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Dunas, ruinas romanas y aguas cristalinas: las 10 playas de Andalucía mejor valoradas en 2026 por los viajeros

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Abc.es 
Buscar una playa buena para pasar las vacaciones o escaparte un fin de semana tiene su miga. A unos les gusta la arena fina para no clavarse nada, otros buscan un agua limpia para bucear y hacer snorkel, y la mayoría lo que quiere es huir de los agobios de los paseos marítimos llenos de cemento y edificios altos. Andalucía tiene una costa enorme con sitios para todos los gustos, pero hay diez playas que este año se han llevado las notas más altas de los viajeros en Tripadvisor . Desde calas totalmente salvajes metidas en parques naturales hasta playas al lado del pueblo con todos los servicios, estos son los diez rincones que más triunfan en la plataforma: Si buscas un sitio que tenga naturaleza virgen, agua transparente y encima algo de historia, Bolonia gana de calle. No es solo que lo diga la gente que va allí, es que los rankings de páginas como Fotocasa la ponen como la tercera playa más bonita de toda España y la mejor de Andalucía. Está dentro del Parque Natural del Estrecho, y para llegar hay que bajar en coche por una carretera estrecha y con curvas que te avisa de que vas a un sitio distinto. Al llegar, te encuentras con cuatro kilómetros de arena blanca y un agua turquesa que te recuerda al Caribe. La playa tiene dos características que la hacen única. La primera es su duna gigante, una montaña de arena de más de 30 metros de alto que va cambiando de sitio por el viento de levante. Subir cuesta lo suyo o, pero las vistas desde arriba del mar y los pinos son una pasada, y hay quien sube con tablas para tirarse duna abajo. Lo segundo es que, justo al lado de la arena, están las ruinas de Baelo Claudia, una ciudad romana de hace más de dos mil años que está muy bien conservada y por la que puedes pasear gratis entre columnas de piedra. Como es una playa protegida, no hay duchas ni servicios en la arena, pero sí bares muy buenos al lado para comer atún rojo de almadraba o carne de la zona. Es, sin duda, la playa más famosa y querida de Nerja. Mide unos 800 metros de largo, tiene una arena fina y dorada, y siempre tiene colgada la Bandera Azul por la calidad de sus aguas. Para bajar a ella hay que recorrer a pie una cuesta bastante empinada, la calle Filipinas, pero lo que hay abajo merece la pena. Burriana es perfecta si buscas un día de playa cómodo y con todo a mano. Tiene un paseo marítimo largo que se llama Antonio Mercero (en honor al director de la mítica serie Verano Azul, que se grabó en este pueblo) y está lleno de tiendas, restaurantes y chiringuitos para comer o tomar algo sin alejarte de la toalla. Si no te gusta estar horas tumbado al sol, aquí tienes mil cosas que hacer. Puedes alquilar patinetes de agua, motos, kayaks o apuntarte a hacer buceo. Una de las mejores cosas que puedes hacer es pillarte un kayak e ir remando hacia los acantilados de Maro, donde hay cuevas escondidas y pequeñas cascadas que caen directas al mar. Además, cuenta con un servicio de biblioteca muy curioso en la misma arena donde te prestan libros en varios idiomas solo con enseñar el DNI. Mucha gente dice que La Barrosa es la mejor playa de España, y la verdad es que es el gran orgullo de Chiclana. Sus medidas impresionan a cualquiera, ya que tiene unos ocho kilómetros de largo y es tan ancha que en muchas zonas mide 100 metros desde el paseo hasta la orilla. Al tener una arena dorada muy suave, poca profundidad y un oleaje tranquilo, es la playa ideal si vas con niños o en familia. Se divide en tres partes muy claras. La zona norte (Sancti Petri), la más salvaje y con acantilado. La parte del medio es más llana y tiene el paseo marítimo con todos los bares y tiendas. Y la zona sur (Novo Sancti Petri) es donde están los grandes hoteles, campos de golf y zonas residenciales. Tiene de todo: socorristas, aseos, alquiler de hamacas y zonas para que jueguen los niños. Además, los restaurantes de los alrededores cuentan con muy buenas reseñas, por lo que puedes degustar la gastronomía sin alejarte demasiado de la playa. Si piensas que en la Costa del Sol solo hay edificios altos y playas llenas de cemento, es porque no conoces este sitio. Está al lado del puerto deportivo de Cabopino, en Marbella, y es uno de los pocos rincones totalmente naturales que quedan en la provincia de Málaga. Lo que la hace especial es que está metida dentro de las Dunas de Artola, un espacio protegido donde no hay paseos marítimos normales. Aquí caminas por unas pasarelas de madera entre montañas de arena y plantas como los narcisos de mar. Mide algo más de un kilómetro, la arena es fina y dorada y el ambiente es muy tranquilo. Además, tiene una parte más familiar con chiringuitos y otra zona más apartada donde la gente hace nudismo con total normalidad. Los Boliches es una de las playas con más ambiente y más cómodas de Fuengirola. Es un arenal muy amplio, de más de un kilómetro de largo, con esa arena oscura tan típica de esta zona de Málaga. Como el agua está siempre muy tranquila y no cubre de golpe, es la opción preferida de los más mayores y de las familias que van con niños pequeños. Está impecable, tiene Bandera Azul y está totalmente adaptada para personas en silla de ruedas, con pasarelas de madera anchas que llegan casi hasta el agua. Aquí es imposible aburrirse porque hay actividades para todos. Puedes alquilar los típicos patinetes de pedales con tobogán, hacer esnórquel para ver peces cerca de la orilla, probar el paddle surf o subirte a la mítica banana hinchable que te arrastra una lancha. También tiene redes de vóley-playa que se llenan de gente joven por la tarde. Y en el paseo hay chiringuitos de toda la vida, como Los Náufragos o La Mar Salá, donde se comen buenos arroces y espetos de sardinas asados al momento. La Playa de los Muertos es una línea recta enorme de más de un kilómetro y tiene el agua más transparente y de un azul más intenso de toda Almería. Aquí no hay arena fina de la que se te pega a la piel y molesta, sino unas piedrecitas minúsculas y redondas de colores que se caen solas en cuanto te secas. Eso sí, hay que tener cuidado, ya que en esta playa el suelo baja de golpe. Das dos pasos y el agua ya te cubre por completo, así que no es nada recomendable para niños pequeños. Además, hay que mirar el viento antes de ir, ya que suele soplar fuerte el levante. Para llegar hay que sudar un poco, lo que ayuda a que se mantenga totalmente salvaje (allí no hay chiringuitos, ni baños, ni papeleras). Tienes que dejar el coche en un aparcamiento de pago y bajar andando por unos caminos de tierra bastante empinados durante unos 15 minutos, así que es obligatorio llevar zapatillas y no ir muy cargado. Al final de la playa, a la derecha, hay una roca enorme que esconde una calita pequeña que parece un acuario natural lleno de peces. Esta playa es una de las que más se ha puesto de moda últimamente. Hace unos años era un sitio muy tranquilo por el que no pasaba casi nadie, pero hoy en día ya se ha corrido la voz y se llena de gente que busca buen ambiente. Lo bueno es que sigue siendo muy especial, ya que cuando caminas por los pasillos de madera que cruzan las dunas y ves aparecer de golpe ese arenal de más de cuatro kilómetros frente al Atlántico, te quedas con la boca abierta. Es una playa larga y ancha, y da gusto que no hayan plantado edificios altos al lado, ya que al otro lado de la carretera solo hay casitas bajas, escuelas de surf y tiendas. La arena es fina y dorada, aunque suele hacer bastante viento aquí. Y si te gusta el mundillo del surf, el windsurf o el kitesurf, este es tu sitio. Hay un montón de escuelas a pie de playa (como 9 Pies o Big Wave) donde puedes alquilar la tabla o apuntarte a clases tengas la edad que tengas. Si buscas algo más tranquilo, puedes ir al picadero Mangueta, que está allí mismo, y dar un paseo a caballo por la orilla mientras se pone el sol. Y para comer, toda la avenida de la playa está llena de restaurantes que abren casi todo el año con vistas al mar, como Casa Francisco o Casa Juan, ideales para pedir un buen plato de atún de la zona o carne de retinto. Si estás dando un paseo por el centro de Málaga y aprieta el calor, en diez minutos andando te plantas en La Malagueta. Es la playa de la ciudad de toda la vida, mide algo más de un kilómetro y es de arena oscura. Es el sitio al que va todo el mundo cuando no quiere complicarse la vida cogiendo el coche o el autobús para darse un baño rápido. Aunque antiguamente era una zona de fábricas y astilleros, hoy está bastante cuidada y tiene el agua muy limpia. Al estar pegada al puerto y al centro comercial Muelle Uno, tiene todos los servicios que se te ocurran: puedes alquilar hamacas, sombrillas y patinetes de agua, hay duchas, aseos y zonas con columpios para que jueguen los niños. Además, si te cansas de la arena, puedes acercarte a ver la Plaza de Toros o entrar al Museo Pompidou, que te cogen al lado. Para comer no vas a tener problema porque la playa está rodeada de chiringuitos donde preparan los famosos espetos de sardinas clavados en las barcas de arena o platos de pescaíto frito (el Merendero de Antonio Martín es uno de los más conocidos). Eso sí, para aparcar ni lo intentes por las calles del barrio porque todo es zona residencial y es casi imposible encontrar sitio. Lo más cómodo es meter el coche directamente en los parkings subterráneos que hay en el muelle o junto al faro. Esta playa está escondida a unos seis kilómetros de Almuñécar y es una de las joyas de la Costa Tropical de Granada. Al estar metida en mitad de un paraje natural protegido entre acantilados y pinos, el agua es tan transparente que parece un espejo. Mide unos 380 metros, no tiene arena fina sino piedrecitas oscuras mezcladas con grava y es muy común ver gente practicando nudismo aquí. Como esta parte de Granada tiene un clima muy suave, el agua está buena en verano y no se enfría tanto en invierno, así que hay gente que se baña durante todo el año. Para que la playa no se estropee, en verano prohíben bajar con el coche hasta la arena. Tienes que dejar el coche arriba en un parking de tierra que hay junto a la carretera general (que es gratis) y coger un minibús lanzadera que cuesta unos 3 euros y te baja por el acantilado. Pero si vas en julio o agosto, te recomendamos que intentes llegar antes de las nueve y media de la mañana, porque el parking se llena enseguida y si te quedas sin sitio te tocará dar la vuelta y volverte al pueblo. Seguramente se trate de la playa con más gracia y más solera de Cádiz. Está metida en una pequeña bahía en pleno casco antiguo, justo al lado del Barrio de la Viña. Lo mejor que tiene es que está resguardada por dos castillos de piedra (el de San Sebastián y el de Santa Catalina), que hacen de pantalla contra el viento. Los días que sopla fuerte el levante y se te vuela la sombrilla en cualquier otra playa de Cádiz, en La Caleta se está mucho mejor. Es una playa pequeñita y muy familiar, de unos 450 metros de largo, y en verano se pone hasta arriba de gente. La arena es suave y dorada, y cuando baja la marea se ven todas las rocas del fondo, que forman charcos grandes donde la gente suele buscar cangrejos. El edificio blanco tan grande que está metido en mitad de la arena es el antiguo balneario de Nuestra Señora de la Palma, que hoy en día lo usan como oficinas para estudiar la arqueología marina. Lo bueno de esta playa es que cruzas la calle y estás en mitad del barrio de La Viña, listo para tomarte algo en sitios de toda la vida como Casa Manteca o tapear en la barra de El Faro. Para el coche, ni lo intentes por la zona; déjalo en los parkings de San Antonio o de Valcárcel y ve andando.



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