Katy Luna, la maestra que desde hace 39 años forma a menores con discapacidad: "Verlos salir adelante es el mejor premio”
Creció con dos hermanos con síndrome de Down, los acompañó con paciencia, respeto y compromiso y, años después, se convirtió en maestra para seguir orientando a niños y jóvenes con discapacidad. Esta es la historia de Katy Luna, una docente peruana que desde hace 39 años se dedica a la educación especial, convencida de que todos tienen la capacidad de aprender.
La maestra del Centro de Educación Básica Especial (CEBE) 08 Perú-Holanda reconoce que, a lo largo de su trayectoria, cada niño fue un reto diferente que le dejó una enseñanza sobre la paciencia, la perseverancia y la esperanza. Ahora que está a punto de jubilarse, comparte sus reflexiones sobre el camino recorrido y los aprendizajes que obtuvo al acompañar a personas con discapacidad.
Katy Luna lleva 39 años formando a niños y adolescentes con discapacidad en el Perú
A lo largo de sus casi cuatro décadas de servicio, la profesora ha comprobado que enseñar va más allá de explicar una lección. "Muchas veces significa descubrir cómo comunicarse con un estudiante que no habla, interpretar una mirada, una sonrisa o un pequeño gesto", indicó. Con ese propósito, aprendió lengua de señas y mantuvo una formación permanente a lo largo de su carrera.
Asimismo, contó que su trabajo es particular porque no termina cuando culminan las clases, como suele ocurrir en la educación regular. Tras ello, en su caso, inicia una labor tan importante como la formación, que consiste en reunirse con las familias de sus alumnos, coordinar con médicos, terapeutas y especialistas, con el objetivo de que sus estudiantes sean cada día más autónomos y felices.
Ese compromiso se ve reflejado en los talleres de tránsito a la vida adulta. En quinto y sexto grado, los estudiantes elaboran kekes, los venden en ferias y aprenden a administrar el dinero que obtienen. Son pequeños pasos que los preparan para desenvolverse cuando dejen la escuela. “Verlos salir adelante es el mejor premio que puede recibir un maestro”, señaló.
La superación de sus alumnos la motiva a seguir apoyando la educación especial, pese a su jubilación
Hace unos meses, Katy Luna se reencontró con uno de los primeros alumnos que tuvo cuando llegó al colegio, en 1987. Al verlo, no pudo contener sus lágrimas de felicidad. Hoy está casado, tiene dos hijos y trabaja en una panadería, pese a que solo se comunica a través de la lengua de señas. Así como él, otro exestudiante llamado Eduardo ahora trabaja vendiendo los productos que elabora en la cafetería de una universidad, gracias a lo que aprendió en el taller de pastelería.
Momentos como estos le recuerdan a Luna que el verdadero legado de un maestro se refleja en la vida que construyen sus estudiantes. Por ello, si bien este año se jubilará, afirma que no piensa alejarse de la formación y seguirá trabajando para fortalecer la educación especial desde otros espacios, sumando su experiencia como docente, su maestría en Administración y su doctorado en Gestión Pública.
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