujiente, aceite de oliva y helado de leche ahumada introduce un diálogo entre dulzor, tostados y matices lácteos poco habitual en las cartas convencionales.
La experiencia gastronómica se encuentra reforzada por un trabajo de interiorismo que merece atención propia. El proyecto, desarrollado por Astet Studio, toma como referencia el Mediterranismo y el Noucentisme, dos corrientes estrechamente vinculadas a la identidad cultural catalana de principios del siglo XX. Materiales naturales, artesanía local y colores inspirados en el paisaje circundante construyen un ambiente de lujo discreto y precioso, toda una apuesta por una elegancia serena.
En el centro del comedor, un olivo funciona como elemento simbólico y estructural. Más allá de su presencia estética, actúa como recordatorio de la relación que el restaurante establece con la cultura mediterránea, donde el aceite, la agricultura y el paisaje forman parte de una misma tradición. Por otro lado, la luz natural desempeña también un papel fundamental. Las amplias aperturas hacia el exterior permiten que el paisaje entre literalmente en la sala, más si cabe cuando se puede comer en una terraza magnífica. De esta manera, la ciudad aparece y desaparece según cambia la posición del comensal o la hora del día. En suma, a diferencia de otros restaurantes donde las vistas constituyen un simple reclamo, en Albarada forman parte de la experiencia gastronómica y de la propia identidad del espacio, con esa vinculación maravillosa de cocina, arquitectura, historia y paisaje.
