Las claves de la semana del 27 al 31 de julio de 2026 para invertir en bolsa
Los mercados han ignorado en gran medida el conflicto actual, la fluctuación del precio del petróleo y la evolución de los tipos de interés. Pues bien, eso ya no es así. Por primera vez en muchos meses, los tres factores vuelven a competir simultáneamente por captar la atención de los inversores. Estamos, sin lugar a dudas, ante el mayor punto de inflexión para las bolsas desde el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022. Si los mercados consiguen superar con éxito este examen —marcado por la geopolítica, la inflación, los bancos centrales y una exigente temporada de resultados— será difícil encontrar un catalizador capaz de alterar la tendencia alcista en el medio plazo.
En cualquier caso la jornada de hoy ha comenzado con optimismo después de que Estados Unidos e Irán hayan reducido temporalmente las hostilidades, alimentando la esperanza de un posible alto el fuego. La noticia ha provocado una fuerte caída del petróleo, un descenso de las rentabilidades de los bonos y un renovado apetito por el riesgo en las bolsas. El mercado vuelve a demostrar que cotiza expectativas, no titulares. Han bastado dos días sin ataques entre Estados Unidos e Irán para borrar una parte importante de la prima geopolítica acumulada durante julio.
En Asia, el debut bursátil del fabricante chino de chips CXMT, cuyas acciones llegaron a dispararse más de un 500% en su primera sesión, ha vuelto a poner de manifiesto el enorme apetito de los inversores por todo lo relacionado con la inteligencia artificial y la creciente capacidad de China para competir en un sector hasta ahora dominado por empresas estadounidenses, lo cual demuestra que la carrera de la inteligencia artificial ya no se limita a Silicon Valley. Mientras el mercado centra toda su atención en Microsoft, Meta, Apple y Amazon, China empieza a construir sus propios campeones tecnológicos. La pregunta ya no es si podrá competir con Estados Unidos, sino cuánto tardará en hacerlo y cómo afectará esa competencia a las valoraciones de un sector que hasta ahora había estado dominado por muy pocos actores.
Más allá de la situación de las últimas horas, la principal preocupación es que las tensiones geopolíticas y los nuevos aranceles vuelven a trasladarse a la economía real. Desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, el gas natural europeo se ha disparado cerca de un 100%, el gasóleo acumula un avance del 40%, la gasolina del 38% y el petróleo alrededor del 35%. Al mismo tiempo, materias primas básicas para el consumo diario como el arroz (+35%), el algodón (+22%), el aceite de palma (+17%) o el trigo (+15%) también registran fuertes subidas, aumentando el riesgo de que la inflación vuelva a extenderse mucho más allá del mercado energético.
Este cambio de escenario llega en un momento especialmente delicado para los bancos centrales. Tras un mes de moderación de la inflación, un nuevo encarecimiento de la energía, el transporte y los alimentos podría obligar a mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo, presionando al alza los rendimientos de la deuda y elevando el coste de financiación para empresas, familias y gobiernos.
Mientras tanto, el conflicto en Oriente Medio continúa añadiendo incertidumbre sobre el mercado energético. Los hutíes han intensificado sus ataques en el mar Rojo y han amenazado con bloquear los puertos saudíes, poniendo en riesgo una de las principales rutas alternativas que Arabia Saudí utiliza para exportar millones de barriles de petróleo al día. Cualquier interrupción prolongada en estas rutas reduciría aún más la oferta disponible y podría impulsar un nuevo repunte del precio del crudo.
En este contexto, el Ibex 35 afronta una semana clave tras terminar en los últimos días con un rendimiento mucho más positivo que sus homólogos debido al buen comportamiento de los sectores más tradicionales. Bancos, petroleras, acereras y compañías de defensa continúan beneficiándose del actual entorno económico, aunque la evolución del petróleo, la decisión de la Reserva Federal y una de las temporadas de resultados más importantes de los últimos años serán determinantes para comprobar si el mercado mantiene su optimismo o comienza, por fin, a dar mayor importancia a los riesgos que hasta ahora había conseguido dejar en un segundo plano.
La Reserva Federal afronta su primera gran prueba
En nuestra opinión, la Reserva Federal optará por mantener los tipos sin cambios. Los últimos datos de inflación sorprendieron positivamente, mientras que algunos indicadores del mercado laboral, especialmente los relacionados con el sector inmobiliario, empiezan a mostrar ciertos signos de desaceleración. Aunque el repunte del petróleo aumenta el riesgo de un nuevo episodio inflacionista, creemos que la Fed preferirá esperar a comprobar si ese shock energético termina trasladándose realmente a la inflación subyacente antes de volver a endurecer su política monetaria.
Sin embargo, esta decisión no estará exenta de riesgos. Kevin Warsh lleva semanas manteniendo un discurso especialmente duro contra la inflación y ahora tendrá que convencer al mercado de que mantener los tipos responde a los datos y no a una pérdida de determinación. En nuestra opinión, si la Reserva Federal no actúa ahora, será difícil que encuentre un momento más propicio para hacerlo más adelante. A medida que se acerquen las elecciones de mitad de mandato, cualquier movimiento podría interpretarse en clave política, algo que el banco central siempre ha tratado de evitar. Además, en un contexto de elevado endeudamiento público y de importantes refinanciaciones de deuda previstas para los próximos meses, un endurecimiento monetario adicional tendría un impacto cada vez mayor sobre el coste de financiación de la economía.
Por ello, creemos que la reunión del miércoles será clave. Si no sube tipos como nosotros creemos el mercado empezará a recriminarle su falta de predisposición a luchar contra la inflación, lo cual impulsaría los bonos de largo plazo y el oro, mientras el dólar se devaluaría.
Por el contrario, una subida de tipos sorprendería al consenso y obligaría a replantear el escenario para los próximos meses, reajustando el riesgo de las carteras. Más allá del movimiento de julio, el mercado empezaría a descontar que la Reserva Federal está dispuesta a actuar de nuevo si el conflicto en Oriente Medio mantiene el petróleo en niveles elevados o si la inflación vuelve a repuntar. Ese cambio de expectativas tendría un impacto directo sobre la renta fija, las valoraciones bursátiles y el coste del capital.
La inteligencia artificial deja de premiar el gasto y empieza a exigir rentabilidad
Esta semana marcará el punto álgido de la temporada de resultados, con 177 compañías del S&P 500 presentando sus cuentas, entre ellas Microsoft, Meta, Amazon y Apple. Hasta el momento, los resultados están sorprendiendo muy positivamente. El crecimiento agregado de los beneficios del índice alcanza el 37,9%, la mayor tasa desde el tercer trimestre de 2021, mientras que los márgenes netos se sitúan en máximos históricos y la gran mayoría de las compañías continúa superando las previsiones del consenso. Este comportamiento confirma que, por el momento, los elevados niveles de valoración siguen estando respaldados por un sólido crecimiento empresarial.
Sin embargo, también conviene analizar qué hay detrás de estas cifras. Alphabet ha sido la gran protagonista de la temporada al explicar por sí sola el 92% de la mejora del crecimiento esperado de los beneficios del S&P 500, aunque una parte muy relevante de ese incremento procede de ganancias extraordinarias derivadas de la revalorización de inversiones como SpaceX o Anthropic y no exclusivamente del negocio operativo. Sin esa contribución, el crecimiento esperado de los beneficios del índice seguiría siendo muy sólido, situándose en el 25,9%, lo que demuestra que el ciclo de beneficios continúa siendo favorable, aunque menos espectacular de lo que reflejan los titulares.
Por ello, los próximos resultados de Microsoft, Meta, Amazon y Apple serán especialmente relevantes. Tras varios años premiando prácticamente cualquier incremento del gasto en inteligencia artificial, los inversores comienzan a exigir pruebas de que las inversiones récord en centros de datos, chips e infraestructura empiezan a traducirse en mayores ingresos, beneficios, generación de caja y rentabilidad. La inteligencia artificial sigue siendo el principal motor del mercado, pero la siguiente fase del ciclo ya no dependerá de quién invierta más, sino de quién sea capaz de demostrar un mayor retorno sobre esas inversiones.
El mercado puede estar infravalorando la mayor crisis de suministro de petróleo
El repunte del petróleo vuelve a convertirse en uno de los principales focos de atención para los inversores. Tras rozar los 100 dólares por barril, el mercado comienza a preguntarse si la prima de riesgo geopolítica está reflejando realmente el deterioro de la oferta mundial o si, por el contrario, sigue infravalorando el impacto que podría tener una prolongación del conflicto entre Estados Unidos, Irán y los hutíes. Tras desviar buena parte de sus exportaciones hacia el mar Rojo para esquivar las restricciones en el Golfo Pérsico, Arabia Saudí depende ahora de Bab el-Mandeb, un paso estratégico por el que actualmente transitan alrededor de 5,4 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos, según la EIA.
A diferencia de episodios anteriores, las tensiones llegan en un momento en el que los colchones de seguridad son mucho más reducidos. Las reservas mundiales de crudo se han ido agotando durante los últimos meses y las interrupciones del suministro ya no afectan únicamente a Irán. Las sanciones a Rusia, la menor capacidad exportadora de China, las limitaciones en el refino y las amenazas sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb han reducido significativamente el margen de maniobra del mercado.
Por el momento, el Brent continúa lejos de los niveles que históricamente han provocado una recesión global, pero el riesgo no debe medirse únicamente por el precio del barril. La fuerte ampliación de los spreads en la curva de futuros refleja que el mercado está dispuesto a pagar una prima cada vez mayor por disponer de petróleo de forma inmediata, una señal típica de un mercado con escasez física de oferta y no solo de un aumento de la incertidumbre.
En este contexto, el sector energético continúa actuando como uno de los principales beneficiados del entorno actual. Petroleras integradas y compañías ligadas al refino mantienen un escenario favorable gracias al encarecimiento del crudo y a unos márgenes que siguen en niveles elevados. No obstante, si el conflicto se prolonga y los precios continúan aumentando, también crecerá la presión política sobre la Administración Trump para contener el precio de los combustibles antes de las elecciones de mitad de mandato, un factor que podría incrementar la volatilidad del sector durante los próximos meses.
En tal escenario, las acciones energéticas estadounidenses se verían afectadas, pero habría ganadores entre las refinerías y los productores de energía fuera de Estados Unidos, como en Canadá, Brasil, Australia, el Reino Unido o Noruega.
Eventos de la semana
EE UU
La Reserva Federal anunciará su decisión sobre los tipos de interés el miércoles, que se espera que se mantengan entre el 3,50% y el 3,75%.
La atención se centrará en el comunicado adjunto en busca de pistas sobre si es probable que los tipos de interés suban un cuarto de punto en la siguiente reunión de septiembre, ya que los mercados ya están descontando esta posibilidad.
La reunión también se produce tras la publicación de datos recientes de precios al consumidor y al productor en Estados Unidos inferiores a lo previsto, así como cifras de empleo más débiles.
Los datos del PIB del segundo trimestre se publicarán el jueves, junto con las cifras de inflación del PCE (el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal) correspondientes a junio, y las cifras semanales de solicitudes de subsidio por desempleo.
Otros datos incluyen las cifras preliminares de bienes duraderos de junio, que se publicarán el lunes, y el índice de confianza del consumidor de julio del Conference Board, que se publicará el martes.
Eurozona
Los primeros datos estimados del producto interior bruto de la eurozona para el segundo trimestre, que se publicarán el jueves, y los datos preliminares de inflación para julio, que se darán a conocer el viernes, ofrecerán a los inversores información valiosa.
Estos datos se publican después de que el Banco Central Europeo mantuviera los tipos de interés sin cambios en su última reunión, pero dejara abierta la posibilidad de una segunda subida de tipos en septiembre, tras el aumento del mes pasado.
El jueves se publicarán los primeros datos estimados del PIB del último trimestre de las cuatro mayores economías de la eurozona (Alemania, Francia, Italia y España), así como los de la eurozona en su conjunto. Ese mismo día, también se publicarán los datos preliminares de inflación de España y Alemania correspondientes a julio.
La Comisión Europea publicará el jueves las encuestas sobre la confianza de las empresas y los consumidores, y también se darán a conocer los datos de desempleo de la eurozona correspondientes a junio.
Reino Unido
La decisión de política monetaria del Banco de Inglaterra que se anunciará el jueves es el acontecimiento más importante del Reino Unido en la próxima semana.
Se prevé que el Banco de Inglaterra mantenga los tipos de interés sin cambios en el 3,75%, con la posibilidad de que siete miembros voten a favor, mientras que dos podrían votar a favor de un aumento.
Japón
Se espera que el Banco de Japón mantenga sin cambios su política monetaria en su reunión de dos días que finaliza el viernes, mientras los responsables de la política monetaria evalúan los efectos de su último aumento de tipos de interés, que elevó el tipo de referencia al 1%.
El banco central también tiene previsto publicar previsiones actualizadas sobre la inflación y el crecimiento económico. Seguimos esperando que la próxima subida de tipos se produzca en octubre.
La clave estará en determinar si el Banco de Japón (BOJ) indica su intención de ajustar el ritmo de la normalización de su política monetaria en respuesta a los cambios en sus perspectivas económicas y de inflación.
