Están en curso parlamentario varios proyectos de ley que van a reformar los llamados delitos de odio, pero brillan por su ausencia las noticias y comentarios que lo explican. No se habla de ello ni siquiera en las revistas más especializadas. Esta falta de transparencia se debe a que tales reformas se han introducido en diferentes propuestas legislativas –en lugar de realizarse en un único proyecto como sería lo lógico–, mediante apartados accesorios y complementarios, como si fueran cuestiones incorporadas por razones meramente técnicas, cuando en realidad van a suponer modificaciones legales de gran calado. Vayamos, pues, por partes. El pasado 25 de junio el Congreso de los Diputados aprobó por mayoría absoluta penalizar las denominadas terapias de conversión sexual...
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