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¿Es peligroso beber alcohol mientras tomas antibióticos? El «mito» que surgió en la Segunda Guerra Mundial

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Abc.es 
Seguro que alguna vez te han recetado antibióticos y has escuchado la famosa advertencia de «prohibido tomar nada de alcohol mientras dure el tratamiento». Esta norma se ha convertido en una especie de verdad absoluta, pero ¿es realmente tan peligroso? Para resolver las dudas, el doctor Adrián Guillén explica qué hay de cierto en estas advertencias y de dónde vienen realmente. Resulta que la idea de no beber alcohol durante un tratamiento con antibióticos no tiene un origen médico tan claro como se piensa. Todo comenzó durante la Segunda Guerra Mundial . En aquel tiempo, la penicilina era un recurso muy escaso y valioso, esencial para curar las heridas de los soldados y devolverlos al frente rápido. El ejército de Estados Unidos decidió que una gran parte de estas dosis se usaría para tratar enfermedades venéreas entre las tropas. Fue entonces cuando se impuso la norma de no consumir alcohol. Como explica el doctor Adrián Guillén: «A los soldados se les ordenaba no beber alcohol mientras recibían antibióticos, no por una razón farmacológica, sino por motivos disciplinarios : se pretendía evitar que consumieran alcohol, regresaran a los prostíbulos y se reinfectaran». Si eso pasaba, se desperdiciaban dosis de antibiótico que eran fundamentales para el esfuerzo de guerra. Con el tiempo, esa prohibición de carácter disciplinario se fue transformando en un consejo de salud que ha llegado hasta nuestros días. Otra creencia muy extendida es que el alcohol, al ser diurético, hace que el cuerpo elimine el medicamento antes de tiempo a través de la orina, impidiendo que haga su labor. El doctor Guillén aclara que este efecto es, en realidad, muy limitado . Es cierto que el alcohol afecta a la hormona antidiurética, pero, en sus palabras, «el efecto diurético del alcohol sobre la eliminación de los antibióticos es mínimo». Por lo tanto, el argumento de que el alcohol «lava» el medicamento no es científicamente sólido en la mayoría de los casos. El verdadero punto de atención cuando mezclamos alcohol y medicamentos es el hígado. Este órgano es el encargado de procesar todo lo que ingerimos, tanto el alcohol como el antibiótico. Para hacerlo, utiliza un sistema de enzimas conocido como citocromo P450 . El comportamiento del hígado varía según el tipo de consumo: Aunque la mayoría de los antibióticos habituales no tienen interacciones graves, hay excepciones que requieren una atención especial. Algunos antibióticos, como el metronidazol y el tinidazol , pueden provocar una reacción muy negativa conocida como efecto Antabus o reacción tipo disulfiram. Esta reacción ocurre porque el medicamento impide que el cuerpo termine de descomponer los restos del alcohol, provocando una acumulación de una sustancia tóxica llamada acetaldehído. El doctor Guillén advierte que los síntomas pueden ser graves : «Esta acumulación puede ocasionar enrojecimiento facial, sensación de calor, taquicardia y palpitaciones, hipotensión, sudoración, dolor torácico, arritmias, convulsiones e incluso, en casos extremos, la muerte». Aunque la ciencia actual sigue estudiando la frecuencia exacta de estos problemas, las fichas técnicas de estos medicamentos siguen desaconsejando el alcohol. La recomendación habitual es mantenerse alejado de las bebidas alcohólicas durante todo el tratamiento y esperar entre 48 y 72 horas tras la última toma. Más allá de las interacciones químicas, existen razones de salud general para ser precavidos. Como apunta el doctor Guillén: «Tanto el alcohol como muchos antibióticos se metabolizan en el hígado, lo que puede aumentar el riesgo de hepatotoxicidad y potenciar efectos adversos como náuseas, deshidratación o cefalea ». Además, recuerda que el alcohol posee un efecto inmunosupresor que puede interferir en la recuperación del proceso infeccioso. En definitiva, si bien un consumo moderado y puntual no supone un peligro inminente para la mayoría de los antibióticos comunes, hay que tener presente que la prioridad es que el cuerpo supere la infección . Si tienes dudas sobre un medicamento concreto, lo mejor es leer el prospecto o consultar directamente con tu médico o farmacéutico . Ellos conocen el tratamiento específico que estás siguiendo y pueden decirte si existe algún riesgo real. La clave, como en tantas cosas, es el sentido común y darle al cuerpo el descanso que necesita para recuperarse bien.



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