Cuando pensamos en los castillos de la Edad Media, a todos nos suele venir a la cabeza una fortaleza enorme plantada en lo alto de una montaña o de un desfiladero para vigilar quién viene desde kilómetros de distancia. Era la lógica de la época. Sin embargo, en la provincia de Sevilla hay un castillo que rompe por completo las reglas de la arquitectura militar de su tiempo. Hablamos del Castillo de las Aguzaderas , situado en el municipio de El Coronil, una fortaleza que tiene la gran peculiaridad de estar construida abajo del todo, en una hondonada de la campiña rodeada de cerros. Cualquier estratega militar de la época habría dicho que levantar un fuerte en una vaguada era una auténtica locura porque los enemigos podían atacarte fácilmente desde las alturas. Pero los constructores de este edificio tenían un motivo de peso para elegir ese punto exacto, y no era controlar el territorio, sino proteger el agua . El Castillo de las Aguzaderas se encuentra a unos tres kilómetros del casco urbano de El Coronil, justo en una zona que durante siglos fue un auténtico polvorín: la Banda Morisca . Este territorio era la frontera real entre el Reino cristiano de Sevilla y el Reino nazarí de Granada. En un ambiente de guerra casi constante, tener garantizado el suministro de agua era vital para la supervivencia de las tropas, los cultivos y el ganado. Por eso, en lugar de subir a una colina, el castillo se edificó directamente sobre la roca madre aprovechando un punto donde brotaba un manantial . Así, la fortaleza servía de búnker para que nadie pudiera cortar el agua ni adueñarse de la fuente. Para controlar los movimientos de los enemigos por la comarca, los soldados no usaban el castillo, sino una red de torres vigía que se repartían por los cerros de los alrededores, como las de Cote, el Bollo, Lopera o del Águila. Todas juntas formaban un anillo defensivo muy inteligente conectado con Sevilla. El origen del nombre del castillo tiene una explicación de lo más curiosa. Cuenta la tradición que la palabra «Aguzaderas» viene precisamente por la roca sobre la que se asienta la fortaleza. Y es que al estar el manantial allí mismo, los jabalíes de la zona acudían en manada a beber, a hozar en el barro y, de paso, aprovechaban las rocas afiladas del suelo para rascarse y afilar (es decir, aguzar) sus colmillos. Aunque algunas fuentes apuntan a que los primeros en aprovechar este rincón fueron los musulmanes de época bereber, la fortaleza actual se levantó a mediados del siglo XIV por orden de los cristianos, concretamente cuando los terrenos pertenecían al Cabildo de la Catedral de Sevilla. Se construyó con un diseño pensado exclusivamente como un cuartel austero para las tropas, dejando a un lado los lujos de los palacios de la época. A pesar de esa sencillez, el castillo esconde innovaciones arquitectónicas sorprendentes. Tiene una planta cuadrada con cuatro torres en las esquinas y un patio de armas rodeado por un pasillo en la muralla para los guardias. Lo más espectacular es su imponente torre del homenaje , que con sus muros de más de dos metros de espesor y una escalera estrechísima era prácticamente imposible de conquistar. En su interior vas a encontrar dos habitaciones con cúpulas en forma de media naranja (bóvedas vaídas), una técnica que no se empezó a usar de forma habitual en el resto de España hasta dos siglos después. En el techo de la cúpula de abajo hay un ojo redondo de piedra que comunicaba los dos pisos para pasarse provisiones o munición sin tener que bajar las escaleras. Como buen castillo medieval que se precie, el de las Aguzaderas viene acompañado de sus propias historias de misterio. Al no haber sido escenario de grandes batallas históricas documentadas, la imaginación popular se ha encargado de rellenar los huecos del tiempo. Si te acercas a la puerta de entrada, podrás leer en los paneles la famosa leyenda de «la sombra del guerrero» . Se dice que cuando llega la medianoche, se puede ver la silueta borrosa de un soldado haciendo la ronda en lo alto de la muralla, esperando eternamente el regreso de un amor que perdió hace siglos. Otra leyenda muy típica de la zona asegura que entre los muros hay un tesoro escondido desde tiempos de los moros. Según se cuenta, la persona que quiera dar con las monedas de oro tiene que sentarse en lo alto de la torre del homenaje un día de San Juan, justo a las doce en punto de la noche, y ser capaz de comerse una granada entera sin que se le caiga un solo grano al suelo. Más allá de los mitos, los cronistas locales también apuntan a otro dato que estremece bastante más. En el patio de armas está enterrada la única persona de la que se tiene constancia en el recinto. Se trata de María Rodríguez , una vecina que vivió allí durante las terribles fiebres de la peste del año 1800 y que, probablemente aislada por la enfermedad, terminó sus días entre los muros de piedra. Llegar al Castillo de las Aguzaderas es muy fácil. Si sales desde Sevilla en coche, la ruta más rápida consiste en coger la autovía A-376 en dirección a Utrera y después seguir por la carretera A-375 que va hacia Ronda. A la altura del kilómetro 52,8, a mano izquierda, verás aparecer la silueta del castillo abajo en el llano. El recinto se restauró a fondo en los años 60 y actualmente se encuentra en un estado de conservación magnífico. Además, la entrada es totalmente libre y gratuita , lo que te permite pasear por el patio de armas y subir a sus torres con total tranquilidad. Desde ABC te recomendamos que te tomes la visita sin prisas y aproveches el viaje para conocer el pueblo de El Coronil . El municipio tiene otro castillo, el Castillo de la Villa, metido de lleno en el casco urbano, que a lo largo de los años ha servido desde cuartel de la Guardia Civil hasta plaza de abastos. Paseando por sus calles también vas a cruzarte con casas palacio del siglo XVIII muy bonitas, como el Ayuntamiento o la Casa de la Cultura, y las vistas de la campiña desde la Ermita del Calvario merecen mucho la pena. Y no te puedes ir sin probar la gastronomía de la sierra sur sevillana. Los bares del pueblo son famosos por sus embutidos, sobre todo la morcilla, el chorizo y la caña de lomo. Y si tienes la oportunidad de ir en el mes de junio, te recomendamos que no te pierdas la «Noche Flamenca Las Aguzaderas» , un festival donde el patio de armas del castillo se transforma por unas horas en un auditorio al aire libre iluminado por la luz de la luna.