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Rafa Nadal, sobre su tío Toni: «Siempre ha sido una persona muy exigente porque me veía capaz de poder tolerarlo, pero alguna vez cruzó la línea»

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Abc.es 
Rafa Nadal ha sido uno de los mejores deportistas de la historia. Su talento era casi inabarcable, pero seguramente esta no haya sido su mayor virtud ni lo que le haya impulsado al olimpo del tenis mundial. Todos recordarán siempre de él su resistencia, su mentalidad inquebrantable y esa capacidad sobrehumana para resurgir siempre una vez más. Una fortaleza seguramente nunca antes vista que no solo era física, sino también mental. Un cuerpo capaz de soportarlo todo que viajaba de la mano de una cabeza privilegiada, capaz de tener una madurez insultante desde que era un niño, pero también de ser férrea e impenetrable para ser el mejor soldado. De todo ello se dio cuenta muy pronto su tío Toni Nadal. Su entrenador desde niño vio en el pequeño Rafa un saco de boxeo al que 'dar' todos los golpes inimaginables porque era capaz de encajarlos todos y devolverlos con el doble de fuerza hacia sus rivales. Desde muy adolescente, Rafa se acostumbró a soportarlo todo, pero con la rigidez de quien asume como normal este camino hacia el éxito. El método de Toni, que queda muy bien reflejado en el reciente documental que Rafa ha estrenado sobre su vida, siempre ha tenido defensores y detractores a partes iguales. Sin embargo, ningún análisis se puede hacer sin tener dos premisas claras. La primera es que el éxito es incuestionable. Y la segunda es que esta técnica solo es aplicable a Rafael, una mentalidad única, al menos en el deporte. Sin embargo, esto no quiere decir que de tanto estirar la cuerda esta no pudiera llegar a romperse. Si no del todo, al menos sí que tenga algunas fisuras. Y la cuerda entre Toni y Rafa no siempre estuvo igual de fuerte, ya que hubo momentos de tirantez fruto de esa exigencia máxima. Así lo explicaba el propio Nadal en una entrevista con el 'diario AS': «Toni ha sido una persona muy exigente, pero yo siempre he pensado que lo ha sido porque me veía capaz de poder tolerar esa exigencia». A pesar de las críticas que ha recibido su método, incluidas las de la madre del campeón balear, Rafa nunca dudó de que el fondo de Toni era bueno. E incluso que ambos hablaban el mismo lenguaje sin dirigirse la palabra. Solo con sus miradas se hacían entender el uno al otro su objetivo. El jugador, jugar al tenis y ganar. Y el entrenador, que le dejaran aplicar su estilo. Y por eso, desde muy niño Toni puso en práctica un modelo que a cualquier otro hubiera destrozado, pero que convirtió a Nadal en leyenda y en el deportista más admirado del planeta. «Si no me hubiera visto lo suficientemente capacitado para resistir esa presión a la que me obligaba no lo hubiera hecho. Es mi punto de vista». A pesar de todo lo que se ha comentado desde el estreno del documental, Rafa nunca ha dudado. Pero ni ahora ni cuando tenía 13 años y ya sufría esa exigencia. «Siempre lo hizo en mi beneficio». Tampoco cuando se superaban los límites, algo que el propio Nadal no esconde, sino que explica con la mayor naturalidad como parte de quien busca un proceso único para llegar más lejos que nadie. «Evidentemente, cuando llevas a alguien al límite, cruzas la línea. Y alguna vez se cruzó la línea. Pero nunca entendí que fuera por algo que no fuera por mi bien. Siempre lo respeté de esa manera y le agradezco lo que ha hecho por mí, siempre lo haré». Rafa se convirtió en el mejor jugador de la historia, o en uno de los mejores, pero el campeón de 14 Roland Garros también hizo a su tío el mejor entrenador del mundo, el único capaz de hacer realidad su método porque con cualquier otro hubiera fracasado al romperse esa famosa cuerda. La exigencia infinita de Nadal ha estado presente en su carrera deportiva, pero no solo desde el punto de vista del entrenamiento, sino también por todo lo que tuvo que sufrir por culpa de su maltrecho cuerpo. No obstante, a Rafa nunca le dolió en exceso pagar todos los peajes posibles. «Nunca me he arrepentido de exigirme al máximo e incluso del episodio de los medicamentos porque era esto o dejar de hacer lo que me gustaba. Entonces, me iba controlando». De no haber sido por esta capacidad para aguantarlo todo y por ese espíritu de superación, Nadal tendría que haber colgado la raqueta hace muchos más años, probablemente con un palmarés infinitamente inferior. Por ello, estuvo dispuesto a asumir muchos riesgos como la delgada línea que le separaba de la adicción a los medicamentos para poder seguir rindiendo al máximo. «Tomé muchos más antiinflamatorios de los que me hubiera gustado, pero es que sino no hubiera jugado a tenis desde hace muchísimos años. Fui gestionando eso aunque a veces con Rafa Maymó tuviéramos desencuentros en esa faceta. Por eso llegó un momento donde tomé la decisión de decidir yo, que si yo tenía los antiinflamatorios, me los tomaba cuando yo consideraba que me los tenía que tomar». «Al final, a veces terminaba por no tomármelos porque él no estaba de acuerdo, y eso me suponía un problema al día siguiente. Estaba dentro de un balance difícil de gestionar, pero me hacía mis gastroscopias cada pocos meses para ver que las perforaciones estaban dentro de los límites aceptables o que las analíticas estuvieran bien».



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