Pau Cubarsí se inventó un disparo desde fuera del área cuando
Mikel Merino estaba ya en el campo, cuando se arañaba la prórroga. Un disparo con intención, con toda la fuerza del tipo honrado que con sus 19 años había vivido un carrusel de emociones en el partido. Cubarsí apretó los dientes y miro a
Lammens. Y el golpeo de su bota tenía concentrada todas sus ganas de seguir en un Mundial que está siendo su confirmación como magnífico central. Ahí estaba Mikel Merino, el futbolista que siempre encuentra la prenda fetiche en las rebajas de verano de El Corte Inglés, un tipo con suerte, que corrió a buscar a su mujer en la grada con su bebé en brazos. Viajó a Los Ángeles
Lola Liberal con su hijo
Marco para poder estar cerca de papá que sufría porque se había perdido los dos primeros meses de vida de su hijo por estar en el Mundial, un lamento consentido, hablado en familia, asumido y sobrevivido con las llamadas con cámara. Pero a través del teléfono ni hueles a tu bebé, ni le puedes besar, ni lo puedes achuchar. A través del teléfono te queda la sensación de que todo es irreal.
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