Crítica de "Posesión infernal: en llamas": lazos de sangre ★★
Dirección: Sébastien Vanicek. Guion: Sébastien Vanicek, Florent Bernard. Intérpretes: Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan. EEUU, 2026. Duración: 110 minutos. Terror.
Hubo un tiempo en que la saga de “Posesión infernal” no necesitaba cumplir con agendas sociales para existir. Cuando los demonios del Necronomicón saltan de sus páginas de carne y sangre para representar los daños colaterales de un caso de violencia de género en el seno de una familia no muy bien avenida, es que la saga muestra signos evidentes de agotamiento. Si Lee Cronin conservaba rastros de la inequívoca identidad del original en su desbordante, sadiquísima “Posesión infernal: el despertar”, el francés Sébastien Vanicek se olvida del talento que demostró en “Vermin: la plaga” para borrar incluso las subjetivas vertiginosas que explotó Sam Raimi en su día, y facturar el episodio más repetitivo y cansino de esta operación ‘reboot’.
Queda un enfermizo fetichismo por los objetos más variopintos -una dentadura postiza, el reposacabezas de un coche, una pluma estilográfica- como armas terroríficas, y la sensación de que, encarcelada en un solo escenario, la película solo sabe expresarse inmersa en los tonos grisáceos e invernales de una pesadilla que se muerde la cola, sin aprovechar las posibilidades expresivas del espacio fílmico ni las pobres ocurrencias de un guion de todo a cien.
Lo mejor:
La prometedora escena inicial y la agobiante secuencia del coche.
Lo peor:
Pretende seguir la estela del gore extremo de Lee Cronin pero sin su talento para crear imágenes imborrables.
